sábado, agosto 24, 2019

“Las grandes editoriales piensan la literatura como un producto de mercadeo y no como arte” Esteban Carlos Mejía

“Las grandes editoriales piensan la literatura como un producto de mercadeo y no como arte” Esteban Carlos Mejía

GG
Entrevista
Esteban Carlos Mejía es un escritor por gusto, no por obligación. Es profesor universitario, ex publicista y ex ghostwriter de varios políticos en Colombia. Su última novela, Hagan el favor de hacer silencio, te deja pensativo y alegre, es como reír llorando.
La novela es sobre política, sexo y las aspiraciones de un joven calenturiento de transformar el país. Habla como Napoleón, con los pies empinados y carga el síndrome de pentecostés a cuestas: habla y la gente le cree, la guerrilla, los paramilitares y los empresarios. Describe, con sarcasmo, como se debe hacer, la suciedad y el fango de la política antioqueña y del país y refleja, aunque no se lo proponga, la del mundo.
Sin embargo, no es pesimista. Entre la suciedad, Lalito es un faro que intenta iluminar la oscuridad; firme, recto, político por gusto. Una salvación.
1. ¿De dónde sale la idea de hacer una novela política?
Esteban Carlos Mejía: el libro tiene dos criterios. Desde que leí la Cartuja de Parma de Stendhal, un epígrafe me quedo marcado: Escribir de política en una obra literaria produce el mismo efecto que un pistoletazo en medio de un sublime concierto. Dije: voy a hacer una novela política teniendo en cuenta que en la política no hay ecuanimidad. Pero mientras escribía, otro criterio se me impuso: no puedo hacer esto en serio. Si lo hago en serio, me aburro, se aburre el lector así que le puse humor, picardía, sexo. La novela, y lo dice un reseña que se hizo sobre el libro, no es un chiste de 300 páginas. Después de leerla, surge una pregunta. ¿En qué país estoy viviendo? Y creo que la novela cumple con el objetivo de pensar en la suciedad en que cayó la política en este país.    

2. En la solapa del libro se dice, en la biografía, que fue ghostwriter y Lalito Graffía lo es y no le va muy bien. ¿Es una puya a algún político o trabajo anterior?
Esteban Carlos Mejía: a Lalito Graffía le va mejor que a mí. Yo viví ese mundo de ser escritor fantasma, de escribir, conseguir plata para las compañas, vender boletas, al lado de Rodrigo Saldarriaga.

3. Todo personaje tiene algo de autobiográfico. ¿A los 25 era Idealista, hacía política y era tan calenturiento?
Esteban Carlos Mejía: lo hice apropósito. Lalito es Pequeño, mide 1,52. Es muy habilidoso para la palabra. Yo, en cambio, no era así. Era alto, gafufo, calenturiento. Y a diferencia de Lalito, nunca me pude adaptar a la estructura de un partido político. Es decir, tome cosas mías pero yo no soy Lalito Graffía.

4. Hay un lenguaje muy paisa, costumbrista en el libro. ¿Hay una intención particular o es estilo?
Esteban Carlos Mejía: sentí que era el tono. En el fondo, Lalito es muy crítico con todo lo que significa la antioqueñidad, sus deseos de independencia, la comparación con Cataluña. El ejemplo es su papá y su mamá, que están contado en la citas.

5. Un personaje aparece en la sombra, la novia de Lalito, Carlota ¿Por qué no se desarrolla nunca, jamás aparece en serio salvo en los pie de página que por cierto son largos?
Esteban Carlos Mejía: esa historia está contada en unas notas a pie de página, que son muy largas, es cierto. No son frecuentes en la literatura. El que más las usó fue Borges. Yo, en mi primera novela, Mentiras al prójimo como a ti mismo, lo hice. Y me gustó. En esta lo hago mucho más a propósito. Las notas me permiten contar la vida de Lalito: sus padres, su novia y el viaje anterior a los pueblos de Antioquia por dónde pasa la caravana presidencial.

7. Dos escenas o narraciones son surrealistas y muy graciosas. La primera es cuando Lalito insulta y se burla de los guerrilleros y la segunda cuando manda a callar a los habitantes de Nariño: a callar bribones. ¿Esas escenas las vivió, visto o es para ambientar la novela?
Esteban Carlos Mejía: yo me inspire en Jaime Piedrahita Cardona, al lado de Carlos Gaviria los únicos candidatos de izquierda en la historia de Colombia. Mucho del candidato presidencial de la Fraternidad Eclética lo tiene él. El candidato era gago, Piedrahita era casi mudo, yo lo exagero. Piedrahita se sentaba y hablaba. Pero en manifestaciones públicas no podía. Yo trabajé a su lado como perifoneador durante su campaña a la presidencia, así que todo, o casi todo, lo viví.

8. El candidato presidencial se acuesta con mujeres mucho menores y subalternas ¿Eso también es de Piedrahíta?
Esteban Carlos Mejía: no, ni riesgos. En eso Piedrahita era muy estricto. Tenía su mujer y ya y le molestaba los que hacían esas cosas.

9. Lalito Graffía y sus compañeros ofrecen el monopolio de los medios a los empresarios, a las FARC y a los paramilitares. ¿En eso se resumen la política en este país: promesas incumplibles para ganar electores?
Esteban Carlos Mejía: la frase final del libro me llegó de pronto. El consuelo que queda de la derrota, es pedir del vencedor la cuota. Eso es la política en Colombia. En este país el fin justifica los medios, si tengo que prometer una locura a las FARC, los paramilitares y a los dos grupos empresariales lo hago. Lalito Graffía lo hace pero de una manera más inocente. Él cree en el partido, en la ideología.

10. Sobre la fraternidad ecléctica, Lalito Graffía dice textualmente: No es leninista, ni marxista, ni comunista, ni fascista, ni anarquista, ni socialdemócrata, ni liberal ni conservadora ni de derecha ni de centro sino todo lo contrario. ¿No hay en Colombia un partido con un programa que no sea otro que el poder a toda costa?
Esteban Carlos Mejía: si, aunque la situación del Polo es muy complicada, creo que el MOIR, como lo escribí en una columna anterior, es un partido exótico en Colombia y se salva. Es leninista. Tiene una concepción organizativa, ideológica y política, trata de ser coherente. En eso se diferencia de todos los partidos de este país que tiene ideología pero no maquinaría o tiene maquinaría pero no ideología. ¿Qué es el partido de la U, Liberal o Conservador? Una máquina sin ideología que no sea el poder, como la Fraternidad. El MOIR se inicia contra el foquismo guerrillero.

11. Lalito tiene mucho de esa concepción.
Esteban Carlos Mejía: Si, claro. Creo que es la salvación de la política. Que los problemas se resuelvan de manera civilizada. En la Asamblea popular francesa se adoptó los términos de izquierda, centro y derecha como una manera práctica según se sentaban en torno al presidente de la Asamblea. Pero es más llamativo que en el Parlamento Británico, el partido de gobierno se siente al fondo y el de oposición al frente. Cuando el Primer Ministro habla, lo hace a la oposición, no a sus seguidores. Lalito tiene esa concepción, como el MOIR. Si se acaba la lucha armada, la política deja de estar tan distorsionada. ¿De Uribe conmueve sus reformas a la salud o la reducción de las horas extras? No. Todo lo que ha hecho, en el campo que no es de la seguridad, es neoliberalismo ordinario. Sin las FARC no habría Uribe, sin lucha armada, el Polo avanzaría.

12. El Polo, un partido de izquierda, se encuentra en una disyuntiva: o Santos u oposición. En dos columnas ha cambiado de posición, primero votar en blanco y después por Santos. ¿Ahora cuál tiene?
Esteban Carlos Mejía: yo terminé votando por Santos con la nariz tapada siguiendo a Carlos Gaviria por el miedo que me producía Álvaro Uribe. Creo que las diferencias de forma son principales. Y aunque nunca me intereso el cuento de Santos por la paz, me pareció terrible lo que hizo Clara López: apoyar a Santos en un comercial con la bandera amarilla. Ahora las circunstancias son diferentes. ¿Cómo apoyar a Santos o a Uribe? Estoy de acuerdo con lo de retomar el rumbo, ni, ni. Ni Santos ni Uribe.

13. Al final del libro, cuando la campaña presidencial acaba, los partidos se distribuyen el poder ante la altísima tasa de abstencionismo. Me sentí como leyendo Ensayo sobre la Lucidez de Saramago.
Esteban Carlos Mejía: me inspiré en las elecciones de mitaca de Turbay Ayala en el 80. La abstención en el país fue de 79%. Si un candidato gana con el 11% y el otro con el 9%, pues le digo: ayudémonos. Es la política en Colombia.

14. ¿El libro terminó convirtiéndose, como decía Stendhal, en un pistoletazo en un sublime concierto?
Esteban Carlos Mejía: si, lo creo. Sin modestia, creo que el libro con los años irá gustando más. No es un chiste de 300 páginas. El libro pone a pensar y nos hace reir.
15. En la feria del libro presentó a Juan José Millas y a otros autores. ¿Cómo está la situación para los escritores en Medellín?  
Esteban Carlos Mejía: cuando era joven, las personas de mi edad que queríamos escribir estábamos bajo el parámetro del compromiso político, cambiar el mundo. Era una carga. Escribir, en esa época, me angustiaba. Doy clases en la universidad, y me encuentro con muchachos que escriben con gusto. Les digo: escribir es talento más oficio, lea, relea. Busque, como decía Gabo, las costuras al libro. No tienen preocupaciones por las normas. Es una generación que escribe por placer y ahí está la salvación.

16. Y el tema de las editoriales y las garantías.
Esteban Carlos Mejía: el mundo editorial es una pequeño réplica de la globalización neoliberal. Tres o cuatro transnacionales ocupan el mundo. Random House en inglés, Prisa y Planeta en Español y otra en fránces. Existe una concentración en estas editoriales que piensan la literatura como un producto de mercadeo y no como una obra de arte. Los escritores de las grandes editoriales son lo que se sabe, de antemano, que tendrán muy buenas ventas.
Paralelo surgió un grupo de pequeñas editoriales, como Sílaba, que publican a escritores que escriben por arte, por gusto. Yo, hasta ahora, empiezo a parecerme a ellos.

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