Al-Juarismi, el erudito persa que introdujo los números a Occidente y nos salvó de tener que multiplicar CXXIII por XI

Ago 28, 2018

Galileo, Newton, Einstein... apenas tres de los grandes de la ciencia occidental. Pero como el mismo Newton escribió, citando al erudito del siglo XII Bernardo de Chartres, "Si he visto más lejos es porque estoy sentado sobre los hombros de gigantes". Varios de esos gigantes sobre los que se sentaron y se siguen sentando los […]

Galileo, Newton, Einstein… apenas tres de los grandes de la ciencia occidental.

Pero como el mismo Newton escribió, citando al erudito del siglo XII Bernardo de Chartres, «Si he visto más lejos es porque estoy sentado sobre los hombros de gigantes».

Varios de esos gigantes sobre los que se sentaron y se siguen sentando los científicos, han quedado en un olvido relativo… aunque a veces, si nos fijamos con cuidado, los encontramos en las páginas de los gigantes conocidos.

Según los historiadores, el mayor legado del gran matemático italiano, Leonardo Pisano, más conocido como Fibonacci, fue ayudar a Europa a descartar el antiguo sistema de números romanos y cambiarlo por números indo-arábigos.

Aparecieron en su «Liber Abaci» o «Libro de cálculo», que escribió en 1202 tras estudiar con un maestro árabe.

En ese mismo libro, hay una referencia a un texto anterior llamado «Modum algebre et almuchabale» y en el margen está el nombre Maumeht, que es la versión latinizada del nombre, Mohammed.

La persona a la que se refiere es Abu Abdallah Muḥammad ibn Mūsā al-Jwārizmī, conocido en español como Al-Juarismi, quien vivió aproximadamente entre los años 780 y 850.

Fue gracias a él que los intelectuales europeos se enteraron de la existencia de los números indo-arábigos.

De los indios a Medio Oriente, de Bagdad a Europa

La obra de Al-Juarismi toca un aspecto crucial de todas nuestras vidas.

Por ella, el mundo europeo se dio cuenta de que su forma de hacer aritmética, que todavía se basaba esencialmente en números romanos, era irremediablemente ineficiente y francamente torpe.

Si te pidiera que multiplicaras 123 por 11, podrías hacerlo hasta en tu cabeza. La respuesta es 1.353.

Pero intenta hacerlo con números romanos: tienes que multiplicar CXXIII por XI.

Se puede hacer pero, créeme, no es divertido.

En su «Libro de la suma y de la resta, según el cálculo indio», Al-Juarismi describió una idea revolucionaria: se puede representar cualquier número que desee con solo 10 sencillos símbolos.

Esta idea de usar solo diez símbolos -los dígitos del 1 al 9 más un símbolo 0- para representar todos los números desde uno hasta el infinito, fue desarrollada por matemáticos indios alrededor del siglo VI y es difícil exagerar su importancia.

Punto y aparte

Al-Juarismi y sus colegas hicieron más que traducir el sistema indio al árabe: crearon el punto decimal.

Lo sabemos gracias a la obra del matemático Abu’l Hasan Ahmad ibn Ibrahim Al-Uqlidisi.

En «Kitab al-fusul fi al-hisab al-Hindi» de los años 952-3 -el manuscrito más antiguo en el que se propone un tratamiento de las fracciones decimales, escrito apenas un siglo después de Al-Juarismi- muestra que el mismo sistema decimal se puede extender para describir no solo los números enteros sino también las fracciones.

La idea del punto decimal nos resulta tan familiar, que es difícil entender cómo antes se las arreglaban sin ella.

Como toda gran ciencia, es deslumbrantemente obvio después de haber sido descubierto.

¿Quién era Al-Juarismi?

Al-Juarismi, el gran matemático que le dio a Occidente los números y el sistema decimal, era además astrónomo, cortesano y favorito del Califa al-Mam’un.

Era un emigrante de Persia oriental a Bagdad y producto de su época, la Edad de Oro del islam.

Su manera de pensar era audaz y gozaba de un gran un lujo: estaba rodeado de libros.

Gracias al Movimiento de la traducción, que recogió obras científicas de todo el mundo conocido, a fines del siglo IX, un importante corpus matemático griego -que incluía obras de Euclides, Arquímedes, Apolonio de Perga, Tolomeo y Diofanto- había sido traducido al árabe.

Del mismo modo, las matemáticas antiguas babilónicas e indias, así como las contribuciones más recientes de los sabios judíos, estaban disponibles para los estudiosos islámicos.

Al-Juarismi se encontraba en la sorprendente posición de tener acceso a diferentes tradiciones matemáticas.

La griega trataba principalmente de la geometría, la ciencia de formas como triángulos, círculos y polígonos, y cómo calcular el área y el volumen.

La india había inventado el sistema decimal de diez símbolos que hacía el cálculo mucho más simple.

Al combinar la intuición geométrica con precisión aritmética, imágenes griegas y símbolos indios, inspiró una nueva forma de pensamiento matemático que hoy llamamos álgebra.

Al-Jabr

En el libro de Al-Juarismi «Al-Jabr w’al-Muqabala» es la primera vez que aparece la palabra Al-Jabr. Álgebra.

Empieza diciendo: «Descubrí que las personas requieren tres tipos de números: unidades, raíces y cuadrados».

Así te prepara para un libro sobre cómo resolver ecuaciones mediante métodos algebraicos.

Ya en los tiempos de Babilonia se resolvían ecuaciones cuadráticas.

La diferencia es que no había fórmulas, sino que cada problema se resolvía como único: «Toma la mitad de 10, que es 5, y el cuadrado, que es 25»; y más adelante, otro diría: «Toma la mitad de 12, que es 6, y el cuadrado, que es 36».

Así sucesivamente, te hacían pasar por el mismo proceso una y otra vez con diferentes números, según el caso.

Para Al-Juarismi, la solución no se eran números que debíamos descubrir, sino un proceso que pudiéramos aplicar.

Es decir: el cuadrado significa tomar la raíz y multiplicarla por sí misma. Y esa fórmula es cierta, cualquiera que sea la raíz. Si es 5, es 5 veces 5, es 25; si es 3, es 3 veces 3…

No usar números sino símbolos resultó ser una idea increíblemente liberadora, pues permite resolver problemas sin atascarse en cálculos numéricos desordenados.

Algoritmi de número Indorum

Al abandonar temporalmente el enlace con números específicos, manipulas los nuevos objetos (x, y, z) de acuerdo a las reglas que su libro explicó: una serie de recetas generales.

Los números que los símbolos representan en tu problema particular aparecerán milagrosamente al final.

Piensa en algo sencillo y cotidiano, que era lo que Al-Juarismi quería ayudar a resolver:

Ahmed muere y deja 80 monedas de herencia. A un amigo le deja un cuarto de ella; a su viuda, un octavo; lo demás es para sus tres hijos. ¿Cuánto le corresponde a cada uno de ellos?

Al Juarismi hizo que lo desconocido fuera parte de la ecuación: lo que llamamos X en algebra. Entonces:

El tratado escrito por Al-Juarismi circa 825 sobre el sistema numérico indio-árabe fue traducido en el siglo XII con el nombre «Algoritmi de numero Indorum«, que significa «Algoritmi sobre los números de los indios»; «Algoritmi» fue la latinización del traductor del nombre Al-Juarismi.

En él nos dio esas recetas que, debido a esa traducción de su nombre, terminaron llamándose algoritmos.

Al-Juarismi hizo posible que el álgebra existiera como un área de las matemáticas por derecho propio, y que se convirtiera en un hilo unificador de casi todas las demás.

El álgebra es una hermosa serie general de principios, y si los comprendes, la entenderás.

¿Cuál es la verdadera importancia del álgebra?

Se ha utilizado a lo largo de las eras para resolver todo tipo de problemas.

Si la masa de una bala de cañón es ​​’m’, y la distancia que tiene que viajar, ‘d’, usas álgebra para calcular el ángulo óptimo en el que tienes que apuntar tu cañón.

Ese tipo de conocimiento gana guerras.

O llamemos a la velocidad de la luz ‘c’, el cambio en la masa de un núcleo atómico ‘m’, y luego calculemos la energía liberada con esta sencilla fórmula algebraica.

Tomado de: https://www.bbc.com/mundo/noticias-44933192

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El gobierno de Gustavo Petro ha tomado decisiones en materia energética basadas en una lectura equivocada de la estructura energética del país. La suspensión de nuevas exploraciones de hidrocarburos aceleró el paso de Colombia desde una relativa autosuficiencia hacia una creciente dependencia del gas importado, con implicaciones económicas y de seguridad energética que comienzan a sentirse.

Esta situación se vuelve aún más delicada en el contexto climático actual. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) ha confirmado la formación de un “súper Niño”, el fenómeno más intenso de la última década. En un país donde cerca del 70% de la electricidad depende del agua almacenada en embalses, los episodios prolongados de sequía no son un asunto menor. Cuando el nivel de los embalses cae, el sistema eléctrico colombiano depende de la activación de plantas térmicas que funcionan principalmente con gas.

Allí aparece el cuello de botella. Colombia ya no dispone del gas suficiente para operar plenamente esas plantas en escenarios de sequía prolongada. La escasez ya mostró sus efectos. Durante el último año, los precios de la energía en bolsa se dispararon más de 200%, reflejando las tensiones crecientes entre oferta energética, disponibilidad de combustibles y condiciones climáticas adversas.

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El punto de quiebre llegó en diciembre de 2024, cuando Colombia vivió un hecho inédito en más de cuatro décadas: por primera vez en 45 años el país tuvo que importar gas para garantizar la demanda esencial de hogares y comercio. Este es el resultado de una tendencia preocupante. Las reservas nacionales han venido cayendo y la producción se redujo cerca de 9% en el último año.

Como consecuencia, Colombia se ve obligada a comprar gas en los mercados internacionales a precios mucho más altos. Mientras el gas producido localmente ronda los 6 dólares por unidad, el importado puede costar entre 15 y 16 dólares. En un escenario de mayor dependencia externa, agravado además por las tensiones derivadas de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, las facturas de energía podrían aumentar entre 30% y 40%, Según el exministro Amylkar Acosta.

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La pregunta inevitable es por qué el país enfrenta hoy esta escasez. Una de las razones centrales es el freno deliberado a la exploración de hidrocarburos. Diversos expertos han señalado que decisiones como la suspensión de los pilotos de fracking han cerrado la puerta a esta tecnología que en su versión 6.0 incorpora cambios tecnológicos frente al tradicional, destacándose por el uso de CO2 capturado en lugar de grandes volúmenes de agua, la integración de inteligencia artificial para anticipar y mitigar impactos ambientales y una reducción significativa de emisiones. De acuerdo con Acosta, esta tecnología podría emitir hasta 8 veces menos CO2 por barril que la producción convencional en Colombia y, además, permitiría multiplicar por 8 las reservas de gas natural del país, lo que ayudaría a cubrir el déficit energético y reducir la dependencia de importaciones.

A esto se suma un problema conceptual en la forma como se está comunicando la transición energética desde el Gobierno. El presidente Petro tiende a confundir la matriz eléctrica con la matriz energética total. Aunque la electricidad en Colombia es mayoritariamente hidráulica, esta representa apenas alrededor del 18% del consumo energético total. El restante 82% sigue dependiendo de combustibles fósiles, especialmente petróleo y gas.

Presentar a Colombia como un país que ya dejó atrás la dependencia de los hidrocarburos no solo es incorrecto desde el punto de vista técnico; también puede generar señales equivocadas para la inversión. Desincentivar el desarrollo de los sectores de petróleo y gas en un momento en que siguen siendo la base del sistema energético nacional compromete la seguridad energética y debilita sectores indispensables para la reindustrialización del país.

La transición energética es necesaria, pero debe ser realista.

Desmontar el sistema energético existente sin contar con alternativas maduras y suficientes no es una transición ordenada: es un salto al vacío. Desde Cedetrabajo hemos insistido en que la política energética debe combinar la expansión de energías renovables con una gestión responsable de los recursos hidrocarburíferos durante el período de transición.

Si Colombia no reactiva la exploración y no destraba proyectos estratégicos como el yacimiento Sirius en el Caribe, hoy afectado por la paralización de las licencias ambientales, el país seguirá perdiendo soberanía energética. En ese escenario, la dependencia de importaciones será cada vez mayor y los costos terminarán trasladándose a hogares y empresas.

La transición energética no puede convertirse en una política de desmantelamiento prematuro del sistema energético. Debe ser, por el contrario, una estrategia de transformación gradual que preserve la seguridad energética del país mientras se construyen las bases de un nuevo modelo productivo. De lo contrario, la promesa de transición podría terminar desembocando en una tormenta perfecta.

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