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Diego_Otero_ISAGENPor: Diego Otero Prada. Miembro de la Red por la Justicia Tributaria en Colombia.

Nunca se había visto en el país un paro agrario nacional. Esto es un acontecimiento. Ni tampoco tanto apoyo urbano.

Estamos en un cambio de la tendencia que traía Colombia de pasividad de la ciudadanía. Con el paro agrario se modificó todo. El país despertó, el miedo desapareció, ya a la gente no le preocupa que la acusen de ser amiga de las Farc porque protesta y sale a la calle.

El levantamiento agrario pone en evidencia  ante el país el olvido del agro, de las injusticias de  siglos, de la desidia oficial y de los partidos tradicionales, que aquí ha estado el problema de violencia en Colombia, del conflicto interno.

Pero  mucho más se ha destapado. Se ha puesto en evidencia el arma de destrucción masiva que es el neoliberalismo con sus TLCs, su apertura indiscriminada, el control de los monopolios y del sector financiero  de la economía, la degradación de los salarios, la circulación sin límites del capital, la pobreza, la desigualdad de ingresos y de capital, la corrupción de la clase política, la justicia inoperante y que favorece a los poderosos, en fin, que el país no es el paraíso que pintan el Presiden te, su  ministro de Hacienda y el ex embajador de los Estados Unidos.

Qué hermoso oír hablar a los campesinos de los estragos de los tratados de libre comercio. No fueron necesarios charlas, conferencias y arengas para explicarles el daño de los TLCs. Ellos los están sintiendo en carne propia, ya entienden como perjudican sus intereses y perciben claramente que son  nocivos. Los únicos con oídos sordos son el Presidente y su gabinete neoliberal radical.

Pero las clases urbanas, los industriales, los ingenieros, los consultores, los artesanos también han entrado en conciencia  de lo perjudicial que es la política económica   neoliberal para la producción nacional que está siendo suplantada por la proveniente del extranjero.

El gobierno tratará de engañar a los campesinos, a los industriales y a los ingenieros con promesas de cambios menores que no toquen el modelo. No van a ceder en no firmar más TLCs y renegociar los ya firmados, de actuar sobre la tasa de cambio para eliminar la revaluación, de aplicar algunas medidas proteccionistas, de fijar precios de sustentación, de acabar con los subsidios a los sectores minero, hotelero y financiero, de llevar a cabo una verdadera reforma  tributaria, de no privatizar a Isagen, Isa y Ecopetrol, de diseñar una real política de ciencia y tecnología que dependa de los científicos y no de los políticos, de  bajar los precios de los energéticos, en fin, de cambiar el modelo.

La presión está obligando al gobierno a ceder en puntos para levantar el paro, pero son soluciones de corto plazo que no resolverán los problemas estructurales. De todas formas, queda claro que la movilización manda, que el gobierno se ha visto forzado a hablar, que la ha tocado ceder Está ganando tiempo, pero como no está arreglando los asuntos de fondo, porque los problemas reaparecerán, hay que prepararse para las futuras movilizaciones.

Para vencer al neoliberalismo se requiere una coalición amplia que incluya a todos los afectados, es decir, a la mayoría del país: a los agricultores, a los pequeños y medianos mineros, a los industriales, a los ingenieros, a los hogares, para construir un movimiento que derrote a los partidos tradicionales, que son los que vienen  implementando el modelo desde 1991.

Esto es una necesidad urgente si queremos entregar un país con futuro a los hijos y a los nietos. De lo contrario, seguiremos en el mejor país de Santos y de Mauricio Cárdenas.