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Un audífono para escuchar al universo

Un audífono para escuchar al universo

Redacción vivir, Elespectador.com, 20 febrero de 2011

Liderados por el premio Nobel Samuel Ting, más de 600 científicos esperan demostrar la existencia de la llamada “materia oscura”.

Una inversión superior a los 350 millones de euros y la colaboración de más de 600 científicos, ingenieros y técnicos pertenecientes a 16 naciones implicó la construcción del Espectrómetro Magnético Alfa, una especie de “audífono espacial” capaz de detectar partículas atómicas.

Con este costoso y complejo aparato, sus constructores aspiran a develar uno de los misterios de la ciencia: la composición del universo.

Hasta la fecha, los físicos apenas han logrado dar cuenta del 5% de la materia y la energía que compone el universo. Se calcula que un 20 por ciento restante consistiría en un misterioso tipo de materia que no emite ni absorbe radiación electromagnética, denominada materia oscura. El otro 75% correspondería a una misteriosa fuerza repulsiva responsable de la acelerada velocidad con que unas estrellas se separan de otras. Una fuerza conocida como energía oscura.

Estados Unidos, Italia, Alemania, Francia, Suiza, Taiwán y España son los países que lideran el proyecto científico, considerado uno de los de mayor envergadura en la historia de la ciencia. El premio Nobel de Física en 1976 Samuel Ting está a la cabeza del grupo.

El lanzamiento de este instrumento de alta precisión al espacio, rumbo a la Estación Espacial Internacional, se tiene previsto para el próximo 19 de abril, coincidiendo con el centenario del descubrimiento de los rayos cósmicos por el físico austríaco Víctor F. Hess.

Según los físicos que lideran el proyecto, si la teoría del Bing-Bang es cierta y en el cosmos aún perduran restos de la antimateria primaria que se formó en el universo hace millones de años, el Espectrómetro Magnético Alfa podría detectarlos y demostrar lo que hasta ahora han sido sólo especulaciones.

Al menos durante los próximos diez años, el superaudífono estará encendido esperando atrapar alguna señal del momento en que se formó el universo. Los datos recabados por el costoso instrumento serán transmitidos vía satélite a distintas estaciones de Estados Unidos, así como al Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN), donde serán procesados y analizados.

La microgravedad, la radiación, el vacío, los ciclos térmicos, las vibraciones, las aceleraciones y la imposibilidad de reparar o mejorar las prestaciones del detector son algunos de los obstáculos a los que se enfrentarán sus promotores.

Uno de los beneficios extras que se obtendrían del proyecto es información acerca de las dosis de radiación a las que se expondrían las tripulaciones de futuros viajes espaciales de muy largo recorrido.

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