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Guillermo Alberto Arévalo

Que doscientos años después de su nacimiento (Boston, 1809) la obra de Poe sea cada vez más vital en el mundo entero, traducida prácticamente a todos los idiomas y valorada por críticos, escritores y, sobre todo, lectores, demuestra la importancia de todo lo que escribió en apenas cuarenta años de vida (murió en Baltimore, en 1849).

En su patria ocurrieron durante esa época la fundación de la iglesia mormona, la proclamación de la tristemente célebre “doctrina Monroe”, los comienzos de la abolición de la esclavitud, que desembocaría en la guerra civil norteamericana y la anexión de Texas al mapa estadounidense. A nada de ello prestó mayor atención. Los Estados Unidos de su tiempo eran todavía un país rural, de arraigadas costumbres conservadoras. Pero su vida fue una cadena de infortunios. Fue hijo de una pareja de actores pobres, quienes lo dieron en adopción a un comerciante de apellido Allan, de quien tomó su segundo nombre Ya a los ocho años tuvo un breve amor con la madre de un condiscípulo, pero en 1827 se fue a la universidad de Virginia. Entonces publicó su primer libro de poemas, Tamerlán. Vivió poco tiempo en West Point, donde escribió poemas muy románticos (era el estilo de la época), como “A Helena”, “Leonore” y otros como “Al Aaraf”. En 1832 escribió su primer cuento, “Metzengerstein”. Tan sólo sus títulos sugieren ya el gusto por lo extraño, lo misterioso, temas que llegaría luego a dominar como maestro e iniciador de géneros.

Ya para 1833 gana un importante premio literario por “Manuscrito hallado en una botella”. Tres años después se casó con su prima Virgimia Clemm, quien moriría de tuberculosis dos años antes que él. Ya sus escritos revelan su gran capacidad poética para explorar el dolor humano, hasta llegar a lo más profundo. En 1838, además de “Ligeia”, escribe Las aventuras de Arthur Gordon Pym de Nantucket, una novela que al año siguiente le merece un tal vez moderado reconocimiento nacional. Pero sigue siendo un hombre aislado, Y es que no fue un romántico, como toda su generación, sino que superó tal escuela y se adelantó por más de un siglo a la narrativa y la poesía de su época. Publica entonces La caída de la casa de Usher y colabora con artículos críticos en diversos periódicos y revistas. En 1845, ya con crisis de salud por su adicción al alcohol y al opio, publica Cuentos y su poema más conocido, El cuervo. Ese en el que cantó con el estribillo nevermore (nunca más) el destino de la soledad humana. Un año después, La filosofía de la composición, obra aún tenida en cuenta por las teorías literarias. Dos años después, pese a la muerte de su esposa, publica Historias extraordinarias, uno de los mejores libros de cuentos de la historia de la literatura. Entre tales narraciones tienen fama “El pozo y el péndulo”, Los hechos sobre el caso Valdemar”, “La casa robada”, “El escarabajo de oro”, “Los crímenes de la Rue Morgue”, cuyo Auguste Dupin fue el precursor de todos los detectives de la novela policiaca del siglo XX, incluso el de Ágatha Christie y de Sherlock Holmes, “El barril de amontillado”, y otros. La influencia de su obra no fue tan honda en Norteamérica como en Europa, en especial “vía-París”.

Como dijo Pablo Neruda, “Poe, en su matemática tiniebla”. Sobre su vida y obra hay más leyendas que certezas. Quizá su mejor intérprete y traductor al español haya sido Julio Cortázar, quien habla, entre muchas otras cosas, de soledad, de intensidad, de riqueza, de construcción y de interioridad solidaria en la obra de Edgar Allan Poe.