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Problemática Social

El conflicto en Oriente Medio

Oct 31, 2023

Por Enrique Daza, director de Cedetrabajo.

La incansable lucha del pueblo palestino por sus derechos

Las acciones terroristas de Hamás han creado enorme confusión, porque ocultan una realidad, que, en medio del dolor universal por las víctimas civiles de ambos lados, poco a poco se ha ido aclarando.

¿Cuál es la realidad? Que en el conflicto entre Palestina e Israel, el agresor histórico es Israel. En el curso de los últimos 75 años, Israel ha ampliado su territorio y su control con respecto a lo que originalmente acordó la ONU y está aplicando un régimen de apartheid sobre los territorios palestinos.

A lo largo de los años, Israel se apoderó de Cisjordania, incluido Jerusalén oriental, de la Península de Sinaí, que era de Egipto, y de los Altos del Golán, pertenecientes a Siria. Con estas anexiones, hechas en la Guerra de los Seis Días, Israel triplicó en 1967 su territorio.

Después de la guerra de 1967, la Resolución 242 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas declaró que Israel debía evacuar los territorios ocupados. Desde esa fecha, la petición palestina, acompañada por buena parte de la comunidad internacional, es que se cree el Estado palestino dentro de los territorios anteriores a 1967.

Desde 1979 las Naciones Unidas han condenado el asentamiento ilegal de colonos en los territorios de Palestina y establecido que un país ocupante no puede trasladar parte de su población civil a los territorios ocupados.

Peor aún, el 30 de agosto de 1980, Israel declaró que Jerusalén “entera y unificada” sería su capital, postura condenada por la ONU, con la abstención de Estados Unidos, por constituir una nueva violación de lo establecido cuando se creó el Estado de Israel en el sentido de que esta ciudad tendría un estatus especial administrado por la ONU. Contrariando a Israel, 136 de los 192 miembros de la ONU reconocieron en 1993 a Palestina con Jerusalén como su capital. A contrapelo del voto mayoritario y actuando como amo y señor, Estados Unidos, bajo el gobierno de Trump, reconoció en 2017 a esta ciudad como capital indivisible de Israel.

La violación reiterada de las resoluciones de la ONU por parte de Israel no hubiera sido posible sin el apoyo de Estados Unidos y su poder de veto en el Consejo de Seguridad. El respaldo de Estados Unidos, con centenares de miles de millones de dólares en asistencia militar, le garantiza a Israel la impunidad y le brinda una sólida cobertura en los medios corporativos, que mediante el silencio o la desinformación tapan las reales condiciones de la población y de los miles de refugiados.

En 1950, después de la primera guerra entre países árabes e Israel, hubo 750.000 refugiados. Hasta el día de hoy han sido expulsados de su territorio 5,9 millones de personas. Uno de cada diez refugiados en el mundo es palestino.

Lo que conocemos hoy como Palestina es en realidad un territorio ocupado por Israel, y aunque decenas de Estados reconocen a Palestina como Estado y a la Autoridad Palestina como su representante legítimo, su territorio se encuentra dentro de Israel y está compuesto de dos partes separadas, Cisjordania y la Franja de Gaza.

Israel es un país pequeño de solo 22.145 km2, el tamaño de Cundinamarca. Tiene, según datos de 2021, 9.364 millones de habitantes. Palestina es aún más pequeña, alberga a 5,48 millones, está dentro de Israel y se encuentra cercada por altos muros. En la Franja de Gaza hay 2,048 millones y en Cisjordania 3,400 millones. En Jerusalén Este hay aproximadamente medio millón.

En suma, Palestina es un país ocupado, fraccionado y absorbido por Israel, cuyo gobierno ejerce un férreo control económico y militar.  La población palestina vive en condiciones precarias e Israel aspira a expandirse por la fuerza hasta copar todo el territorio.

Fueron las brutales acciones de Hamás lo que condujo a los actuales enfrentamientos, que han arrojado hasta la fecha miles de muertos y heridos. Pero en los meses precedentes, el actual gobierno de Israel practicó una política particularmente hostil y provocadora. Ejemplo de ello fue la presentación en la reciente asamblea de la ONU, por parte del primer ministro israelí, de un mapa del Oriente Medio que no incluía a Palestina, o los asaltos en serie a la Mezquita de Al-Aqsa, en Jerusalén, el segundo lugar sagrado del Islam. El 5 de octubre, apenas dos días antes de las acciones irresponsables de Hamás, al menos ochocientos colonos israelíes lanzaron una razia alrededor de la mezquita, golpeando a los peregrinos y destruyendo las tiendas, todo bajo la mirada impasible de las fuerzas de seguridad israelíes.

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Aun así, la opresión, la discriminación y la explotación no legitiman ni justifican las acciones terroristas, aún menos contra civiles, un hecho que en Colombia aún no comprenden algunos sectores.

Las represalias han sido devastadoras. Lo que ha ocurrido en estos días y ha presenciado el mundo con horror es una matanza indiscriminada, con bombardeos sobre hospitales, mezquitas y barrios residenciales, con miles de niños aplastados por los escombros y quemados por las bombas. Gaza ha sido privada por completo de agua y luz, drogas y alimentos.

A raíz de los ataques de Hamás, Schlomo Ben Ami, exministro de Relaciones Exteriores de Israel, señaló a Netanyahu como responsable de la situación por haber ninguneado a la Autoridad Palestina y haberle dado alas a Hamás.


El legítimo vocero de los palestinos, el presidente Mahmoud Abbas, ha señalado que “las acciones de Hamás no representan al pueblo palestino”


Aunque detenta el control sobre el gobierno de la Franja de Gaza, Hamás es solo una de las facciones políticas de Palestina e incluso opuesta a la Autoridad Palestina. El legítimo vocero de los palestinos, el presidente Mahmoud Abbas, ha señalado que “las acciones de Hamás no representan al pueblo palestino”. Abbas rechazó “la matanza de civiles en ambos ladosy pidió la liberación de civiles, prisioneros y detenidos”.

Hamás no reconoce al Estado de Israel, como sí lo hace la Autoridad Palestina y tampoco acepta el diálogo como camino hacia la solución.

Las multitudinarias manifestaciones que se están efectuando en las grandes ciudades alrededor del mundo, incluso en Washington y Londres, no son en solidaridad con las barbaridades de Hamás sino en apoyo al pueblo palestino y de condena a las atrocidades del gobierno israelí.

Las consecuencias geopolíticas regionales y mundiales de esta crisis pueden ser devastadoras, pero si algo está claro, es que ya el mundo no es el de antes, cuando Estados Unidos determinaba unilateralmente y a su antojo cómo debían ser las cosas. Un creciente número de países y miles de millones de personas pugnan por un cambio en la situación.

Nota original publicada en Las 2 Orillas.

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