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Colciencia_Guillermo Guevara Pardo, Tribuna Magisterial, septiembre 8 de 2013

Mientras la directora de Colciencias, Paula Marcela Arias (cuota burocrática entregada por Juan Manuel Santos al Partido Verde por su ingreso a la Mesa de Unidad Nacional), declaraba que en Colombia “faltan más y mejores científicos” denigrando así de los que aquí con mucho esfuerzo tratan de arrancarle algún secreto a la naturaleza, en el otro extremo del mundo un joven físico colombiano, Luis Gerardo Sarmiento, hacía parte del grupo de investigadores que confirmaban la existencia de un elemento químico más de la tabla periódica.

Y es que este Gobierno, tan dado a hacer alharaca de lo que finalmente no hace, ha proclamado a los cuatro vientos que ahora sí ha llegado el momento para la ciencia y la tecnología colombianas pues por ley ha destinado el diez por ciento de las regalías para gastar en esos dos rubros. Pero a renglón seguido maquina una reglamentación que hace que esos dineros en última instancia sean direccionados por los gobernadores de los Departamentos, para que ellos contraten su ejecución. ¡Otro foco más de corrupción y pago de prebendas! Entonces Colciencias, la entidad llamada a dirigir el desarrollo científico y tecnológico del país, ha quedado convertida en una simple invitada de piedra que no tendrá mayor peso en las decisiones que se tienen que tomar si queremos que Colombia no siga cayendo en el pavoroso atraso que por años arrastra en los temas de ciencia y tecnología.

Da grima ver que la directora de Colciencias sea capaz de sostener que en el país no se requieren más grupos de investigación de los que ya hay y espetarles a los investigadores de acá o a los que están en el extranjero que “el que quiera hacerse rico que no se dedique a ser investigador o profesor universitario”, como si nuestros científicos hubieran elegido esas nobles labores porque únicamente los animó el ansia de forrarse en dinero, como sí lo están haciendo unos pocos criollos apátridas amangualados con las multinacionales, que han aprovechado sin recato los regalos de veinte años de privatización neoliberal. Y es verdaderamente vergonzoso que la misma directora sea la encargada de cerrar las puertas a la posibilidad de que cientos de científicos que se están forjando en el extranjero puedan regresar al suelo patrio a contribuir con el desarrollo de la ciencia. Sus desafortunadas declaraciones muestran una total indiferencia por la diáspora de científicos e investigadores colombianos, por la ciencia que se hace en el país y, aún así, se atreve a hablar de la “locomotora de la innovación” la cual, en esas condiciones, no deja de ser más que el remedo de un pobre carro de balineras.

La apuesta principal de la directora Arias es por la conformación de “grupos más cargados a las patentes…” olvidando que la producción de aquellas se basa indiscutiblemente en el desarrollo de la ciencia básica, como bien se lo recordó un grupo de científicos que se están formando en el exterior en carta enviada por ellos el pasado mes de agosto: “…es justamente a partir del fortalecimiento de la investigación en ciencia básica que se han alcanzado niveles de aplicación y desarrollo tecnológico patentables”.

Y ese tipo de ciencia es el que permitió al doctor Sarmiento, egresado de la Universidad Nacional de Colombia, participar en la producción en días pasados, por segunda vez, del elemento químico número 115 llamado por ahora ununpentium (Uup), logro alcanzado en un avanzado laboratorio alemán junto con su colegas de la Universidad de Lund, en Suecia, donde actualmente se encuentra trabajando. El colombiano que ha ayudado a expandir la hermosa tabla creada por el genial Dimitri Mendeleiev ha dicho, con sabiduría, que “crear elementos químicos no es un ejercicio inútil”. Para la despistada directora de Colciencias, por lo que hasta ahora ha expresado, sí lo es.

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