Lunes, diciembre 11, 2017

Alberto Quijano, el eterno astrónomo

Alberto Quijano, el eterno astrónomo

Revista Semana, 2 de octubre de 2017

Quijano también es profesor. Busca que sus estudiantes vean el cielo con otros ojos y se maravillen con el fenómeno más importante del universo: la vida.

El 20 de julio de 1969, cuando Neil Armstrong y Buzz Aldrin llegaron a la luna, el joven Alberto Quijano siguió por más de diez horas la transmisión radial del acontecimiento desde las afueras de Pasto, en una finca del Guaco y en medio de un fuerte calor. Quijano tenía 14 años, y el asombro que sintió por los astronautas y su tarea marcó el inicio de su profunda devoción por el firmamento.

Casi medio siglo después, Quijano es una de las figuras más célebres de Pasto. No es para menos: ha participado en proyectos de la Nasa y ha recibido condecoraciones del Senado de la República y la Gobernación de Nariño por sus trabajos de investigación en física y astronomía. Incluso el Carnaval de Negros y Blancos le dedicó una carroza en su edición de 2013, y su reconocimiento se extiende a las calles. Pero más allá de las distinciones, Quijano se siente comprometido con el desarrollo científico de la región, y quiere que más jóvenes tengan la oportunidad de hacer ciencia en un país que insiste en recortar los fondos destinados a este campo.

Querer aprender

Para Quijano, la experimentación es la forma más valiosa del conocimiento. Lo más importante de ese proceso, asegura, es la parte propositiva: haberlo pensado. Por eso la curiosidad y las ganas de aprender han definido los momentos más emotivos de su vida. Cuando tenía 15 años, prefirió no comprar los zapatos que necesitaba y usó el dinero para adquirir su primer microscopio, que traía un recipiente con huevos de camarones. Quijano los puso en agua de río y esperó. Al día siguiente, los organismos ya se estaban reproduciendo. “Para mí fue maravilloso ver por primera vez la vida ahí, flotando, suspendida de esa forma”, recuerda.

Los jóvenes como él no tenían muchas opciones al terminar el colegio porque la Universidad de Nariño era pequeña y ofrecía pocas carreras. Quijano decidió estudiar física y matemáticas, el mismo programa del que hoy es profesor. Más adelante, en la década de los noventa, cursó una maestría en Física pura en la Universidad de Puerto Rico, una institución que recuerda con cariño porque allá se metió de lleno en la astronomía, con una tesis sobre el cometa Hale-Bopp. También durante esos años se involucró con el mundo científico y académico, pero nunca dejó de creer que los estudios que entregan diplomas solo sirven si vienen acompañados de prácticas autodidactas, el tipo de compromiso con el aprendizaje que no tiene agenda ni evaluaciones.

Un observatorio astronómico en Pasto

Cuando terminó su maestría, Quijano se enfrentó a un dilema: continuar una carrera académica en el extranjero o regresar a Pasto. Pero una noche tuvo un sueño premonitorio en el que llegaba a la sede principal de la Universidad de Nariño y encontraba varios edificios nuevos y un campus que parecía seguir creciendo. Como sintió que su voluntad se estaba manifestando de esa forma, decidió regresar para ser profesor, aunque quería también un espacio para continuar trabajando en astronomía y sentía que este, además, le hacía falta a la universidad.

Para remediar esta carencia, Quijano fundó en 2002 el Observatorio Astronómico de la Universidad de Nariño con el apoyo del entonces rector Pedro Vicente Obando. Dotarlo no fue fácil, porque había que importar los equipos y resultaban muy costosos. Pero poco a poco, con la ayuda incondicional de la universidad y gracias a donaciones privadas, el observatorio se ha ido ampliando con más y mejores telescopios.

Después de participar en captar y analizar imágenes de apoyo para el proyecto Impacto Profundo, realizado por la Nasa en 2005, el observatorio se ha posicionado a nivel nacional. Este año aseguró los fondos para que en 2018 se inicie la construcción de un centro de ciencias en la loma del Centenario, una zona socialmente compleja de la ciudad. Los trabajos del observatorio no solo han aportado a la astronomía, sino que han servido para atraer la atención de la prensa, que suele ignorar lo que pasa fuera del centro del país.

Hoy, Quijano sigue dedicado a la investigación, dirige tesis de grado y dicta materias de física avanzada. Pero su clase más famosa tal vez sea el Club de Astronomía, una electiva abierta a los estudiantes de todas las carreras. Como sabe que ese no es el espacio indicado para enseñar una astronomía centrada en la física porque muchos no entenderían nada, prefiere abordar la clase a partir de la filosofía. Y su objetivo es ambicioso: quiere que los jóvenes comiencen a ver el cielo con otros ojos, y que se maravillen todos los días con el fenómeno más importante del universo: la vida.

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