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Una mirada a los sitios, los mecanismos, las cifras, los protagonistas y el intento irrisorio de control por parte del Estado colombiano a una forma de evasión que bastaría para cubrir todas las necesidades del fisco.

La evasión se globaliza

Los paraísos fiscales siguen estando de moda. No hay reunión del G20, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE) o el Foro Económico Mundial donde no surja la discusión sobre cómo controlarlos. Académicos y movimientos sociales multiplican los estudios y debates,  como los realizados por Tax Justice Network  o  Global Alliance for Tax Justice en el mundo, y por la Red de Justicia Tributaria en Colombia.

No es para menos: territorios como  Anguila, Islas Caimán, Islas Vírgenes, Luxemburgo o Panamá sirven como escondites de la tercera parte de la riqueza del planeta que se establece allí para evitar los impuestos.

Esencialmente los Estados existen porque quienes producen riqueza -sea por sus actividades empresariales o como fruto del trabajo asalariado- aportan una parte de sus ingresos  para garantizar la provisión de bienes y servicios comunes, como la seguridad, la infraestructura, la justicia o los servicios públicos domiciliarios. Estos bienes y servicios no existirían si su prestación dependiera del interés particular exclusivamente.

Pero los paraísos fiscales están ahí para que grandes fortunas y las grandes empresas puedan evadir sus impuestos. Estos son algunos casos recientes:

Asimismo, el gobierno gravó a los capitales que se fugan sin pagar impuestos, más atendiendo a  presión de gobiernos extranjeros y de grupos económicos que al interés general.

· En 2012 Google obtuvo ingresos por 8.100 millones de dólares y pagó solo el  2,6 por ciento de impuestos; según la Comisión de Cuentas Públicas del Parlamento Británico, las ganancias se escondieron a través de una subsidiaria en Bermudas.

· Ese mismo año la empresa Apple evadió el pago de 9.000 millones de dólares en impuestos, por ganancias de 600.000 millones de dólares; lo hizo a través de una empresa fantasma creada en Irlanda. 

· Empresas como Facebook, Amazon y Microsoft desataron polémica por haber pagado en Francia 37.5 millones de euros, cuando debieron pagar hasta 700 millones si no hubiesen recurrido a paraísos fiscales.

· El actor  Gerard Depardieu se nacionalizó como ruso cuando Francia, su país, decidió cobrar el 75 por ciento de impuestos a los ingresos de los más ricos.

  • De manera más reciente, el empresario británico Richard Branson, dueño del grupo Virgin,  decidió fijar su residencia en la isla privada de Necker, en el Caribe, para eludir las medidas más estrictas del primer ministro David Cameron sobre impuesto a las ganancias obtenidas fuera del Reino Unido.
  • El mismo Lionel Messi se ha visto envuelto en escándalos por evasión de impuestos a través de paraísos fiscales.

Foto: Essam
Ciudad de Kuwait, capital del Estado de Kuwait.

Evasión a la colombiana

Después de muchas décadas de tolerancia, en Colombia se han establecido algunas medidas tendientes a combatir la evasión.

En días pasados fue expedido el  Decreto 2193 de 2013, que precisa la lista de los territorios que Colombia considera paraísos fiscales. Se trata de una legislación tardía, establecida diez años después de haberse iniciado el debate sobre el tema y cuando ha transcurrido casi un año desde la  reforma tributaria (Ley 1607 de 2012) que buscó reducir la evasión y cuyo artículo 117 ordenaba actualizar esa lista.

El decreto 2193 tiene muchos vacíos, establece medidas insuficientes y prevé  mecanismos de control que no podrían operar porque Colombia no tiene acuerdos de intercambio de información con cuatro de los paraísos más importantes para nuestro caso -Panamá, Curazao, Luxemburgo y Bermuda- de manera que optó por excluirlos de la lista o por incluirlos a título transitorio.

Asimismo, el gobierno gravó a los capitales que se fugan sin pagar impuestos, más atendiendo a  presión de gobiernos extranjeros y de grupos económicos que al interés general. Panamá, por ejemplo, es la principal fuente de inversión extranjera hacia Colombia después de Chile: entre 2009 y 2012 ingresaron 3.991 millones de dólares desde ese país, y durante el mismo periodo ingresaron desde Luxemburgo 1.260 millones de dólares.

El senador Jorge Robledo denunció el holding que se creó en Luxemburgo para esconder las maniobras del ingenio Central Castilla con el fin de apropiarse ilegalmente de 35.000 hectáreas en la altillanura – un escándalo que motivó la renuncia de Carlos Urrutia a la embajada en Estados Unidos. También afirma Robledo que cuando el  ministro de agricultura, Rubén Darío Lizarralde fue gerente de Indupalma se inventó una figura para que los campesinos asociados hipotecaran sus tierras a favor de una empresa registrada en Islas Caimán, un paraíso fiscal del cual han ingresado 354 millones de dólares en los primeros seis meses de 2013 y con el cual se registran operaciones con empresas en Colombia por 2.778 millones de dólares.

Luxemburgo y Curazao también fueron protagonistas en la ruta para sacar dinero del país. A través de la intermediación de INTERBOLSA se habrían evadido 224 millones de dólares.

Colombia, paraíso para la inversión

Por cuenta de operaciones de empresas ubicadas en Colombia con paraísos fiscales, la DIAN ha calculado que el país estaría perdiendo 4 billones de pesos al año en impuestos de renta.

La inversión extranjera no viene porque nos quieran mucho, sino porque Colombia ocupa el quinto lugar entre los países del mundo que mejor la protegen.

A punta de contratos amparados en los tratados de libre comercio, estabilidad jurídica, beneficios tributarios, exenciones y demás garantías contempladas por la “política de confianza inversionista” de Uribe y de Santos, Colombia renunció a establecer condiciones de desempeño al capital extranjero (como decir empleos, difusión tecnológica, plazos de retorno y otros muchos que se usan en el mundo), de modo que en su mayoría se trata de flujos de dinero que entran y salen a su antojo, sin mayor beneficio para  los colombianos. Como resultado – en lo que va corrido del actual gobierno – la cuenta corriente con el extranjero  acumula un saldo negativo de 34.000 millones de dólares.

Lo anterior está ocurriendo con la mal llamada “locomotora minero-energética”. Aquí también juegan los paraísos fiscales.  El director de la DIAN, Juan Ricardo Ortega, en entrevista para   afirmó que “aunque oficialmente ningún pedazo de carbón sale del país para paraísos fiscales, en realidad todo se vende desde estos sitios para no pagar impuestos en Colombia” (énfasis añadido).

Estas operaciones -catalogadas como mecanismos de precios de transferencia- consisten en que las multinacionales utilizan socios de papel instalados en paraísos fiscales para vender los minerales que extraen del país a precios más baratos que los del mercado. Dichos socios revenden los minerales al consumidor final a un precio más alto, sobre el cual Colombia no percibe ganancia. Aunque conoce bien el mecanismo de evasión, el gobierno ha hecho poco o nada para impedir que siga ocurriendo y para sancionar a las empresas que lo utilizan.

Según la DIAN, entre 2010 y 2011 se registraron 1.325 operaciones de precios de transferencia, por un total de 7.450 millones de dólares: con Panamá se registran 890 operaciones  por valor de 1.945 millones de dólares;  con Bermuda 44 operaciones por valor de 277 millones de dólares, y con Luxemburgo 31 operaciones por valor de 111 millones de dólares.

En el caso del carbón, por ejemplo, durante el año pasado las exportaciones a Islas Malvinas ascendieron a 7,5 millones de toneladas, lo cual querría decir que ese territorio con una población de 3.200 habitantes consume más carbón que toda Colombia.  Otras 200.000 toneladas del mineral se vendieron a las Islas Caimán.

Por cuenta de operaciones de empresas ubicadas en Colombia con paraísos fiscales, la DIAN ha calculado que el país estaría perdiendo 4 billones de pesos al año en impuestos de renta.

Una fuente alternativa de recursos

Canal de Panamá

Foto: Doctor Who
Panamá, considerada paraíso fiscal fue excluida
del decreto mientras se adelantan acuerdos de
cooperación bilaterales en materia de información
tributaria.

La próxima vez que el ministro Mauricio Cárdenas diga que no hay recursos para la infraestructura, la salud, la agricultura y la educación superior, debemos responderle -con certeza- que si a las transnacionales mineras y petroleras que operan en Colombia y al sistema financiero -los dos sectores que más riqueza producen en el país- se les eliminaran los beneficios tributarios y se persiguieran sus operaciones con vinculados en paraísos fiscales, tendríamos recursos suficientes para atender estas necesidades, y sobraría.

Colombia no tendría que seguir endeudándose del modo que lo está haciendo o vendiendo activos tan importantes para su futuro como Isagen (Diego Otero, explicó bien este asunto en reciente edición  de esta revista).

Necesitamos un  gobierno con la voluntad de poner en cintura a estos sectores.

Mario Alejandro Valencia,  Subdirector de Cedetrabajo y vocero de la Red por la Justicia Tributaria en Colombia.

Razón Pública