miércoles, julio 18, 2018

“Para el Estado, los pequeños empresarios somos enemigos” Asdrubal Gil

“Para el Estado, los pequeños empresarios somos enemigos” Asdrubal Gil

AAAAAsdrubal Gil es probablemente el mayor productor de suelas en Antioquia. No está muy seguro pero lo cree. En tiempos de bonanza, su empresa llegó a contar con 300 trabajadores, hoy, a pesar de la devaluación del peso, tiene 30 y cuenta con un porcentaje cada vez mayor de outsorcing.

Es el ejemplo de un antioqueño emprendedor: fue pobre, vendió frutas en el centro de Medellín, una oportunidad en el SENA transformó su vida y, por azares del destino aunque nunca lo quiso, terminó en el negocio de la zapatería, como su papá. Desde hace más de dos años participa en las acciones de un grupo de empresarios para defender la industria nacional. La situación no es la mejor, su Contador se lo dice todos los meses, pero cree en el potencial de los empresarios colombianos.
En un país de guerrilla, paramilitares y delincuencia común, Asdrubal Gil tiene un miedo: la DIAN.
¿Cómo llega un hombre pobre, estudiante del SENA a manejar una de las empresas más importantes de suelas en Medellín?
Asdrubal Gil: aún sigo siendo pobre (risas). Fue un trabajo de mucho empeño, constancia, perseverancia, inyectándole un poquito de ambición sana, obviamente. Yo siendo joven me le rebelé a la pobreza. Tomé esa determinación. Eramos seis hermanos, con pocas posibilidades. Con un papá luchador, de calzado pero por un mínimo. Un día, cuando despiden a mi papá de la empresa no pudimos volver a estudiar y empecé a validar. Estudiaba y validaba. Yo salía de mi casa a las cuatro de la mañana y regresaba a las once de la noche.
Vendí frutas en una carretilla cerca del centro de Medellín, a los 16 años. Luego me presenté al SENA. Mientras vendía frutas, estudiaba y recibía ingresos después del segundo semestre, pero sentí que no era lo mío.
¿Se quedó sin trabajo y sin ingresos?
Asdrubal Gil: El mismo Sena me vinculó a una peletería, que ya desapareció, que se llamaba MINK.  MINK era los almacenes Olafo y fue la universidad de mi vida. Eramos tres y al final terminé solo. Después de andar por Colombia, con un maletín de 40 kilos cargado de herramientas, los socios se separaron y para mí fue una gran oportunidad. Yo sentía que tenía el bicho de las ventas. Pedí que me dejarán vender con una premisa que les gustó: si en seis meses no vendo nada me devuelvo. Y vendí 500 millones de pesos en máquinas. Fui ascendiendo, ascendiendo. En 1992, Olafo se acabó. Con mi ganancia monté una peletería que se llamaba Macro cueros: tres años excelentes y el cuarto me quebré, horrible.
Juvenal, un productor famoso de Medellín, decía que zapatero que no se quiebra no es zapatero. ¿Se quebró por la crisis de la vivienda en el 99?
Asdrubal Gil: si, no fui ajeno a eso. Cuando tienes un negocio que vive del día a día, sin músculo financiero no hay forma de aguantar la aporreada. El final fue fuerte. Mucha gente me robó, entregué el negocio, dos carros que tenía, la casa y aun así debía 200 millones de pesos. Trabajé vendiendo zapatos, consiguiendo la comida para la familia. Y me conectaron, precisamente por Juvenal, con Cinco Suelas, que necesitaban un vendedor. Llegue con una mano adelante y una atrás. Me empezó a ir muy bien, aunque en el 2000 seguía muy mal. Para resumir, en menos de tres años pagué todas mis deudas, cambié mi imagen y en el 2004, otra separación. Cinco Suelas me debía un montón de plata y me ofrecieron ser socio de la empresa, acepté.
¿Y cómo ha sido pasar de vendedor a dueño de la empresa?
Asdrubal Gil: un solo dolor, vivía mucho mejor antes (Risas). Me di cuenta que ser empresario en Colombia no es lo mejor, sobre todo en el calzado. Me gané enfermedades. Me estreso todos los meses buscando la nómina.
¿Era más fácil ser empresario antes de los noventas en Colombia?  
Asdrubal Gil: Si, totalmente. Me imagino que para Ardilla Lule o para Julio Santo Domingo ha sido relativamente más fácil siempre. Pero para el calzado es muy difícil. La bonanza, de 80 e inicios del 90 ya pasó.
Antioquia fue el departamento industrial de Colombia, especialmente Medellín, y todavía sacamos pecho de ese pasado. ¿A qué horas se vino abajo todo?
Asdrubal Gil: la diferencia entre los 80 y ahora era que se trabajaban libremente las marcas, no habían intereses de las grandes superficies, no existían el fenómeno de los zapatos a un dólar, las empresas apoyaban la industria nacional. Olafo, por ejemplo, tenía una modalidad: tenía crédito, peletería y recursos. Compraba el calzado, le facilitaba el medio para producirlo, insumos, máquinas, etc. Crecía Olafo, el empresario y generábamos empleo nacional. Ahora unos pocos descubrieron las ventajas de importar, el lavado de activos y el calzado fue la cenicienta en este caso. Todo eso nos aporreo.
Vino el fenómeno de los hidrocarburos, especializarnos en eso. Al Gobierno se le olvido la industria y el agro, que es la única y verdadera forma de sacar un papel adelante.
¿Uno de los problemas fundamentales para ser empresario, según su visión, es el Estado?
Asdrubal Gil: de hecho, uno de los problemas para ser empresario en Colombia es que somos enemigos del Estado. Me hablan de la DIAN y me da escalofríos. Nos persiguen más que a un traqueto. Nos amenazan de cárcel si no pagamos un impuesto. Son indolentes, no importa si perdiste plata, debes pagar. Eso obliga a muchos empresarios a ocultarse. Es una gran sopa: importaciones, lavado de activos, quiebra. Pero los culpables son: el Estado y los colombianos, jamás he visto a un chino trayendo un contenedor a Colombia. A una minoría le beneficia este modelo.
¿Cómo calificarías el modelo de: importaciones, lavado de activos, reglas de la OMC y Tratados de Libre Comercio?     
Asdrubal Gil: mortal. Lo que están haciendo es una masacre industrial. TLC desmedidos, sin planeación, las importaciones, el contrabando, todo hace parte de lo mismo.
¿Y cómo salimos del hoyo?
Asdrubal Gil: tomando conciencia, sentido de pertenencia por el país. Nos duele porque Ecuador nos pone salvaguardas, pero eso mismo debería hacer Colombia. Podemos consumir lo que producimos. Consumimos 120 millones de pares de calzado al año y producimos 30 millones. Pero si nos dieran herramientas, el Estado y el sector financiero, si creyéramos en nuestro producto, podríamos hacer 100 millones o 70, somos capaz. El resto es competencia leal.

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