Miércoles, junio 28, 2017

“Ya no es ciencia ficción encontrar vida en otro planeta”

“Ya no es ciencia ficción encontrar vida en otro planeta”

Emmanuel Jehin, ‘número dos’ del equipo de la universidad belga que ha realizado el descubrimiento de los nuevos exoplanetas, relata cómo ocurrió el hallazgo

Por: Álvaro Sánchez

El País (España), 25 de febrero de 2017

emmanuel_jehin

Emmanuel Jehin llega a la Universidad de Lieja con el verbo suelto y la mirada cansada pero brillante. “Ya no es ciencia ficción encontrar vida en otro planeta”, dice convencido. Acaba de bajar de un avión procedente de Washington, donde el equipo que colidera ha presentado el descubrimiento de un nuevo sistema solar con siete planetas que giran en torno a la estrella Trappist-1. Rodeado de sus compañeros en uno de los despachos, decorado con fotos del telescopio e imágenes de los exoplanetas, las cifras salen a borbotones de sus labios. “Tres millones de personas siguieron la retransmisión en Facebook”, afirma con un deje de incredulidad.

Los números abruman a un astrofísico belga especializado en cometas y asteroides que acostumbra a levantarse en mitad de la noche para comprobar si todo va bien en el Trappist, el telescopio que diseñó, situado en pleno desierto chileno de Atacama, en el Observatorio La Silla, uno de los más aptos para la observación por las escasas lluvias y los más de 2.000 metros a los que se sitúa. “Sabíamos que teníamos algo extraordinario entre manos. Encontrar planetas con potencial de albergar agua y vida es enorme”.

Hasta llegar a ese instante ha habido un largo camino. Todo empezó hace siete años con la instalación del Trappist en Chile. Un aparato cuyo coste, unos 300.000 euros, palidece ante otros de más de mil millones, propiedad de la NASA. La paradoja está ahí. “Hemos conseguido esto gracias a que tenemos pocos recursos. Solo pudimos pagar un pequeño telescopio, por eso decidimos buscar pequeñas estrellas que nadie seguía, las enanas rojas. Los telescopios de la NASA se centran sobre todo en estrellas que se parecen más al sol porque es más probable encontrar una Tierra como la nuestra”, sostiene el investigador belga.

Las diferencias de Trappist-1 con el astro rey son claras: es diez veces más pequeña y la temperatura en su superficie es de 2.300 grados frente a los 5.600 del sol. En mayo del año pasado, el equipo de Jehin, formado por unas 15 personas, anunció el descubrimiento de tres exoplanetas situados a una distancia ni muy lejos ni muy cerca de la estrella, la adecuada para tener agua en su superficie. Para detectarlos utilizaron una técnica conocida como tránsitos planetarios: permite estudiar cómo la luz que emite la estrella se debilita cada vez que pasa delante de ella uno de los planetas.

trappist_1_system

Aquel hallazgo fue solo el comienzo. “Nos dimos cuenta de que había más de tres planetas, pero no éramos capaces de saber cuántos”. La necesidad de mayor precisión requirió la colaboración de la NASA. Los investigadores pidieron al organismo aeroespacial estadounidense utilizar el telescopio infrarrojo Spitzer, mejor adaptado y con la ventaja de que al estar en el espacio no obliga a esperar hasta la noche para observar la estrella Trappist-1. Durante 20 días del pasado octubre, el aparato recogió datos y en noviembre ya estaban en poder de los investigadores, que prepararon el estudio publicado hace unos días en la revista Nature. “Haciendo cálculos y enlazando casi mil horas de observación, pudimos concluir que hay siete planetas. Hemos visto debilitarse la luz de la estrella 34 veces. Los seis primeros planetas los hemos visto pasar varias veces, al último solo una vez”, explica Jehin.

Los próximos pasos llevarán tiempo. Antes de una década esperan determinar si los planetas disponen de atmósfera, condición casi esencial para la vida. La colaboración con la NASA continuará con la creación de un equipo conjunto y el uso del telescopio espacial James Webb, que se lanza el próximo año y podrá buscar agua, metano, ozono y oxígeno, gases que indicarían la presencia de una atmósfera similar a la de la Tierra. Pese a la cooperación con la NASA, la paternidad del proyecto, financiado en gran parte por ayudas del Gobierno belga y la UE, es indiscutible para Jehin. “A veces los periódicos titulan ‘Descubrimiento de la NASA’. No es un descubrimiento de la NASA. Es un hallazgo de nuestro equipo internacional dirigido por la Universidad de Lieja, con ayuda de un telescopio de la NASA”.

Exoplaneta_habitable

Las incertidumbres que sobrevuelan el hallazgo son todavía amplias. “Es la primera vez que descubrimos un sistema con tantos planetas del tamaño de la Tierra, pero es probable que no sean exactamente gemelos, porque la estrella Trappist-1 es muy diferente de nuestro sol”, estima Jehin. Pero la gran pregunta por resolver es si hay vida en alguno de los tres planetas situados en la llamada zona habitable. “Es muy difícil hablar de probabilidades, pero estrellas frías como esta representan el 15% de todas las que hay en nuestra galaxia. Solo hemos vigilado 30 y ya hemos encontrado un sistema. ¡Y hay millones! Estoy convencido de que hay planetas con atmósfera y agua líquida y que la vida debe haber aparecido en esos planetas”, augura.

Ajeno al jet lag y a la cargada agenda de su semana en Washington, Emmanuel Jehin mantiene la vehemencia hasta el último momento y al acabar pone rumbo a un plató de la televisión belga, donde seguirá explicando los pormenores del descubrimiento —”suelo dormir cuatro horas al día”, presume más que lamenta—. Desde que tuviera su primer telescopio a los 13 años, cuando solo era un adolescente fascinado por el paso del cometa Halley, el espacio es el lugar hacia el que enfoca su vida.

En el despacho, un miembro del equipo muestra la imagen que está recogiendo en tiempo real el telescopio y cambia el plano para enseñar, en directo, el estado del aparato en el desierto. Alguien ofrece en voz alta una cerveza Trappist y otra persona la acepta. El nombre del telescopio y de la estrella ahora popularizada responde al acrónimo en inglés de Telescopio Pequeño para Planetas en Tránsito y Planetesimales (Trappist), pero detrás de su denominación late el guiño a los monjes que elaboran la cerveza, uno de los grandes orgullos nacionales de los belgas. Una categoría, la de símbolo patrio, en la que los políticos locales quieren incluir ahora al equipo de investigadores de la Universidad de Lieja.

 

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