• Categoría de la entrada:Sin categoría
Campo_Colombia_ParoLa base de los productores agrarios está dispersa y la actividad gremial brilla por su ausencia entre agricultores y ganaderos
En la historia reciente del país no se tiene mucho dato de un paro agrario de tan larga duración como el que se presenta en una docena de departamentos y que poco a poco ahoga el abastecimiento de productos de primera necesidad para los colombianos como son la carne, la leche, las papas, la cebolla, el arroz, los plátanos, y todos granos vitales para la dieta nacional, como los frijoles, el maíz y las lentejas. Pocas veces se había registrado una convocatoria para una protesta tan exitosa en Boyacá, Nariño y Cundinamarca, regiones pacíficas, caracterizadas por ser una despensa de productos de clima frío.
Nos hemos extendido ampliamente en explicar cómo los costos variables trasladados a los pequeños productores agropecuarios, como es el transporte y los insumos como herbicidas y abonos, entre otros, suben la tasa de inflación más unos 15 puntos en promedio, mientras que el precio de sus productos siguen levemente ligado a la inflación que está bajo control entre dos y tres por ciento. Y si a esto se suma que en los grandes supermercados se están importando esos mismos productos de primera necesidad de China, México, Perú o Chile, tenemos que los campesinos se encuentran entre la espada y la pared.
¿Pero qué es un campesino? Es una persona que vive en el sector rural y que devenga su sustento de la producción agropecuaria. En Colombia no hay datos oficiales de esta economía y solo se sabe que son unos siete millones de personas que representan un 15% de toda la población. Ese segmento se encuentra desatendido no solo en infraestructura vial, de acueductos, energía, sino de seguridad. Los gremios hasta hace algunos años habían interpretado esas necesidades y canalizado con el gobierno central esos problemas, pero cuando estas instituciones económicas que reunían a los productores se politizaron, todo se fue a traste y eso es lo que estamos viviendo.
Que miles de pequeños cafeteros se vayan lanza en ristre contra la Federación porque no los interpreta, y que una cooperativa ejemplar como Colanta pida que se acabe el Fondo Nacional del Ganado para que Fedegan no use los parafiscales para los sueños políticos de sus directivos, es porque algo grave está pasando con los gremios. Es verdad que el máximo responsable es el Gobierno Nacional y que los 14 ministros de Agricultura desde la Constitución del 91 hasta la fecha, no han sido asertivos en sus políticas públicas de producción para el campo. Por eso el paro debe mirarse de manera estructural y asociarlo con la crisis de algunos gremios que carecen de representación en sus bases. Quizá el revolcón tiene que ver más con quién representa a quién y no pidiendo la cabeza de funcionarios que al fin y al cabo son de paso y no eternos como los jefes gremiales.