Una diatriba contra el pintor Ángel Loochkartt desde las 2 orillas

Una diatriba contra el pintor Ángel Loochkartt desde las 2 orillas

En el Museo de Arte Moderno de Bogotá actualmente se está presentado una  retrospectiva del gran maestro barranquillero Ángel Loochkartt, muestra que estuvo sometida a los vaivenes caprichosos y descalificadores de la nueva directora, hasta que la presión de la opinión pública la obligo a presentarla. Ante la exposición, llena de vida y de color, Ana María Escallón se va lanza en ristre cual Ordoñez en funciones, reivindicando un arte sin los tintes eróticos del Carnaval de Barranquilla. Reproducimos la nota de  Octavio Mendoza para que nuestros lectores aprecien cómo la visión moralista del mundo y del arte quiere, aunque ya no lo puede, impedir la emancipación de las mentes y prohijar que arte solo sea lo que dicta el Museo de Arte Moderno de Nueva York.

La distancia que media entre la visión artística normal de los espectadores del arte y el análisis de una persona en su papel de perito del arte bien puede desenmascarar intenciones que ponen en duda el papel de esos intermediarios de opinión. Es lo que sucede con el pequeño artículo de Ana María Escallón acerca de la exposición de Ángel  Loochkartt  en el Museo de Arte Moderno, MAMBO.

Comienza revolviendo “macarrones y queso” para despotricar un hecho cultural que ya por su copiosa asistencia , más de novecientas cincuenta  personas en la noche de su inauguración el pasado veinticinco de agosto, demostraba el gran ascendiente de  Loochkartt entre el público colombiano. Al comenzar la señora Escallón calificando el Carnaval de Barranquilla  como “explosión de permisividad”, insultó a la ciudad que lo creó, y se puso en contra de un evento hecho para la gente y por la gente de la ciudad como un encuentro  de la emoción. No le compete a la señora Escallón, ni a nadie, con sus opiniones, intentar cambiar la intensidad  propia del color, la exaltación y la gracia que acompañan ese evento multicultural, junto con la libertad dionisíaca propia de todo carnaval.

 A la  señora Escallón  le parece “impresionante” que Loochkartt , retome las anteriores características como fuente de inspiración, y que lo haga a sus ochenta y tres años. Agrega que no le parece “interesante” que el pintor interprete lo que ella llama “algarabía vulgar donde prima la muchedumbre desenfrenada”, junto con su sexualidad y erotismo. Señora Escallón: ni a usted, ni a nadie, le corresponde convertirse en carcelera del concepto pictórico que Ángel Loochkartt encarna como hijo de Barranquilla, y como pintor  formado en Europa dentro  del expresionismo y la transvanguardia italiana. Tampoco corresponde a nadie determinar cómo,  y con qué   nivel de pasión y entrega se deben manifestar  los  ciudadanos asistentes al evento de masas del carnaval icónico de la ciudad, no solo el más importante de Colombia, sino el segundo más grande del planeta, tras el de Río de Janeiro.

El gran artista Ángel Loochkartt, distinguido por la Universidad Nacional como catedrático   emérito, es, entre otros propósitos, el mayor intérprete de la plasticidad multifacética del Carnaval de Barranquilla a través de su pintura, pero su gran obra figurativa le parece a Ana María Escallón “aguda y perversa”, “carne en movimiento”, y, según ella, sólo incluye “manchas de color alegres donde se siente el vértigo de una  multitud desenfrenada”. Se deduce de esto que los  carnavales, según ella, deben ser “ juiciosos” y ordenados, y que ella tampoco puede soportar el expresionismo desenfrenado de Kirchner, ni las brujerías de Goya, ni las pinceladas “perversas” de Kokoschka y Bacon; tampoco  los desfile  burlescos de Otto Dix  ni las mascaradas diabólicas de Ensor.

Está claro que, al contrario de lo que se deduce del artículo de la señora Escallón, Colombia es emoción, desparpajo, improvisación, danza terrígena y selvática, eco marino, trascendencia del color desenfrenado  y vital.

Si a la señora Escallón le molestan “las insinuaciones de los viejos tiempos de la esclavitud”, y “las insinuaciones perversas de mentes eróticas” que aparecen en la pintura de Loochkartt, es lógico que le parezca “basura” su pintura expresionista y la ruptura con la teoría del color propia de esta y del Carnaval de Barranquilla. Solo así se comprende que esté de acuerdo con la nueva directora del Museo de Arte Moderno, quien confirmó que allí no puede entrar una pintura que considera sin vigencia, como la de Loochkartt, según la Escallón, aunque las más de novecientos cincuenta personas que asistieron a la inauguración nocturna de su exposición en el museo de Arte Moderno de Bogotá  iban en búsqueda de su pincelada poderosa, personal,  intuitiva. Como lo sabe el crítico mundial Achille Bonito Oliva,  Ángel Loochkartt ya entró en la historia del arte americano como intérprete de  la vida y de un momento crucial de la pintura del siglo veinte, más allá de las opiniones de museísticos funcionarios temporales que solo aceptan como algo inclusivo la postmodernidad norteamericana. Nadie niega las potencialidades de este movimiento cultural, pero su prevalencia en el mundo no puede llegar a tener la preeminencia de un absoluto excluyente.

Octavio Mendoza 

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