sábado, octubre 19, 2019

La caída de los productos básicos

La caída de los productos básicos

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Por: Eduardo Sarmiento / El Espectador

En las circunstancias actuales se advierte un panorama internacional y nacional enrarecido que se asemeja al que se presentó antes de la crisis de 2008.

Europa está cerca de una nueva recesión liderada por Alemania y Francia. Las cotizaciones de las acciones caen en Estados Unidos. Los precios del petróleo y los minerales se desploman. América Latina ha entrado en un estado generalizado de estancamiento, en que los países caen por turnos. Antes les tocó a Argentina, Venezuela y Brasil, ahora a Chile, México y Perú, y más tarde a Colombia.

Estados Unidos no ha logrado adaptarse al desmonte del sistema de facilitación cuantitativa o, si se quiere, de compras de bonos del Tesoro. El dispositivo les dio impulso a las economías estadounidense y mundial, y su retiro ha traído revaluación del dólar, baja de los precios de los productos básicos, ampliación de los déficits en cuenta corriente en las economías más débiles y reaparición del exceso de ahorro que llevo a la crisis de 2008. Luego de la mejoría en el segundo trimestre, el índice de consumo decayó, señalando que la economía crecerá por debajo del 2%.

Los líderes mundiales no han reconocido que el sistema mundial, luego de la globalización, se ha hecho más dependiente del comercio internacional. Durante mucho tiempo se dio por hecho que las alteraciones de la balanza de pagos son compensadas rápidamente dentro del marco de tasas de cambio flexibles sin mayores efectos sobre la actividad productiva. Así, un choque externo de caída de precios da lugar a una revaluación que lo absorbe sin efectos internos.

Se equivocan. Los países quedan expuestos a déficits en cuenta corriente que ocasionan fuertes contracciones de demanda que deprimen los salarios y los mantienen en recesión.

Como lo señalé, las condiciones de Europa periférica, que experimentó grandes bonanzas antes de 2008, se están dando en América Latina. El aumento de los ingresos provenientes de las alzas de los productos básicos y los déficits en cuenta corriente financiados con inversión extranjera no son sostenibles. Los países están expuestos a grandes bonanzas que caen como cocos.

Como era natural, en Colombia los primeros síntomas de la destorcida se sintieron en la balanza de pagos, En lo corrido del año el déficit en cuenta corriente ascendió a 4,5% del PIB, con todos los indicios de alcanzar el 6% de la crisis de 1999. La dolencia se extiende como pólvora y ya llegó al presupuesto nacional que, luego del fracaso de la reforma tributaria de 2012, experimenta un faltante de $17 billones. Lamentablemente, la economía ha entrado en un estado de déficit creciente de balanza de pagos y aumento del déficit fiscal que se refuerzan. Las acciones sobre uno se manifiestan en el otro, estrechando la discrecionalidad macroeconómica.

El perfil productivo, dominado por la minería y los servicios, se quiebra. El salario real cae en el primer semestre y el empleo crece menos que la población. La industria, que revelaba una pequeña mejoría, volvió a caer a índices negativos y completa más de dos años en recesión. El petróleo y la minería han entrado en franca decadencia. Así las cosas, el crecimiento del PIB seguirá cayendo y estará muy por debajo del 4% en el segundo semestre.

Ojalá que el ajuste a la destorcida del sector externo no imite la experiencia de Europa con una baja drástica de salarios que deprima la demanda efectiva y empeore la distribución del ingreso. Lo menos que se puede hacer para evitarlo o aminorarlo es modificar el régimen cambiario, establecer un sistema estratégico de aranceles que distinga las actividades destinadas a la exportación y al mercado interno, aplicar una severa regulación de los movimientos de capitales y renegociar los TLC.

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