La proeza de Humboldt, no se reduce a sus riesgosas exploraciones por la entraña selvática y las cumbres azufrales de la América Equinoccial, cuya agreste geografía lo fascinara desde niño. El significado de su obra reside en un trípode: primero, fue una de las mentes más lúcidas de su tiempo, comparable en erudición a Aristóteles o Leonardo; segundo, es uno de los científicos en la historia del mundo que más vivamente han vinculado la teoría con la práctica; y tercero, su presencia en la aurora crucial de la emancipación hispanoamericana puso de manifiesto ante el mundo las inmensas riquezas naturales y culturales de la América Nativa, que hasta entonces era un territorio mirado con desdén por Europa. El presente artículo, cuya extensión nos obliga a editarlo en dos partes, recoge varios de los pasajes más destacados de la fecunda saga científica de Humboldt por los intrincados desfiladeros y las cúspides volcánicas de la América Equinoccial.

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