Bogotá, 18 de octubre de 2013

Mario Alejandro Valencia, Subdirector de Cedetrabajo

Difícil encontrar en la historia reciente un gobierno que haya afrontado más descontento social que el de Santos. La situación no es para menos: aunque la tasa de desempleo que mide el DANE está por debajo del 10%, casi la mitad de quienes logran un ingreso lo hacen en el rebusque, en condiciones humanas indignas, soportando a diario el desespero de no tener un trabajo de calidad y un ingreso seguro.

Con toda razón el industrial Emilio Sardi afirma que la peor tragedia que puede ocurrirle a una persona es no tener empleo, y en el caso colombiano a eso se le suma el de no tener uno que además lo dignifique. Aunque Santos utilice su poder mediático para hacer creer que todo está bien, los hechos demuestran lo contrario y eso explica y justifica las protestas. En primer lugar, no es posible que una comunidad funcione bien mientras su economía funcione mal.  Lo que hace rica a una nación, como lo demostró Adam Smith hace más de dos siglos, es la producción a través de la fuerza de trabajo humano.

Esto, que parece tan obvio, fue justamente lo que fracasó en Colombia: quienes gobiernan en beneficio del capital extranjero,  decidieron acabar con la producción agrícola e industrial del país, para reemplazarla con importaciones ‘baratas’, que terminan siendo caras a falta de ingresos. Una ecuación sencilla: disminuir la producción local significa disminuir el trabajo local, entonces la capacidad adquisitiva de bienes y servicios básicos disminuye y, como consecuencia, la calidad de vida empeora.

Sin embargo, en nuestro país el DANE, a punta de magia, ha logrado reducir la tasa de desempleo sin crear empleos ¿Cuál es el truco? Fácil, considerar ocupado a quien “trabajó por lo menos una hora remunerada” o “sin remuneración…en la semana de referencia” ¡Así es como Santos saca pecho! Hay más: con la vieja metodología para medir la pobreza (2010), una persona se consideraba bajo esta condición si su ingreso máximo era de $281.384 pesos. Con la nueva metodología (2011), si gana más de $187.079 ya no es pobre. Por lo demás, el empleo que se crea es mal pago, no es estable y corresponde a actividades que, como el comercio, el sistema financiero o la minería, poco o nada le aportan al valor agregado porque no hay transformación

Más allá de las cifras, la realidad demuestra que el modelo económico del libre comercio colapsó. La fórmula para revertir la debacle, consistente en promover la producción y la generación de empleo nacional, requiere -sobre todo- de voluntad política. La solución es clara.

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