jueves, diciembre 13, 2018

Pinker y la progresofobia

Pinker y la progresofobia

Por: Moisés Wasserman

El Tiempo, Bogotá D.C., 25 de mayo de 2018

Los números llevan a concluir que nunca, en la historia de la humanidad, hemos estado mejor.

Steven Pinker, psicólogo-filólogo-filósofo, publicó hace poco su último libro, La ilustración hoy: un caso para la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso. Fue recibido como lo imaginó, con algún rechazo de la academia a su posición optimista. El comentarista económico Morgan Housel alguna vez decía que “se asume que los pesimistas lo quieren salvar a uno, mientras que los optimistas le quieren vender algo”.

Uno de los primeros capítulos se titula ‘La progresofobia’. Es una refutación anticipada de Pinker a sus contradictores. Afirma que hay quienes se autodenominan progresistas, pero que realmente odian el progreso. No a sus frutos, pues tienen carros, escriben en computadores y viajan en avión. Lo que odian es la idea de progreso; no les resulta posible aceptar que la comprensión del mundo es posible y que puede ayudar a mejorar la condición humana. Muchos de los gurús del pensamiento occidental los últimos 2 siglos han sido pesimistas. Para la academia es difícil manifestarse contra ellos, es “obvio” que el pesimista es más suspicaz, él no come cuento, ve cosas que a los otros les pasan desapercibidas.

Pero eso no solo pasa en la academia. El índice del planeta feliz, por ejemplo, clasificó a Colombia como el segundo país más feliz del mundo el 2006 y el tercero en 2012 y 2016. En las encuestas, la gente dice estar bien y mejorando. Sin embargo, cuando les preguntan cómo va el país, responden mayoritariamente que mal y empeorando.

Hay sesgos mentales que explican el hecho. Daniel Kahneman (psicólogo, nobel en economía) lo describe como una “heurística de disponibilidad”. La gente cree que son más frecuentes e importantes los hechos recientes, o aquellos que llamaron dramáticamente su atención. Si hoy se preguntara a los colombianos sobre fuentes de energía, dirían que la hidroeléctrica es la que causa mayor impacto negativo.

La prensa, sin culpa, tiene que ver. Necesariamente se informa lo que pasa, no lo que no pasa. Sería muy extraño un titular que dijera: ‘Hoy no sucedió un asesinato que pudo haber sucedido’. En cambio, el lector lee siempre sobre asesinatos que sí sucedieron. Johan Galtung, sociólogo-matemático (qué buena combinación) e investigador de los conflictos, propone como ejercicio mental imaginar las noticias de un periódico que se publique solo cada 50 años. No serían chismes ni un listado de accidentes. Desde 1968 hasta hoy serían noticia el surgimiento de los movimientos que reivindican derechos de grupos oprimidos, las mejoras en salud y educación, la disminución de la mortalidad infantil y el aumento de longevidad, entre otras.

Se ha criticado el libro de Pinker por no ser un profundo estudio filosófico. No pretendió nunca serlo. Hace lo que recomendó, que es contar, recoger números por periodos largos. Esos números llevan a concluir que nunca, en la historia de la humanidad, hemos estado mejor.

Siempre será posible construir alguna teoría que genere dudas filosóficas sobre el significado de “mejor”. Confieso (asumiendo humildemente la calificación de superficial) que me parece mejor que mueran menos niños antes de cumplir 5 años, que las personas consuman más alimentos y vivan más sanos por más tiempo, que la pobreza disminuya y que más gente tenga acceso a educación. Pinker no construyó una teoría evolutiva sobre el progreso (sería interesante que alguien lo hiciera), recogió hechos, números, que son reales e incontrovertibles. La cuantificación es necesaria y, en el fondo, altruista (a pesar del disgusto que produce en algunos). Los números hacen que la gente entienda tendencias generales y no actúe motivada por intuiciones falsas, que son las primeras en asomar cuando uno se pone a evaluar cómo es que va el mundo.

@mwassermannl

 

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