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Enrique Daza, presidente de la junta directiva de Cedetrabajo

Este diciembre se realizó la XV cumbre de la Alianza del Pacífico en la cual Colombia asumió la presidencia pro tempore. Tal vez no existe un tratado sobre el cual se hayan creado más expectativas y cuyos resultados sean tan decepcionantes. Desde 2011 hasta la fecha se han realizado 15 cumbres presidenciales e innumerables reuniones especializadas y se han creado 24 grupos técnicos a un costo multimillonario.

Hace 5 años fue presentada como la panacea para la integración regional y como la posibilidad de un aumento sustancial de los flujos comerciales entre sus integrantes y con la región Asia-Pacífico

Sin embargo en 2012 las exportaciones de Colombia hacia México,  Perú y Chile eran US $ 4.553 millones” y 7 años después en 2019 fueron  $ 3.523  o sea US$ 1000 millones menos e incluso disminuyeron 12% con respecto al 2018.

La balanza del sector agrícola en 2019 fue deficitaria en US$385 millones y la del sector industrial en -US$1,186 millones con lo cual se evidencia que los sectores potencialmente más dinámicos dela economía colombiana fueron los más golpeados.

Las importaciones  fueron en 2016 US $ 4.814 millones y en 2019 US$5.094 millones, contribuyendo significativamente el déficit de nuestra balanza comercial.

Desde 2016 hasta 2019 la participación de las exportaciones minero energéticas en el total de las exportaciones aumentó pasando de US $ 499 millones a US $1286

Mientras en 2016 Colombia exportaba al grupo 801 tipos de bienes, en 2018 exportaba 813 y en referencia a los productos no minero energéticos en 2016 exportaba 772 productos y en 2019, 770

Por otra parte en 2012 el 4% del comercio era intrarregional y durante la XIV cumbre presidencial realizada en  Lima en 2019 el ministro de Comercio Exterior peruano Edgar Vásquez señaló que “menos del 5% del comercio de Perú, México, Colombia y Chile se realiza entre nosotros”

A Colombia entonces le ha ido mal en esta Alianza, pero ante todo ella fue mal diseñada, mal ejecutada y en un momento en el cual los vientos soplan en otra dirección.

Los acuerdos parciales en otros temas son de importancia menor y no requerían todo este andamiaje para suscribirlos y muchos de ellos se reducen a compromisos de que en un futuro se negociarán tales o cuales asuntos.

La gran ilusión de sus miembros es que entre Ecuador, pero para entrar tiene que tener un TLC con Estados Unidos que es prerrequisito para pertenecer a él y cuya negociación puede enfrentar muchos obstáculos. De las ilusiones iniciales sobre la participación de Nueva Zelanda, Canadá, Australia y Singapur solo parece quedar la de Singapur.

Colombia quería meterse por la puerta de  atrás al mercado asiático por medio del Tratado Transpacífico TPP, en el cual ya estaban los otros tres socios, Obama negoció este tratado que buscaba aislar a China y asegurar a EEUU un papel protagónico en la región, pero Trump se retiró del mismo hace 4 años y el espacio lo ocupó China que suscribió con los países de la región asiática el RCEP, el tratado comercial más grande del mundo y está intentando entrar al TPP. La guerra comercial declarada de Trump contra China ha cambiado el escenario. Por ejemplo en la renegociación del Tratado de América del Norte EEUU impuso una cláusula que le impide a los mexicanos suscribir tratados con China y los acuerdos de libre comercio al amparo de la OMC están pasados de moda.

El que fue presentado como un gran acuerdo de integración regional era un acuerdo ideológico de los países de América Latina más identificados en los enfoques del libre comercio. Nuevamente se quería renunciar al fortalecimiento de la producción nacional en pos de esquivos inversionistas extranjeros que nos sacaran del subdesarrollo y el acceso a mercados de millones de personas a los cuales no tenemos nada que vender por carecer de oferta competitiva y con valor agregado.

Duque recibe la presidencia de la Alianza del Pacífico en su peor momento, tanto para ella como para él. Inseparablemente plegado a la política comercial de EEUU con sus consecuencias geopolíticas y sin perspectivas de que el comercio internacional y la inversión extranjera se conviertan en el eje del desarrollo para países que dependen de la exportación de materias primas, como se ha demostrado en los últimos 20 años.