miércoles, julio 24, 2019

(Informe SIA #22) Los tratados de libre comercio y sus efectos en las mujeres colombianas

(Informe SIA #22) Los tratados de libre comercio y sus efectos en las mujeres colombianas

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Los efectos de los Tratados de Libre Comercio, TLC, han sido estudiados con rigurosidad durante los últimos años. El análisis de los impactos macroeconómicos, las consecuencias sobre la estructura económica, los efectos sobre el empleo, entre otros, desatienden el enfoque de género y los efectos diferenciados que tiene el modelo de los TLC. Recientemente las organizaciones que promueven la igualdad de género, han producido valiosas investigaciones sobre estos asuntos con resultados significativos. Este estudio tiene como objetivo examinar los efectos de los TLC y la liberalización económica sobre las mujeres en Colombia, concentrándose principalmente en el mercado laboral y el análisis sectorial con enfoque de género.

Introducción

El análisis de los efectos diferenciales de los TLC y el modelo neoliberal sobre el género deben comenzar explicando sus consecuencias sobre las esferas de producción y reproducción1 , las cuales constituyen la base de los roles de gé- nero en el trabajo humano. En cuanto a la producción, afecta la división sexual del trabajo dentro de la organización económica en la creación, transformación, intercambio y comercialización de bienes y servicios. Por su parte, la esfera de reproducción se ve afectada por los cambios en las actividades de cuidado del grupo familiar o comunitario, donde las mujeres han cumplido con una función trascendental.

Las especialistas en estos asuntos han demostrado que el actual modelo económico ha incrementado la participación de las mujeres en la producción, sobre todo en los sectores orientados a la exportación. Esto podría conducir a un mayor empoderamiento de las mujeres al obtener un ingreso por fuera del hogar. Sin embargo, también han verificado que conduce al desempleo y la reestructuración de los mercados de trabajo que se caracterizan por la segregación ocupacional y salarial (horizontal y vertical)2 , en condiciones laborales precarias. (Espino, 2009).

De hecho, Randriamaro (2006), explica que “la necesidad de trabajadoras/es flexibles, que respondan a las fluctuaciones del mercado, ha llevado a un aumento en la cantidad de personas insertas en el sector informal, entre quienes las mujeres conforman un elevado porcentaje”.

La fuerza de trabajo de las mujeres ha sido considerada como un “fuente de competitividad” entre países, por que percibe menores salarios, está sujeta a restricciones para acceder a determinados puestos, suele concentrarse en micro y pequeñas unidades de producción y tiene menor acceso a los derechos y leyes laborales. Las mujeres suelen ser vistas como mano de obra más flexible, por lo que son más frecuentes en los trabajos temporales, de tiempo parcial, sin contratos adecuados o respeto a derechos sindicales. Formas de subcontratación laboral o tercerización son las formas de flexibilización más comunes entre la fuerza laboral femenina.

También se han analizado los efectos de la apertura de capitales con enfoque de género. Debido al aumento de la inversión extranjera, se ha dado una expansión del sector servicios, donde se emplean cerca del 70% de las mujeres económicamente activas de Amé- rica Latina (Espino, 2009). La amplia variedad de servicios en los que se emplean las mujeres, como las telecomunicaciones, procesamiento de datos, atención al cliente y servicios financieros, coexisten con servicios de menor remuneración como la limpieza para las empresas y empleo doméstico.

Por su parte, la desindustrialización de las últimas décadas ha reducido el empleo en fábricas intensiva en mano de obra femenina, como textiles, confecciones y calzado. Las masivas importaciones han trasladado el empleo femenino hacia actividades más vulnerables y a la vez ha impedido la generación de empleo de mujeres en industrias manufactureras más intensivas en capital.

Lo propio sucede con la producción agrícola, donde el neoliberalismo y los TLC aumentaron la competencia importadora de productos básicos alimenticios, afectando a las mujeres que están al frente de producciones agrícolas de pequeña escala, con escaso acceso al crédito, al conocimiento y a la incorporación de nuevos insumos a la producción.

Por último, se han realizado estudios diferenciales con enfoque de género sobre las consecuencias de las crisis económicas, donde se ha demostrado que las mujeres tienen mayor vulnerabilidad al enfrentarse a momentos de recesión, dado que las mujeres constituyen la mayoría de la población que trabaja en sectores de la economía informal, en condiciones de empleo flexible y precario. Además el impacto social y económico cae con mayor fuerza sobre las mujeres por que la cantidad de tareas domésticas y de cuidados no remunerados tiende a aumentar cuando los miembros de la familia pierden sus empleos o se enferman.

Así como los patrones de especialización productiva y la segregación ocupacional -dentro de la órbita de producción- pesan a la hora de explicar el impacto de la liberalización económica, la organización de la economía del cuidado -en la órbita de la reproducción- puede ayudar a detectar otros importantes aspectos. Por ejemplo, se ha detectado que a pesar de una mayor participación laboral de las mujeres, no se ha dado una redistribución de las tareas vinculadas al mantenimiento físico del hogar y el cuidado de las personas dependientes. De hecho, el actual modelo puede estar agudizando la “sobre-explotación” de las mujeres que terminan realizando jornadas de trabajo dobles (remuneradas y no remuneradas).

Efectos en el mercado laboral

La cantidad de nuevos empleos de mujeres, la evolución de la brecha de gé- nero en las remuneraciones, así como la calidad del empleo; los niveles de pobreza e inequidad distributiva, son todos aspectos que permiten describir el impacto general del neoliberalismo y los TLC sobre la situación de las mujeres y las relaciones de género.

Las estadísticas demuestran que en la estructura laboral persiste una marcada y significativa desigualdad entre hombres y mujeres. En la Gráfica 1 se muestran las variables principales de empleo, donde es evidente que las tasas de desempleo y subempleo de mujeres superan a las de los hombres. La brecha de desempleo en 2011 era de 8,1 % y 6,2% en 2016. Sobresale que el desempleo de mujeres aumentó en el último año 1,1 puntos porcentuales, al pasar de 13,1% en 2015 a 14,2% en 2016. El subempleo ha presentado una disminución, al pasar de tasas de 44% en 2011 a 39% en 2016. La disminución tiene varias razones, donde se destacan i) la reducción del desempleo se ha dado más por una mayor cantidad de inactivos, que desisten de buscar empleo, ii) un crecimiento de trabajadores por cuenta propia y sin remuneración, donde las mujeres representan la mayoría, y iii) la expansión de formas de contratación (tercerización y prestación de servicios), que reducen estadísticamente el subempleo.

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La teoría económica ha explicado las causas de las asimetrías entre sexos en el mercado de trabajo, utilizando argumentos del lado de la demanda de fuerza de trabajo (es decir, del lado de los empleadores) y de la oferta (de la propia fuerza de trabajo). (Espino, 2009).

• Factores de demanda: los empleadores, los compañeros o incluso los clientes, juzgan a las mujeres según ciertos estereotipos de género, en función de los cuales se les atribuyen determinadas “virtudes” o “defectos” para ocupar los diferentes puestos de trabajo.

• Factores de oferta: la inserción laboral femenina está condicionada por las limitaciones, decisiones y preferencias de las propias mujeres y las del ámbito familiar determinadas fuertemente por la cultura y la educación. Estas conducen a la elección de ciertas carreras profesionales, tipos de actividad o características del empleo. Se ha señalado que el condicionamiento que significa este tipo de elección, supone una discriminación previa a la del mercado laboral propiamente dicho.

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La trayectoria de las variables del empleo femenino (Gráfica 2), denotan que hubo un incremento en las mujeres empleadas (de 7,6 millones en 2011 a 8,9 millones en 2016), lo que coincide con la tendencia general de la Población Económicamente Activa, la cual ha aumentado conforme al crecimiento poblacional. Si bien el actual modelo económico motiva el ingreso de mujeres al mercado laboral, estas lo hacen en condiciones de precariedad (subempleo e informalidad). Esta tendencia, lejos de ser un indicador de reducción de las desigualdades, denota que las mujeres ingresan al mercado laboral para complementar o suplir el ingreso familiar. “No se trata entonces de un progreso para mejorar las condiciones, sino una estrategia familiar de supervivencia” (Cedetrabajo, 2016).

Las condiciones de las trabajadoras colombianas, si se analiza por la posición ocupacional, demuestran la segregación horizontal (ocupaciones predominantemente femeninas o masculinas), ya que en el empleo doméstico y los trabajos sin remuneración predominan las mujeres, mientras en patrones, empleadores, jornaleros y peones, la presencia masculina es mayoritaria, como se muestra en la Gráfica 3.

Al respecto, es importante destacar que, como describe Milosavljevic (2007), “No solo los quehaceres domésticos son una labor sin remuneración, no reconocida como trabajo. Las mujeres también son mayoría entre los trabajadores familiares no remunerados, es decir, son parte de la población considerada como económicamente ocupada, pero que no recibe ingresos por su trabajo”.

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En la Gráfica 4 se muestra que la participación de las mujeres por sector económico refuerza la idea de segregación horizontal. Las mujeres participan principalmente en los sectores de comercio y servicios. De hecho, la cantidad de mujeres que se encontraban en estos sectores aumentó entre 2011 y 2016: en comercio aumentaron 30% y en servicios 16%. En suma, 6 de cada 10 mujeres laboran en estos sectores, caracterizados por condiciones precarias en la contratación y las tasas de informalidad más elevadas. En agricultura, cerca de 100 mil mujeres más se emplearon en este sector, mientras que 90 mil dejaron de hacerlo en la industria.

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En la Gráfica 5 se observa que la participación de mujeres predomina en los sectores de comercio (53%), intermediación financiera (55%), servicios (67%) y es elevada en industria (40%) y actividad inmobiliaria y empresarial (47%).

Al respecto, es válido rescatar una de las conclusiones de la investigación de la Red de Comercio y Genero de Amé- rica Latina (Azar, Espino y Salvador, 2008): “Las mujeres suelen concentrarse en ciertos sectores de actividad, como por ejemplo, los servicios de enseñanza, salud, comunicaciones, administración pública. Además, realizan ciertos tipos de trabajo: se dedican a la docencia, a la investigación, a las tareas administrativas. Es decir, a actividades relacionadas con el aprendizaje que han hecho desde niñas: a la socialización de género. Se ubican tradicionalmente, lejos de la escala jerárquica, relativamente lejos de los puestos de toma de decisión: son secretarias, mandos medios, forman parte de equipos”.

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El desempleo de las mujeres por sector es relevante para saber en cuales son más susceptibles de perder su lugar de trabajo. Los sectores con predominio masculino (construcción, transporte, suministro de gas y agua y minería) presentan unas elevadas tasas de desempleo de mujeres, mientras en agricultura, industria y comercio develan una menor tasa.

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Según el DANE, la informalidad laboral en las mujeres es superior a la de los hombres en 5 puntos porcentuales. Si bien la tasa de informalidad disminuyó de 55 a 53% entre 2011 y 2016, la cantidad de mujeres en la informalidad aumentó en términos absolutos 12%.

Brecha salarial de género y economía del cuidado. El balance sobre los efectos del neoliberalismo y los TLC sobre el trabajo de las mujeres, puede completarse al analizar la brecha salarial de género y las características de la economía del cuidado.

Según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD (2015), en Colombia, las mujeres devengaron en promedio en el período 2008-2014, un 28% menos que los hombres. Para 2014, la brecha fue de 27,7%, casi cuatro puntos por encima del promedio mundial de 24% que presentó el PNUD en su informe de desarrollo humano de 2015.

Las conclusiones más destacadas del informe del PNUD, analizadas por Osorio (2016) son:

• En los deciles más bajos de ingresos hay mayores diferencias entre los salarios de hombres y mujeres, de tal modo que las mujeres alcanzan a devengar apenas alrededor de 42,3% de lo que devengan los hombres.

• A medida que los trabajos son mejor remunerados, las diferencias se van cerrando, pero en cualquier caso las mujeres ganan como mucho un 20% menos de la remuneración masculina.

• Las diferencias son más amplias en la población menor de edad (29,7%) y mayores de 55 años (29,9%). La discriminación se acrecienta en las mujeres cuando son más jóvenes o más adultas y particularmente parece haber más desigualdad relativa de ingresos en estos grupos de edades para las mujeres.

• En el rango de 14 a 28 años, para 2014 la brecha fue de 8,3%; esta menor brecha se debe a que los promedios generales de ingresos para la población joven en Colombia son, en general, bajos y comúnmente en relación con el trabajo temporal.

• En promedio las mujeres reciben 30% menos de ingreso que los hombres a nivel de posgrado. De otro lado, las mujeres que no han alcanzado ningún título reciben cerca al 35% menos en promedio durante los 7 años de análisis del estudio.

• En este mismo informe se destacó que en América Latina las mujeres en puestos de alta dirección ganan en promedio solo un 53% del salario que reciben sus homólogos varones.

De igual forma, es fundamental analizar la distribución social del cuidado en Colombia, pues como se mencionó al comienzo de este estudio, la esfera de reproducción, la cual comprende el cuidado y desarrollo de las personas y sus capacidades de trabajo, es una de las bases de los roles de género del trabajo humano. Una parte importante de esa reproducción social está a cargo de las familias y, en su interior, son las mujeres las que históricamente (por razones biológicas y de discriminación social) se han encargado de desarrollar esas tareas en forma no remunerada (Espino, 2009).

En Colombia, “la distribución social del cuidado es inequitativa, de tal modo que las cargas de cuidado están mayormente asignadas a las familias, y allí, a las mujeres, quienes dedican a estas actividades tres veces el tiempo que los hombres (6:35 horas vs. 2:00 horas) , y cuatro veces en contextos de ruralidad (7:37 vs. 1:53).

Lo opuesto se presenta en el trabajo remunerado: las mujeres dedican al trabajo remunerado apenas un poco más de la mitad del tiempo que dedican los hombres (5:11 vs. 2:31 horas). De hecho, casi 5 millones de mujeres que se encuentran por fuera del mercado laboral se dedican exclusivamente a lo relacionado con el trabajo doméstico y de cuidado no remunerado, y están excluidas de alguna remuneración y protección social.

Por último, según las estadísticas del DANE, las mujeres tienen una carga global de trabajo equivalente a 13:09 horas, mientras que para los hombres es de 10:57”. (Osorio, 2016).

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Evidencia sectorial

Con el objetivo de examinar detalladamente los efectos de los TLC y la liberalización comercial en las mujeres trabajadoras, se construyó un cuadro de análisis comparativo de las principales variables laborales de subsectores industriales, donde hay una participación femenina significativa (superior al promedio de la industria) para los años 2011 y 2014, a partir de la Encuesta Anual Manufacturera del DANE. Los resultados se resumen en los cuadros 2 y 3.

Para el año 2011 se destaca que en el total de la industria, la participación de la fuerza laboral femenina fue de 36%, donde el 23% de ellas tenían contratos indirectos con los establecimientos, y por tanto no eran remuneradas por sus empresas, sino por agencias o terceros (tercerización). Algunas importantes conclusiones para el año 2011 son las siguientes:

• En las industrias con mayor participación femenina, como la elaboración de productos alimenticios, textiles y confecciones, y fabricación de fármacos y otros productos químicos, el porcentaje de mujeres no remuneradas sobre el total de mujeres trabajadoras es superior al promedio de la industria (23%), siendo de 36%, 27% y 27%, respectivamente.

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• El salario promedio de las industrias con mayor participación femenina es inferior en un 6% con respecto al promedio de la industria. En textiles y confecciones es de 41%, en fabricación de calzado de 39%, elaboración de productos de panadería de 19% y elaboración de otros productos alimenticios de 12% menos.

• En 4 de los 7 sectores industriales analizados, las prestaciones sociales son inferiores al promedio de la industria, demostrando una baja calidad del empleo.

• Al comparar las remuneraciones totales a los trabajadores (salarios más prestaciones) con la productividad laboral mensual (riqueza que genera cada trabajador), se encuentra que en el sector de calzado, la diferencia (margen de ganancia o nivel de explotación), es del 40%. En textiles de confecciones es de 37% y en edición e impresión 32%. El promedio de la industria es de 19%.

• Precisamente estos tres sectores coinciden con resultados comerciales desfavorables para Colombia, al analizar la variación de las exportaciones e importaciones entre 2008 y 2011. En los tres sectores mencionados, las exportaciones cayeron en promedio 47%, mientras las importaciones crecieron 61%

En síntesis, es posible afirmar que en 2011 las características de la estructura laboral en la industria demuestra las hipótesis sobre segregación horizontal y vertical por razones de género, una mayor proporción de mujeres en condiciones laborales precarias, con salarios más bajos que el promedio de la industria, con niveles de explotación mayores y una estrecha relación con los resultados comerciales desfavorables.

Para el 2014 el balance es muy similar al anterior. Para este año, la clasificación de actividades industriales cambió con respecto al 2011, por lo que no se puede hacer una comparación sector por sector en todos los casos. Por ejemplo, la Fabricación de productos de panadería no aparece en la Encuesta Anual Manufacturera de 2014. A su vez, el sector de Procesamiento de frutas, legumbres, hortalizas y tubérculos y Elaboración de otros productos alimenticios, incluyen más actividades que en 2011, por lo que no se puede hacer una comparación exacta de la cantidad de trabajadores y trabajadoras, sus condiciones y salarios para esos años.

De todas maneras, las características fundamentales de los sectores con mayor presencia femenina se mantienen:

• En la mayoría de sectores, el porcentaje de mujeres no remuneradas es mayor al promedio de la industria.

• Para el 2014, sólo un sector (Fabricación de fármacos y otros productos químicos), tuvo un salario superior al promedio de la industria. Los otros 5 sectores analizados presentaron salarios y prestaciones inferiores al promedio industrial.

• La productividad mantiene la tendencia de estar muy por encima de las remuneraciones totales. En promedio, en la industria esta relación se mantiene en márgenes del 20%. Para textiles y Confecciones, calzado y Edición e Impresión, el margen es de 38%.

• La tendencia decreciente de las exportaciones y la ascendente de las importaciones se mantienen en los mismos sectores, conservando la estrecha relación con las precarias condiciones laborales de los mismos.

En una comparación del aumento de salarios, prestaciones y productividad laboral entre 2011 y 2014, se puede concluir que:

• Se crearon empleos en sectores como Fabricación de calzado (717 nuevos empleos entre 2011 y 2014), y en Fabricación de fármacos (2004 empleos más). En textiles y confecciones se perdieron 539 empleos, y en Edición e impresión 12.237.

• Los salarios de los sectores analizados crecieron al ritmo de la inflación acumulada entre 2011 y 2014 (14,5%). Tan sólo en el sector de Textiles y confecciones los salarios crecieron 7% por encima de la inflación anualmente.

• En todos los sectores, a excepción de textiles y confecciones, los salarios y prestaciones crecieron por debajo del PIB real (20%), configurando un proceso de desindustrialización en los sectores de mayor presencia femenina.

• En los sectores de Textiles y Confecciones, fabricación de Calzado y Fabricación de fármacos y otros productos químicos, la productividad laboral creció por encima del PIB real.

Esta situación comprueba que la fuerza laboral femenina es más vulnerable y flexible ante procesos de desindustrialización por apertura económica. Las mujeres son consideradas un costo variable prescindible, que puede modificarse dependiendo de las decisiones de inversión, el contexto económico y comercial.

Este resultado es consistente con los hallazgos en otras investigaciones. Por ejemplo, “en el Cono Sur la desindustrialización ha reducido el empleo en industrias intensivas en mano de obra femenina, como textiles y vestimenta. Las mujeres han perdido su empleo en las industrias en decadencia y enfrentan dificultades para emplearse en las industrias manufactureras más intensivas en capital”.

De igual forma, la conclusión del informe de UNIFEM, que evalúa los efectos del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) sobre el empleo y los salarios de las mujeres en México, coinciden plenamente con lo ocurrido en Colombia entre 2011 y 2014: “los sectores que tienen un alto dinamismo exportador, las mujeres pudieron recuperar puestos de trabajos perdidos en años previos, pero a costa de menores salarios. También se constata un desplazamiento del empleo femenino en el sector, con lo que muchos puestos de trabajo pasan a ser ocupados por hombres. Este proceso obedece, en parte, a la dinámica que imprimió el TLC para la industria textil y del vestido, y también a que en otros sectores de la economía no se crearon empleos suficientes. Las ocupaciones informales crecieron sustancialmente, y la cantidad de mujeres que trabajan en la informalidad es más elevada que la de hombres. Las ocupaciones femeninas en el sector textil se canalizan hacia micro¬empresas (de menos de cinco trabajadores), donde no hay condiciones contractuales que cubran seguros y otros costos. Muchos de estos nuevos empleos constituyen un incremento en la ocupación, pero muchas veces en condiciones laborales precarias” (Espino y Azar, 2010).

Por último, es importante mencionar que la distribución del empleo femenino por socio comercial, tanto en exportaciones como en importaciones, se concentra fuertemente en el intercambio con Estados Unidos y Europa. “En el caso de las exportaciones, el empleo es de baja calificación, mientras que en las importaciones, se trata de empleos de media y alta escolaridad. La particularidad presentada en este caso respecto al análisis de los demás países, es que los puestos de trabajo femeninos con relación a los de los hombres en el intercambio con Estados Unidos, tienen una considerable participación: 44,3% en las ventas y 34,2% en las compras. Esta situación responde a la importancia del sector de fabricación de prendas de vestir en el intercambio con este socio” (Espino, Aznar y Salvador, 2008).

Adicionalmente, sobresale que el 84% del contenido de empleo femenino en las exportaciones se concentra en servicios, vestimenta, muebles y elaboración de alimentos y bebidas. Del lado de las importaciones, casi 85% corresponde a prendas de vestir, servicios, maquinaria y equipo y muebles. En este caso, se destaca la presencia de ramas que son, además, particularmente intensivas en mano de obra femenina. (Espino, Aznar y Salvador, 2008).

De estos hallazgos se puede concluir que la fuerza femenina en Colombia es especialmente importante en el comercio internacional. Es por esta razón que es altamente vulnerable a los TLC y la liberalización económica, ya que no cuentan con estabilidad laboral por los contratos laborales que garanticen salarios y prestaciones sociales dignas.

Conclusiones

Los efectos de los TLC y la liberalización comercial no ha sido un tema ampliamente analizado por la teoría económica. Recientemente se han realizado importantes y valiosos estudios que comprueban un impacto negativo de los TLC sobre las brechas de género, las cuales están lejos de reducirse.

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Incluso, se ha llegado a demostrar que las desigualdades de género han contribuido a promover el crecimiento del comercio, con base a un tipo de ventajas que no beneficia o incluso amenaza, las posibilidades de desarrollo de los países en el largo plazo. Por ejemplo, las brechas salariales han servido como instrumento de competencia en distintas etapas de la inserción a la economía internacional.

Otro hallazgo fundamental en las investigaciones sobre Comercio y Género, es que el crecimiento del comercio internacional en la región no ha contribuido -como se esperaba- a la creación de mejores oportunidades laborales y especialmente, no ha aprovechado las condiciones de calificación de la oferta de trabajo femenina. Por otra parte, las políticas públicas no han atendido la esfera de la economía del cuidado, lo que impide lograr un impacto positivo en términos de equidad social y de género.

Por último, se ha confirmado que la liberalización comercial por sí sola no contribuye a diversificar las estructuras productivas ni a generar empleo femenino adicional. Las exportaciones se concentran en pocas ramas y éstas tienen poco contenido de empleo femenino, mientras que las importaciones amenazan sobre todo al empleo femenino con niveles educativos medio y alto. El patrón de especialización productiva expresado en la exportación de bienes de bajo valor agregado, no requiere mano de obra altamente calificada. En la medida que no alcanza mayores niveles de diversificación, el crecimiento del comercio no ha contribuido a romper la segregación, ni ha aprovechado las condiciones de calificación de la oferta de trabajo femenina.

En Colombia se comprueban estas hipó- tesis de manera categórica. En la estructura laboral persisten unas enormes brechas de género, que se manifiestan en una fuerte segregación (horizontal y vertical), unas diferencias salariales abismales y una sobrecarga de trabajo. En los sectores industriales donde hay una mayor participación de fuerza laboral femenina, se confirma una estrecha relación entre los desfavorables resultados comerciales con las precarias condiciones de trabajo de las trabajadoras colombianas. Los TLC no han contribuido a reducir las brechas de género en Colombia, por el contrario, las han profundizado.

Bibliografía

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Randriamaro, Zo (2006). Género y Comercio. Informe General. Disponible en: http://www.bridge.ids.ac.uk/sites/bridge.ids.ac.uk/files/reports/Trade%20OR_ Sp%20final.pdf

Espino, A; Azar, P; Salvador, S (2008). Los vínculos entre comercio, género y equidad. Un análisis para seis países de América Latina. Disponible en: http:// www.generoycomercio.org/areas/investigacion/Azar-Espino-Salvador.pdf

Eguiluz, A, Et Al (2012). Comercio y Género. Avances en el proceso de incorporación del enfoque de género en operaciones de comercio. Disponible en: http:// idbdocs.iadb.org/wsdocs/getdocument.aspx?docnum=37175590

Espino y Azar (2010). Comercio internacional y equidad de género. Alternativas de libre comercio e integración regional.

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Osorio, Viviana (2016). La brecha salarial entre hombres y mujeres en Colombia: Un problema de(s)cuidado. Disponible en: http://www.humanas.unal.edu.co/genero/files/8014/5770/8181/La_brecha_salarial_entre_hombres_y_mujeres_en_ Colombia._Por__Viviana_Osorio._8_marzo_2016..pdf

PNUD (2015) Informe de Desarrollo Humano. Disponible en: http://hdr.undp.org/ sites/default/files/2015_human_development_report_overview_-_es.pdf

Milosavljevic, V. (2007). Estadísticas para la equidad de género. Magnitudes y tendencias en América Latina. Serie Cuadernos de la CEPAL No 92.

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1. La esfera productiva se expresa en la obtención, transformación e intercambio en el mercado de bienes o servicios, y la esfera reproductiva se expresa en un conjunto de desempeños orientados a garantizar la continuidad de la vida cotidiana, la alimentación y las actividades de cuidado del grupo familiar o comunitario.

2. La segregación horizontal se refiere a la distribución de mujeres y hombres en todas las ocupaciones. La segregación vertical tiene que ver con la distribución de mujeres y hombres en la jerarquía de trabajo en términos de estatus y ocupación.

 

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