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Adolescencia: años de “tormenta y estrés”

Jun 28, 2023

Por: Bernardo Useche

Director del Equipo de Salud. Psicólogo, Magister y Doctor en Sexualidad Humana y PhD en Salud Pública.

Por Bernardo Useche, Psicólogo de la Universidad Nacional de Colombia y PhD en Salud Pública de la Universidad de Texas en Houston. Es poco conocido que las nociones sobre la sexualidad en la adolescencia predominantes todavía en muchos países fueron directamente influenciadas por el pensamiento de personalidades tan disímiles como el presidente norteamericano Theodore Roosevelt y […]

Por Bernardo Useche, Psicólogo de la Universidad Nacional de Colombia y PhD en Salud Pública de la Universidad de Texas en Houston.

Es poco conocido que las nociones sobre la sexualidad en la adolescencia predominantes todavía en muchos países fueron directamente influenciadas por el pensamiento de personalidades tan disímiles como el presidente norteamericano Theodore Roosevelt y el Dr. Sigmund Freud.

En los años de transición del siglo 19 al siglo 20, Roosevelt escribió una serie de discursos en los que instaba con vehemencia a que los jóvenes varones forjaran un carácter recio que fuera compatible con dedicarse a la fuerza laboral o a las fuerzas militares para pelear las “guerras justas” de su país, y a que las jóvenes mujeres se prepararan para ser “la madre sabia y aguerrida de muchos niños sanos”. 

Acogiendo el llamado del presidente recordado entre nosotros por su célebre frase I took Panama, el psicólogo Stanley Hall acuñó el término “adolescencia” y en 1904 publicó con ese título dos volúmenes con 1.414 páginas. 

La tesis central de Stanley Hall se resume en que durante los años adolescentes se vive un período de “tormenta y estrés” en el cual los cambios de la pubertad motivan conductas sexuales que para ser controladas deben encausarse hacia actividades socialmente aceptadas como los sentimientos y creencias religiosas, mediante el proceso de “sublimación” postulado por Freud.

Este punto de vista evolucionó en la medicina y en la salud pública hacia un enfoque que entiende el desarrollo sexual adolescente como una etapa de conductas de riesgo para maternidades y paternidades tempranas, infecciones virales y no virales sexualmente transmisibles (IST) y de vulnerabilidad a todo tipo de abusos y violencias sexuales. Enfoque que no abarca la compleja y también positiva realidad de la sexualidad en los años previos a la mayoría de edad, pero que infortunadamente la evidencia parece confirmar. 

No se han hecho públicos todavía los resultados de la Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDS – 2020), pero datos de la Secretaría de Salud de Bogotá, por ejemplo, dan cuenta de 25 bebés nacidos en niñas de 10 a 14 años y de 960 nacidos en adolescentes de 15 a 19 años en 2022. Cifras inaceptables que en el primer caso se consideran abuso sexual, dado que la edad de consentimiento para la actividad sexual son los 14 años. 

También hay reportes en Colombia de la práctica del denominado chemsex —una combinación de uso de substancias psicoactivas con conductas sexuales de alto riesgo para VIH y otras IST—, con participación de adolescentes y adultos jóvenes. 

Sin negar lo anterior, la investigación científica sobre la adolescencia ha logrado demostrar que la sexualidad es una dimensión esencial integrada con el desarrollo normal del desarrollo biológico y psicosocial durante la adolescencia y que la exploración y experimentación sexuales en esta etapa de la vida son imprescindibles para lograr una vida sexual adulta satisfactoria que contribuya al bienestar personal, de las comunidades y de la sociedad.

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Es cierto que la irrupción de las hormonas al inicio de la pubertad y con ellas la presencia del deseo sexual intenso y frecuente que motiva la búsqueda de placer sexual pueden provocar en los adolescentes situaciones de “tormenta y estrés” emocional y conductas impulsivas. 

Igualmente, cierto es que los mismos esteroides sexuales influyen en la maduración estructural del cerebro y contribuyen a la reorganización funcional de las redes neuronales que hacen posible un mayor equilibrio emocional, una consciencia más plena y un desarrollo intelectual avanzado. Condiciones todas que favorecen la comprensión de la propia sexualidad y el autocontrol del comportamiento sexual. 

Hace treinta y cinco años, junto con Magdalena Villegas y bajo la dirección de Helí Alzate, empezamos siendo profesores de la Universidad de Caldas a investigar la conducta sexual de la(o)s adolescentes colombianos. Esos primeros resultados mostraban marcadas diferencias de género en la frecuencia del deseo sexual y en la edad promedio de iniciación en distintas actividades sexuales y experiencias eróticas. Hoy esas diferencias han variado significativamente. 

En un contexto global, comparando entre países de Asia, África y América Latina, un estudio encontró que, entre 1994 y 2018, el porcentaje de mujeres colombianas de 20 a 24 años que habían tenido coito vaginal antes de los 15 años, había aumentado de manera progresiva año tras año, mientras que había disminuido en el resto de países. 

Según lo advierte una declaración de la Organización Panamericana de la Salud y de la Asociación Mundial de Salud Sexual, “un énfasis en la prevención de problemas (embarazo, VIH, VPH), combinado con un silencio casi total sobre el deseo y el placer distorsiona la realidad de la sexualidad humana y puede resultar en programas para jóvenes […] que son irrelevantes para sus necesidades”.

Necesitamos educación sexual integral, con fundamento científico, que promueva la salud sexual de la(o)s adolescentes, prevenga las violencias sexuales y respete la exploración de relaciones románticas y conductas eróticas propias de este período de la vida.

Nota original publicada en Más Colombia.

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