jueves, abril 19, 2018

Científicos al borde de la quiebra

Científicos al borde de la quiebra

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El Espectador, Bogotá, mayo 21 de 2016
Por: Lisbeth Fog

El Centro de Investigaciones Biológicas de Medellín, donde se han formado decenas de los mejores investigadores de Colombia, tendrá que decidir el 24 de mayo qué hacer para evitar la crisis financiera.

Aunque el nombre no es muy elocuente —Corporación para Investigaciones Biológicas—, la CIB es un centro de ciencia paisa que lleva alrededor de 40 años investigando sobre temas de salud, biodiversidad y ciencias agrícolas con las más modernas tecnologías de la vida.

La dedicación de sus científicos —y los resultados de sus investigaciones— le han permitido sobrellevar épocas difíciles y continuar en sus laboratorios buscando respuestas a preguntas que afectan la salud y el bolsillo de los colombianos. Descubren secretos de enfermedades como la tuberculosis o aquellas producidas por hongos, proponen nuevos y más rápidos mecanismos para detectarlas o combatirlas, trabajan para lograr una papa resistente a la polilla guatemalteca, o participan con otras entidades en ensayos para producir cultivos de aguacate libres de virus. Esos son solo unos ejemplos de los productos que ha desarrollado la CIB como resultado de sus estudios y lo que ha permitido que entre el 2003 y el 2013 haya sido considerada uno de los centros líderes en producción científica del país.

Esta medición, realizada por Scimago Research Group, institución dedicada a medir la actividad científica a nivel mundial, responde al número de publicaciones en revistas científicas, la calidad de las mismas y las veces que los científicos del planeta citan los trabajos de la CIB. No es poca cosa.

La crisis

Pero la situación se ha complicado en los últimos tiempos y Colombia está a punto de perder la CIB, y con ella la posibilidad de formar investigadores del más alto nivel, diagnosticar y tratar personas afectadas por enfermedades infecciosas —principalmente campesinos— y continuar sus investigaciones en los seis grupos de investigación, cuatro de ellos clasificados por Colciencias como A1, la más alta calificación.

Es la tercera quiebra que enfrenta este centro de pensamiento y seguramente la tercera vez que sobreaguará por los salvavidas que le han permitido salir a flote. En 1994 el Sindicato Antioqueño los apoyó con préstamos. “El sector productivo jugó un papel muy importante para construir el edificio; no hay un solo ladrillo que no tenga el nombre de una empresa”, cuenta la doctora Ángela Restrepo, la “patrona”, como le dicen cariñosamente, “el alma de la CIB”, como la considera Juan McEwen, jefe de la Unidad de Biología Celular y Molecular de la institución. La doctora Ángela no para de agradecer a quienes en el pasado y en el presente la han apoyado, como las universidades socias (Antioquia, Nacional, Pontificia Bolivariana y la Institución Universitaria Colegio Mayor de Antioquia), la Fraternidad Medellín y la Fundación Sofía Pérez de Soto, y ahora Bancolombia, que dejará de cobrar intereses por un período de tiempo y con quien renegociaron la deuda actual. “Eso es una ayuda muy grande”, dice, certera, pero con gran nostalgia.

Las razones de la crítica situación financiera son muchas: el número de científicos ha aumentado considerablemente en el país, lo que hace que cuando Colciencias abre convocatorias “la competencia es muy difícil frente a los recursos muy limitados que ofrece el Estado”, explica la doctora Ángela, aceptando además que conseguir apoyo en el exterior es cada vez más difícil.

La CIB no se ha financiado solamente con recursos del Estado. Atendiendo a los requerimientos de generar soluciones para la sociedad, en sus laboratorios se realizan diagnósticos de tuberculosis y enfermedades micóticas de alta complejidad —atiende un promedio de 11.000 pacientes por año— para los hospitales que así lo solicitan, y además obtiene recursos por las publicaciones que produce su fondo editorial, que comenzó en 1970, antes de que la Corporación se dedicara a producir nuevo conocimiento a través de proyectos de investigación. Pero la crisis de la salud no permite fluidez en los pagos de los hospitales, y los libros ya no se venden como antes, por la migración a la era digital, razón por la cual los ingresos han disminuido.

¿Cuál es el camino para que la CIB continúe? “Si no hay un apoyo del Estado, difícilmente podremos continuar, porque en estos últimos años los recursos de investigación se han ido reduciendo”, dice McEwen. Y es que, aseguran, no hay duda de que la ciencia nacional está en crisis.

¿Qué pierde el país?

Lo dicen los 21 concejales de Medellín, en carta enviada el pasado 6 de mayo a su alcalde y al gobernador de Antioquia: “Una construcción colectiva de 46 años desde una idea hasta un centro de investigación consolidado, que ofrece un ambiente fértil para la formación en investigación de estudiantes de pre y posgrado en áreas biológicas… la posibilidad de obtener productos de transferencia desde la investigación fundamental hasta la solución de problemas propios…”.

Pierde “lo mejor que puede hacer un grupo de investigación: formar descendientes que puedan seguir su trabajo cuando ya se voltee la página. Lo más importante es la formación de jóvenes que quieren adoptar la investigación como camino de vida y la CIB lo ha hecho con gran lujo”, dice enfática la doctora Ángela.

Pierde, hace énfasis McEwen, “una escuela de investigadores de alta calidad que la CIB ha formado en los últimos 40 años. Más de la mitad están en distintos países del mundo”.

“La comunidad deja de recibir servicios especializados en diagnóstico de micología médica: hongos, tuberculosis y enfermedades hermanas de la TB”, añade la doctora Ángela. “La CIB les ofrece un servicio médico de primera, servicio diagnóstico de avanzada, y les damos a entender que para nosotros es muy importante entenderlos y servirlos”.

En tuberculosis, por ejemplo, la CIB ha desarrollado y evaluado nuevos métodos con los que ha logrado disminuir significativamente el tiempo del diagnóstico y mejorar su calidad. En las enfermedades causadas por hongos en la CIB los diagnósticos tienen un alto nivel de certeza. “Yo llevo más de 40 años repicando en esa procesión y diciendo que hay enfermedades muy similares a la TB, y los médicos deberían asegurarse y procurar métodos diagnósticos que les permitan diferenciarla”, dice la doctora Ángela, quien fue la única mujer que formó parte de la Misión de Sabios en 1994 y hasta hace un año era la directora científica de la Corporación. “A través de la investigación, la CIB está prestando un servicio porque se están haciendo métodos más precisos, más rápidos, que permiten determinar el curso del tratamiento”.

La CIB tiene hasta el próximo 24 de mayo para resolver su situación, cuando se reúna la asamblea en sesión extraordinaria. No parará de enviar una voz de auxilio para sobreaguar y poder continuar con los proyectos que realiza, que, en últimas, benefician a la sociedad y han ayudado a ubicar al país como referente en algunas de sus líneas de investigación.

@lisbethfog

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