Desplazamientos en 52% del territorio tardan más de 10 horas

Jul 29, 2016

La República julio 29, 2016 De las 114 millones de hectáreas que tiene Colombia, 52% tiene serias dificultades en temas de desplazamiento por redes viales. Así lo asegura un documento de la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (Upra) que detalla según cifras de 2015 el tiempo que tarda una persona en movilizarse por las carreteras […]

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La República julio 29, 2016

De las 114 millones de hectáreas que tiene Colombia, 52% tiene serias dificultades en temas de desplazamiento por redes viales. Así lo asegura un documento de la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (Upra) que detalla según cifras de 2015 el tiempo que tarda una persona en movilizarse por las carreteras actuales.

El departamento más crítico en el tema es Amazonas: casi la totalidad de su territorio, presenta problemas en el desplazamiento vial desde su capital, Leticia, hasta corregimientos dentro del mismo como La Victoria, La Pedrera o Puerto Alegría. Según el estudio, más de 10 horas tardaría un vehículo en transportarse en el departamento.

En los alrededores de la cabecera municipal los tiempos de desplazamiento varían entre una y cinco horas, o menos, situación que en el estudio de la Upra se repite en Vaupés donde hay problemas para llegar desde Mitú hasta poblaciones como Tarairá o Pacoa.

Según Jairo Herrera Murillo, presidente de la Asociación Nacional de Empresas Transportadoras de Carga (Asecarga), el estado de las vías terciarias afecta la competitividad en las periferias. “Vemos con buenos ojos las vías 4G porque genera competitividad, pero si vamos a las regiones del país y vemos las vías terciarias son caminos de herradura. Dediquémosle parte del presupuesto y atención a estas vías”, resaltó Herrera.

El estado de las vías terciarias es precisamente una de las principales quejas que sectores como el agropecuario tienen y que impiden avanzar.

Según un estudio de Fedesarrollo presentado en 2013 la red vial tanto secundaria como terciaria es indispensable para el desarrollo de las regiones.

Cifras del Ministerio de Transporte muestran que en Colombia hay más de 154.207 kilómetros que componen la red vial terciaria, de los cuales más de 65% pertenecen a los municipios, es decir 110.419 kilómetros.

Otra zona del país afectada es el pacífico, en especial la zona de influencia de importantes puertos como el de Buenaventura. Las costas de departamentos como Nariño, Cauca, Valle y Chocó presentan cifras en rojo y sus tiempos de desplazamiento desde sus capitales también pasan las 10 horas.

Para Herrera, el tema del tiempo invertido en las vías afecta considerablemente el precio de los productos que se transportan, en especial al gremio de carga.

“La demora en llevar mercancía se debe al mal estado de la vía. Mientras haya más mal estado, será más tiempo, más combustible, más llantas, se desmejora el vehículo, y eso genera costos mayores, más fletes y disminuye la competitividad”, dijo el presidente de Asecarga.

Mientras el tema es crítico en esas regiones, departamentos como Atlántico están bien en desplazamientos en más de 50% de su territorio, hecho similar al departamento del Cesar donde los tiempos bajan entre cinco y siete horas en sus zonas limítrofes con el departamento de Norte de Santander.

Cundinamarca, Huila, Boyacá y Santander también aparecen con cifras positivas en el documento de la Upra, representando con otros departamentos 3% del total  del país con acceso en menos de una hora desde sus capitales, representando 3.211.637 de hectáreas.

La Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC) ha aconsejado al Gobierno ensayar el sistema de transporte multimodal para generar más competitividad en las zonas de Colombia donde existen aún retrasos por mal estado o ausencia de vías terciarias.

“Tenemos que recoger las enseñanzas del anterior paro camionero: la dependencia del país en el tema terrestre no es lo más aconsejable. La red vial es insuficiente y hay que buscar alternativas para hacer un ferrocarril y buscar navegabilidad en ríos y tener un sistema de transporte multimodal, una combinación de los tres. Es lo más aconsejable”, señaló Rafael Mejía, presidente del gremio.

Para la SAC, los efectos económicos a estas zonas con retrasos en desplazamiento impiden realizar cualquier tipo de actividad y hacen que pequeños y medianos agricultores no sean competitivos con las demandas actuales de los mercados.

Lo positivo hasta ahora es que en los planes del Gobierno sí está mejorar la red de vías terciarias.

Las Opiniones

Jairo Herrera Murillo
Presidente de Asecarga

“Las 4G son las arterias, pero las vías terciarias son también parte importante, como si fueran un sistema circulatorio a las que hay que ponerles gran empeño”.

Rafael Mejía
Presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia

“La red vial es insuficiente y hay que buscar alternativas para hacer un ferrocarril y buscar navegabilidad en ríos y tener un sistema de transporte multimodal”.

Para contactar al autor de esta nota:

Jairo Soto Hernández

jsoto@larepublica.com.co

Editor de esta nota:
María Carolina Ramírez B.
mcramirez@larepublica.com.co
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El gobierno de Gustavo Petro ha tomado decisiones en materia energética basadas en una lectura equivocada de la estructura energética del país. La suspensión de nuevas exploraciones de hidrocarburos aceleró el paso de Colombia desde una relativa autosuficiencia hacia una creciente dependencia del gas importado, con implicaciones económicas y de seguridad energética que comienzan a sentirse.

Esta situación se vuelve aún más delicada en el contexto climático actual. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) ha confirmado la formación de un “súper Niño”, el fenómeno más intenso de la última década. En un país donde cerca del 70% de la electricidad depende del agua almacenada en embalses, los episodios prolongados de sequía no son un asunto menor. Cuando el nivel de los embalses cae, el sistema eléctrico colombiano depende de la activación de plantas térmicas que funcionan principalmente con gas.

Allí aparece el cuello de botella. Colombia ya no dispone del gas suficiente para operar plenamente esas plantas en escenarios de sequía prolongada. La escasez ya mostró sus efectos. Durante el último año, los precios de la energía en bolsa se dispararon más de 200%, reflejando las tensiones crecientes entre oferta energética, disponibilidad de combustibles y condiciones climáticas adversas.

Torre de perforación asociada a exploración de gas natural

El punto de quiebre llegó en diciembre de 2024, cuando Colombia vivió un hecho inédito en más de cuatro décadas: por primera vez en 45 años el país tuvo que importar gas para garantizar la demanda esencial de hogares y comercio. Este es el resultado de una tendencia preocupante. Las reservas nacionales han venido cayendo y la producción se redujo cerca de 9% en el último año.

Como consecuencia, Colombia se ve obligada a comprar gas en los mercados internacionales a precios mucho más altos. Mientras el gas producido localmente ronda los 6 dólares por unidad, el importado puede costar entre 15 y 16 dólares. En un escenario de mayor dependencia externa, agravado además por las tensiones derivadas de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, las facturas de energía podrían aumentar entre 30% y 40%, Según el exministro Amylkar Acosta.

Gustavo Petro habla en conferencia sobre transición energética

La pregunta inevitable es por qué el país enfrenta hoy esta escasez. Una de las razones centrales es el freno deliberado a la exploración de hidrocarburos. Diversos expertos han señalado que decisiones como la suspensión de los pilotos de fracking han cerrado la puerta a esta tecnología que en su versión 6.0 incorpora cambios tecnológicos frente al tradicional, destacándose por el uso de CO2 capturado en lugar de grandes volúmenes de agua, la integración de inteligencia artificial para anticipar y mitigar impactos ambientales y una reducción significativa de emisiones. De acuerdo con Acosta, esta tecnología podría emitir hasta 8 veces menos CO2 por barril que la producción convencional en Colombia y, además, permitiría multiplicar por 8 las reservas de gas natural del país, lo que ayudaría a cubrir el déficit energético y reducir la dependencia de importaciones.

A esto se suma un problema conceptual en la forma como se está comunicando la transición energética desde el Gobierno. El presidente Petro tiende a confundir la matriz eléctrica con la matriz energética total. Aunque la electricidad en Colombia es mayoritariamente hidráulica, esta representa apenas alrededor del 18% del consumo energético total. El restante 82% sigue dependiendo de combustibles fósiles, especialmente petróleo y gas.

Presentar a Colombia como un país que ya dejó atrás la dependencia de los hidrocarburos no solo es incorrecto desde el punto de vista técnico; también puede generar señales equivocadas para la inversión. Desincentivar el desarrollo de los sectores de petróleo y gas en un momento en que siguen siendo la base del sistema energético nacional compromete la seguridad energética y debilita sectores indispensables para la reindustrialización del país.

La transición energética es necesaria, pero debe ser realista.

Desmontar el sistema energético existente sin contar con alternativas maduras y suficientes no es una transición ordenada: es un salto al vacío. Desde Cedetrabajo hemos insistido en que la política energética debe combinar la expansión de energías renovables con una gestión responsable de los recursos hidrocarburíferos durante el período de transición.

Si Colombia no reactiva la exploración y no destraba proyectos estratégicos como el yacimiento Sirius en el Caribe, hoy afectado por la paralización de las licencias ambientales, el país seguirá perdiendo soberanía energética. En ese escenario, la dependencia de importaciones será cada vez mayor y los costos terminarán trasladándose a hogares y empresas.

La transición energética no puede convertirse en una política de desmantelamiento prematuro del sistema energético. Debe ser, por el contrario, una estrategia de transformación gradual que preserve la seguridad energética del país mientras se construyen las bases de un nuevo modelo productivo. De lo contrario, la promesa de transición podría terminar desembocando en una tormenta perfecta.

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