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Una implementación  de la transición energética requiere múltiples enfoques y caminos, entre ellos se encuentra un cambio en la matriz productiva y energética de los países. Los planteamientos de la transición energética deben ser compatibles con los objetivos de desarrollo de cada país, la necesidad de abaratar el costo de las energías renovables y un fortalecimiento del papel del Estado.

Para el caso de Argentina, la matriz primaria energética es fósil-dependiente en un 85 %,  constituida por 30 % de petróleo y cerca de un 55 % de gas natural, mientras las energías renovables tienen una participación de solo el 2 %, según Esteban Serrani, Doctor en Ciencias Sociales quien también indicó que varios estudios a nivel mundial “sugieren que el mayor uso de gas natural en el mundo entre el 2011 y 2018 ha hecho que las emisiones de CO2 bajen”. Argentina tiene una buena participación en el uso de gas natural, pero si se quiere incrementar esta, por su actitud amigable para el medioambiente, el país entraría en un dilema, ya que el uso del gas incrementa los costos, los cuales o deben transferirlos directamente a los consumidores o subsidiarlo el Estado.

Para el experto argentino Pablo Bertinat, Magíster en sistemas ambientales humanos, el “sistema energético no solo compromete la producción y consumo de energía, sino que esto incluye políticas públicas, conflictos sectoriales, alianzas geo-políticas, estrategias empresariales, desarrollos tecnológicos, diversificación productiva, distribución de la riqueza”, entre otros. Además enfatiza que “el sistema energético se configura como un conjunto de relaciones que vinculan a los seres humanos con la naturaleza que se encuentra determinadas por las relaciones de producción existentes, y que todo lo anterior ha de ser tenido en cuenta al momento de realizar una transición energética”.

En el caso de Colombia, la transición energética está sujeta a engaños por parte de los gobiernos debido a los intereses económicos que representan, donde el Ministro de Minas y Energía anuncia una revolución energética, pero en realidad se sigue impulsando la explotación de carbón térmico e hidrocarburos de manera constante hasta el año 2050, así lo señala Natalia Orduz, coordinadora de proyectos socio ambientales de la Heinrich Boll y  Magíster en Conservación y uso de la Biodiversidad. También señaló que “el Gobierno de Colombia no tiene ningún tipo compromiso con disminuir la producción y explotación de combustibles fósiles y si por el contrario los va a aumentar”, de este modo, el discurso de transición energética queda en el papel y propaganda política.

Por ende, caminar hacia la transición energética tiene sus costos y requiere de una gran expansión de recursos si se quieren cumplir las metas acordadas por la comunidad internacional, como sugiere José Coronado, investigador en el Institute of Innovation and Public Purpose de University College London, quien, basado en cálculos de la AEI se requeriría alrededor de 589 billones de dólares de inversión anual en energías renovables a nivel global para prevenir un aumento promedio de 2°C de la temperatura, sin embargo entre los años 2015-2019 dicha inversión ha llegado en promedio a los 310 billones de dólares, y aunque ha habido un avance, este no es suficiente y se necesita un esfuerzo mayor.

Para Andrea Cardoso, Doctora en Ciencia y Tecnología, el papel de la mujer en la transición energética es vital y la equidad de género juega un rol muy importante. Además indica que en los territorios mineros en Colombia “se necesitan desarrollar espacios participativos entre mujeres y hombres, pues da como ejemplo la minería de carbón la cual está gobernada por parámetros patriarcales donde se presentan casos de abuso sexual y explotación de género”.