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Por Giovanni Herrera, Manizales, abril de 2010

“Finalmente, bajo condiciones variables de vida, los seres orgánicos presentan diferencias individuales en casi todas las partes de su estructura, y esto no puede disputarse; si hay una lucha rigurosa por la existencia debido a la proporción geométrica de aumento en alguna época, estación o año, esto tampoco puede disputarse seriamente. Considerando la infinita complejidad en las relaciones de todos los seres orgánicos entre sí y con sus condiciones de vida, origen de infinita diversidad de estructura, constitución y hábitos que han de ser ventajosos, sería un hecho extraordinario que jamás hubieran ocurrido variaciones útiles para el propio bienestar de cada ser, de la misma manera que han ocurrido tantas variaciones útiles para el hombre. Pero si estas ocurren alguna vez para cualquier ser orgánico, seguramente los individuos que los posean tendrán las mayores probabilidades de conservarse en la lucha por la existencia; y por el principio de la herencia tenderán a producir descendencia semejantemente caracterizada. A este principio de conservación, o a la supervivencia de los más aptos, hemos llamado selección natural, que conduce al mejoramiento de cada criatura con relación a sus condiciones orgánicas e inorgánicas de vida, y en consecuencia, en la mayoría de los casos, a lo que pudiera considerarse como adelanto en la organización.”

CHARLES DARWIN El Origen de las Especies Cap. IV

Charles Robert Darwin nació en Sherewsbury el 12 de febrero de 1809. Fue el segundo hijo varón de una afamada familia de tradición en el campo de la medicina. Su abuelo paterno, Erasmus Darwin (D2), fue también un conocido médico e importante naturalista, autor de un extenso poema en pareados heroicos que presentaba una alegoría del sistema linneano (D3) de clasificación sexual de las plantas, el cual fue un éxito literario del momento. Ya desde la infancia dio muestras de un gusto por la historia natural que él consideró innato y, en especial, de una gran afición por coleccionar cosas (conchas, sellos, monedas, minerales) el tipo de pasión.

En octubre de 1825 Darwin ingresó en la Universidad de Edimburgo para estudiar medicina por decisión de su padre, al que siempre recordó con cariño y admiración. Sin embargo Darwin no consiguió interesarse por la carrera; a la repugnancia por las operaciones quirúrgicas y a la incapacidad del profesorado para captar su atención, vino a sumarse el creciente convencimiento de que la herencia de su padre le iba a permitir una confortable subsistencia sin necesidad de ejercer una profesión como la de médico. De modo que, al cabo de dos cursos, su padre, dispuesto a impedir que se convirtiera en un ocioso hijo de familia, le propuso una carrera eclesiástica. Tras resolver los propios escrúpulos acerca de su fe, Darwin aceptó con gusto la idea de llegar a ser un clérigo rural y, a principios de 1828, después de haber refrescado su formación clásica, ingresó en el Christ’s College de Cambridge.

Más que de los estudios académicos que se vio obligado a cursar, Darwin extrajo provecho en Cambridge de su asistencia voluntaria a las clases del botánico y entomólogo reverendo John Henslow(D4), cuya amistad le reportó «un beneficio inestimable» y que tuvo una intervención directa en dos acontecimientos que determinaron su futuro: por una parte, al término de sus estudios en abril de 1831, Henslow le convenció de que se interesase por la geología, materia por la que las clases recibidas en Edimburgo le habían hecho concebir verdadera aversión, y le presentó a Adam Sedgwick(D5), fundador del sistema cambriano, quien inició precisamente sus estudios sobre el mismo en una expedición al norte de Gales realizada en abril de ese mismo año en compañía de Darwin (treinta años más tarde, Henslow se vería obligado a defender al discípulo común ante las violentas críticas dirigidas por Sedgwick a las ideas evolucionistas); por otra parte, lo que es aún más importante, fue Henslow quien le proporcionó a Darwin la oportunidad de embarcarse como naturalista con el capitán Robert Fitzroy(D6) y acompañarle en el viaje que éste se proponía realizar a bordo del Beagle alrededor del mundo.

El 27 de diciembre de 1831 el Beagle zarpó de Davenport con Darwin a bordo y dispuesto a comenzar la que él llamó su «segunda vida», tras dos meses de desalentadora espera en Plymouth, mientras la nave era reparada de los desperfectos ocasionados en su viaje anterior, y después de que la galerna frustrara dos intentos de partida. Durante ese tiempo, Darwin experimentó «palpitaciones y dolores en el corazón» de origen más que probablemente nervioso, como quizá también lo habrían de ser más tarde sus frecuentes postraciones. Sin saberlo, Darwin había corrido el riesgo de ser rechazado por Fitzroy, ya que éste, convencido seguidor de las teorías fisiognómicas del sacerdote suizo Johann Caspar Lavater estimó en un principio que la nariz del naturalista no revelaba energía y determinación suficientes para la empresa.

El periplo (D7), de casi cinco años de duración, llevó a Darwin a lo largo de las costas de América del Sur, para regresar luego durante el último año visitando las islas Galápagos, Tahití, Nueva Zelanda, Australia, Mauricio y Sudáfrica. Durante ese período su talante experimentó una profunda transformación. La antigua pasión por la caza sobrevivió los dos primeros años con toda su fuerza y fue él mismo quien se encargó de disparar sobre los pájaros y animales que pasaron a engrosar sus colecciones; (D8) poco a poco, sin embargo, esta tarea fue quedando encomendada a su criado a medida que su atención resultaba cada vez más absorbida por los aspectos científicos de su actividad.

El estudio de la geología fue, en un principio, el factor que más contribuyó a convertir el viaje en la verdadera formación de Darwin como investigador, ya que con él entró inexcusablemente en juego la necesidad de razonar. Darwin se llevó consigo el primer volumen de los Principles of Geology de Charles Lyell(D9), autor de la teoría llamada de las causas actuales y que habría de ser su colaborador en la exposición del evolucionismo.

Desde su llegada en 1836 hasta comienzos de 1839 Darwin vivió los meses más activos de su vida, pese a las pérdidas de tiempo que le supuso el sentirse ocasionalmente indispuesto. Trabajó en la redacción de su diario del viaje (publicado en 1839) y en la elaboración de dos textos que dieran cuenta de sus observaciones geológicas y zoológicas. Se trasladó a Londres desde marzo de 1837, y se dedicó a «hacer un poco de sociedad», actuando como secretario honorario de la Geological Society y tomando contacto con Lyell. En julio de ese año empezó a escribir su primer cuaderno de notas sobre sus nuevos puntos de vista acerca de la «transmutación de las especies», que se le fueron imponiendo al reflexionar acerca de sus propias observaciones sobre la clasificación, las afinidades y los instintos de los animales, y también como consecuencia de un estudio exhaustivo de cuantas informaciones pudo recoger relativas a las transformaciones experimentadas por especies de plantas y animales domésticos debido a la intervención de criadores y horticultores.

Cuando tenía 27 años, había reunido una mayor cantidad de información científica que la acumulada por la mayoría de las personas durante toda su vida. Su producción abarcó 17 libros y más de 150 artículos. La revolución intelectual generada por Darwin abarcó mucho más que la biología, produciendo el derrumbe de algunas creencias fundamentales de su época. Darwin contradijo la creencia en una creación individual y definitiva de cada especie, introdujo la idea de que los humanos hemos surgido evolutivamente de acuerdo a los mismos principios que operan en le resto del mundo viviente. Cambió la noción de un mundo natural estable y benéfico por el concepto de lucha por la existencia. Las nociones victorianas de progreso y perfectibilidad fueron reemplazadas por cambio y adaptación que no conducen necesariamente al progreso y la perfección.

Sus investigaciones, realizadas sobre la base de, pronto le convencieron de que la selección era la clave del éxito humano en la obtención de mejoras útiles en las razas de plantas y animales. La posibilidad de que esa misma selección actuara sobre los organismos que vivían en un estado natural se le hizo patente cuando en octubre de 1838 leyó y analizó el ensayo de Thomas R. Malthus (D10) sobre la población, dispuesto como se hallaba, por sus prolongadas observaciones sobre los hábitos de animales y plantas, a percibir la presencia universal de la lucha por la existencia, se le ocurrió al instante que, en esas circunstancias, las variaciones favorables tenderían a conservarse, mientras que las desfavorables desaparecerían, con el resultado de la formación de nuevas especies. Darwin estimó que, «al fin, había conseguido una teoría con la que trabajar»; sin embargo, preocupado por evitar los prejuicios, decidió abstenerse por un tiempo de «escribir siquiera el más sucinto esbozo de la misma.»

A comienzos de 1856 Lyell aconsejó a Darwin que trabajara en el completo desarrollo de sus ideas acerca de la evolución de las especies. Darwin emprendió entonces la redacción de una obra que, aun estando concebida a una escala tres o cuatro veces superior de la que luego había de ser la del texto efectivamente publicado, representaba, en su opinión, un mero resumen del material recogido al respecto. Pero, cuando se hallaba hacia la mitad del trabajo, sus planes se fueron al traste por un suceso que precipitó los acontecimientos: en el verano de 1858 recibió un manuscrito que contenía una breve pero explícita exposición de una teoría de la evolución por selección natural, que coincidía exactamente con sus propios puntos de vista. El texto, remitido desde la isla de Ternate, en las Molucas, era obra de Alfred Russell Wallace (11-12), un naturalista que desde 1854 se hallaba en el archipiélago malayo y que ya en 1856 había enviado a Darwin un artículo sobre la aparición de especies nuevas con el que éste se sintió ampliamente identificado. En su nuevo trabajo, Wallace hablaba como Darwin, de «lucha por la existencia», una idea que, curiosamente, también le había venido inspirada por la lectura de Malthus. Darwin puso a Lyell en antecedentes del asunto y le comunicó sus vacilaciones acerca de cómo proceder respecto de la publicación de sus propias teorías, llegando a manifestar su intención de destruir sus propios escritos antes que aparecer como un usurpador de los derechos de Wallace a la prioridad.

El incidente se saldó de manera salomónica merced a la intervención de Lyell y del botánico Joseph Dalton Hooker(13), futuro director de los Kew Gardens creados por su padre y uno de los principales defensores de las teorías evolucionistas de Darwin, con quien le unió una estrecha amistad desde 1843. Siguiendo el consejo de ambos, Darwin resumió su manuscrito, que fue presentado por Lyell y Hooker ante la Linnean Society el 1 de julio de 1858, junto con el trabajo de Wallace y con un extracto de una carta remitida por Darwin el 5 de septiembre de 1857 al botánico estadounidense Asa Gray (14), en el que constaba un esbozo de su teoría. Wallace no puso nunca en cuestión la corrección del procedimiento; más tarde, en 1887, manifestó su satisfacción por la manera en que todo se había desarrollado, aduciendo que él no poseía «el amor por el trabajo, el experimento y el detalle tan preeminente en Darwin, sin el cual cualquier cosa que yo hubiera podido escribir no habría convencido nunca a nadie».

Darwin se vio obligado a dejar de lado sus vacilaciones con lo que a la publicidad de sus ideas se refería y emprendió la tarea de reducir la dimensión de la obra que tenía entre manos para enviarla cuanto antes a la imprenta; los primeros 1.250 ejemplares se vendieron el mismo día de su aparición, el 24 de noviembre de 1859. Las implicaciones derivadas en el campo de lo teológico a partir de la obra, la cual atribuía a la selección natural facultades hasta entonces reservadas a la divinidad, fueron causa de que inmediatamente empezara a formarse una enconada oposición, capitaneada por el paleontólogo Richard Owen(15) quien veinte años atrás había acogido con entusiasmo las colecciones de fósiles traídas por Darwin de su viaje. En una memorable sesión de la British Association for the Advancement of Science que tuvo lugar en Oxford el 30 de junio de 1860, el obispo Samuel Wilberforce(16-17) en calidad de portavoz del partido de Owen ridiculizó con brillante elocuencia las tesis evolucionistas, provocando una contundente réplica por parte de Thomas Henry Huxley(18), zoólogo, quien fuera entonces, el principal defensor ante la oposición religiosa, de las tesis de Darwin, ganándose el sobrenombre de su bulldog. A la pregunta de Wilberforce sobre si a Huxley le hubiera sido indiferente saber que su abuelo había sido un mono, la respuesta inmediata fue, según el testimonio de Lyell: «Estaría en la misma situación que su señoría».

Darwin fue ante todo un gran observador, igualmente un gran teorizador, en ese sentido se asemeja a algunos físicos destacados de su época(19). La amplitud de sus intereses intelectuales e investigativos, lo convirtieron en un forjador de puentes entre diversas disciplinas. Fue muy audaz en la teorización. Darwin fue una interesante mezcla de una mente brillante, una gran audacia intelectual, y la habilidad para combinar las mejores cualidades de un naturalista observador, un teórico y un experimentador. Con Darwin aparece un nuevo tipo de naturalista, ante todo viajeros que van al terreno a examinar el material, naturalistas que van de isla en isla, de continente a continente, estudiando los seres vivos en el lugar en que viven, comparando sus formas, hábitats y costumbres.

La explicación propuesta por Darwin (y Wallace) respecto a la forma en que ocurre la evolución, puede resumirse de la siguiente manera:

* La posibilidad de variación es característica de todas las especies de animales y plantas. Darwin (y Wallace) suponía que la variación era una de las propiedades innatas de los seres vivos. Hoy sabemos distinguir las variaciones heredadas de las no heredadas. Sólo las primeras, producidas por mutaciones, son importantes en la evolución.

* De cualquier especie nacen más individuos de los que pueden obtener su alimento y sobrevivir. Sin embargo, como el número de individuos de cada especie sigue más o menos constante bajo condiciones naturales, debe deducirse que perece un porcentaje de la descendencia en cada generación. Si la descendencia de una especie prosperara en su totalidad, y sucesivamente se reprodujera, pronto avasallaría cualquiera otra especie sobre la Tierra.

* Sentado que nacen más sujetos de los que pueden sobrevivir, tiene que declararse una lucha por la existencia, una competencia en busca de espacio y alimento. Esta lucha es directa o indirecta, como la de los animales y vegetales para sobrevivir ante condiciones de falta de agua o de bajas temperaturas o a otras condiciones desfavorables del medio ambiente.

* Aquellas variaciones que capacitan mejor a un organismo para sobrevivir en un medio ambiente dado favorecerán a sus poseedores sobre otros organismos menos bien adaptados. Las ideas de la “lucha por la supervivencia” y “supervivencia del más apto” son la esencia de la teoría de la selección natural, de Darwin y Wallace.

* Los individuos supervivientes originarán la siguiente generación, y de este modo se transmiten variaciones “aventajadas” a la siguiente generación y a la siguiente. Un factor muy importante que contribuyó al éxito del pensamiento de Darwin, fue el ambiente intelectual de la primera mitad del siglo XIX y la habilidad de este para aprovecharla. A comienzos del siglo XIX se contaba con varios conceptos básicos necesarios para la consolidación de las ideas evolucionistas:

(1) Estaba en pleno apogeo la descripción de nuevas especies de plantas y animales, estimulada por los viajes geográficos y la introducción del sistema linneano;

(2) Los esfuerzos de sistemáticos, anatomistas y embriológicos, habían destacado las estrechas similitudes entre muchos grupos diferentes;

(3) Se había aceptado la existencia de especies fósiles ya extinguidas;

(4) Los geólogos William Smith y Sir Charles Lyell habían puesto de manifiesto que las sucesiones de fósiles cambiaban continuamente en las distintas etapas geológicas;

(5) Se había descartado la idea de la “generación espontánea”, se aceptaba que al menos la mayoría de los organismos descendían de organismos preexistentes a través de la herencia biológica;

(6) Otro importante elemento fue el nuevo concepto de la distribución geográfica de las plantas, desarrollado por Joseph Hooker y Asa Gray;

(7) Los alemanes del movimiento de la Naturphilosophie. que había desaparecido alrededor de 1830, expresaron ideas tales como el reconocimiento de las homologías anatómicas, explicables a través del desarrollo embriológico;

(8) La escuela de Leibniz había desarrollado la idea de “escala de la naturaleza”, según la cual no existían discontinuidades en una cadena que iba desde los objetos inanimados hasta el hombre.

En diciembre de 1881 viajó a Londres a visitar a una de sus hijas y sufrió un desvanecimiento en la calle. En el invierno de 1882, escribió a un amigo: “mi carrera está casi concluida”. Posteriormente los desmayos se hicieron más frecuentes. Sin embargo, no dejó de trabajar. Decía: “Cuando me vea obligado a renunciar a la observación y a la experimentación, moriré”. Trabajó hasta el 17 de abril de 1882. Tras un colapso agudo que sufrió en la noche del 18 de abril, la gravedad de su estado se hizo irreversible, produciéndose su muerte a las tres y media de la tarde del día 19 de abril de 1882, a los 73 años.

Es importante resaltar que Darwin fue el iniciador de la mayor revolución en la historia del pensamiento. Se designó como “darvinismo” al cuerpo doctrinal de carácter naturalista, sociológico y psicológico que explica las transformaciones graduales, continuas e irreversibles del mundo sobre la base de la selección natural, que lleva a la supervivencia, propagación y combinación de los caracteres más adecuados. El trabajo de Darwin llevó a la ruptura de las ciencias naturales con el dogma de la creación independiente de las especies y a su vez la vida, comenzó a representarse como un gran árbol con millones de ramificaciones. El darvinismo fue considerado en un momento, así como antes lo había sido el copernicanismo, como un grave ataque a la concepción cristiana del mundo, e interpretado como una profunda perturbación de su sentido cristiano.

La obra de Darwin surgió con la constante ayuda de un grupo de eminentes investigadores, amigos con los cuales mantuvo un contacto mediante reuniones o correspondencia. Este selecto círculo íntimo de amigos de Charles Darwin estaba formado por Sir Charles Lyell, Sir Joseph Dalton Hooker, Thomas Henry Huxley, Sir John Lubbock, Alfred Russell Wallace y Asa Gray.

Sir Charles Lyell (1797-1875). Geólogo. Cambió la carrera de derecho por la de geología luego de asistir a unas conferencias de William Buckland, en Oxford. Era el mayor del grupo, con gran diferencia, y el único que falleció antes que Darwin. Charles Darwin leyó su libro “Principles of Geology” mientras realizaba su viaje alrededor del mundo y dijo: “Pienso realmente que mis libros proceden a medias del cerebro de Lyell. Veo por sus ojos”. Charles Lyell tuvo interés por conocer personalmente a Darwin, mientras éste se encontraba en el Beagle. Llegado Darwin de su viaje, Lyell lo invitó a cenar a su casa, iniciando una larga amistad. Al igual que Darwin se había interesado en su juventud por los insectos y las aves. Durante años animó a Darwin en privado para que continuara con su trabajo, aunque no se decidía a apoyar a su amigo en sus ideas. Después de una larga oposición, terminó aceptando las ideas evolucionistas, pero rechazó la selección natural y no incluyó al hombre en la evolución. Estuvo en EE.UU., Canadá y casi todos los países europeos.

Asa Gray (1810-1888). Botánico norteamericano, que viajó mucho. Dejó la carrera de medicina para estudiar botánica y llegó a ser el principal especialista norteamericano en taxonomía vegetal. Se conocieron con Darwin en 1851, en casa de Sir William Hooker, manteniendo desde 1855 una correspondencia en forma regular. En 1857 Darwin le expuso las líneas generales de su teoría de la evolución y sus intenciones de publicar un libro al respecto. Asa Gray fue un hombre extremadamente religioso. Darwin lo calificaba como “un cruce complejo de abogado, poeta, naturalista y teólogo”. Tomó parte activa en los trabajos botánicos de Darwin. Fue el primer darvinista importante de EE. UU., pero no estaba de acuerdo en que la selección natural hubiese participado en el origen del ser humano. Expuso sus ideas en una serie de ensayos publicados en 1876 con el nombre de “Darwiniana”. Pensaba que un Dios bienintencionado suministraba a la naturaleza las variaciones beneficiosas.

Sir Joseph Dalton Hooker (1817-1911). Botánico, como su padre Sir William Hooker. De joven guardaba bajo su almohada las pruebas de imprenta del diario de Viajes publicado por Darwin en 1839, que había obtenido de su padre. Se conocieron con Charles Darwin en mayo de 1839. Le fue presentado por Robert MacCormick cuando Hooker y MacCormick se preparaban para iniciar un viaje como naturalistas de la expedición del capitán Ross al hemisferio sur y la Antártida, viajando por Australia, Nueva Zelanda, África del Sur y Sudamérica. Emprendió otros viajes, incluyendo uno durante tres años y medio por la zona del Himalayas. Fue director de los Jardines Botánicos Reales de Kew. Amigo y consejero de Darwin en problemas científicos, sobre todo botánicos, y personales. Apoyó a las ideas evolucionistas de Darwin desde 1860 y le entregó valiosa información sobre la distribución de los vegetales en todo el mundo.

Alfred Russell Wallace (1823-1913). Zoólogo y biogeógrafo. Comenzó su carrera como guarda territorial y fue maestro de escuela en Leicester. En 1848 viajó a Sudamérica con Henry Walter Bates para colectar material zoológico y botánico. Se conocieron con Charles Darwin en 1853, en el Museo Británico. Al año siguiente se embarcó en otra expedición coleccionista, en el Archipiélago Malayo. Independientemente de Darwin, desarrolló la idea de la selección natural como el más importante factor de la evolución biológica, y en 1858 presentaron en conjunto en la Sociedad Linneana sendos trabajos al respecto. Mantuvo una frecuente correspondencia con Darwin sobre diferentes materias y después de su vuelta de Indonesia fue un asiduo visitante en Down.

Thomas Henry Huxley (1825-1895). Biólogo y zoólogo, publicó importantes estudios sobre vertebrados, invertebrados marinos y fósiles. Estudió medicina, fue médico de la marina inglesa. Se conocieron con Darwin por intermedio de Joseph Dalton Hooker, también en 1851, cuando Hooker volvía de un viaje de tres años por los Himalayas. Huxley había vuelto el año anterior de un viaje alrededor del mundo que duró cuatro años, con el capitán Stanlay en el barco H. M. S. Rattlesnake, trabajando como cirujano ayudante. Thomas Henry Huxley se autodefinió como el “bulldog” de Darwin, porque participó activamente en su defensa. Fue famosa su polémica con el arzobispo anglicano Samuel Wilberforce ocurrida el 30 de junio de 1860 en la Asociación Británica para el Progreso de las Ciencias. Escribió sobre educación científica y sobre las implicaciones de la teoría evolutiva para la filosofía y la ética.

Sir John Lubbock (1834-1913). Prehistoriador, político y banquero. Se convirtió en el “hijo científico” de Charles Darwin, y éste en su maestro y mentor, cuando los Darwin se mudaron a su propiedad de Dawn House, a kilómetro y medio de la de los Lubbock. Siendo joven, le dijo a Darwin que sus objetivos eran ser alcalde de Londres, ministro de Economía y Hacienda y presidente de la Royal Society. Darwin le contestó que podría lograr cualquiera de ellos si abandonaba a los otros dos, pero Lubbock ignoró el consejo y no consiguió ninguna de sus tres metas. Confirmó la existencia de la edad glacial en Inglaterra, y realizó importantes estudios en los campos de la psicología comparada, la prehistoria y la conducta de los insectos sociales.