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Por:  Juan Sebastián López MEl Espectador. Credito_ Icetex_Estudiantes 

Las universidades públicas del país acumulan un déficit de $11.3 billones de pesos. Esto pese a haber asumido $7.5 billones con recursos propios del total de $18.8 billones que el Estado adeuda al sistema en los últimos veinte años. El pago de los recursos no girados se requiere para invertir $7.2 billones en infraestructura física, así como para formar 5.000 doctores que cuestan más de 2 billones de pesos, entre otros rubros.

¿Por qué se ha generado semejante hueco? En parte porque se privilegian los créditos financieros sobre las bases presupuestales de las universidades. En Colombia la proporción del gasto público en educación superior destinado a subsidiar la demanda, es decir a los créditos, se ha incrementado en detrimento de lo aportado directamente a las universidades. En el año 2000 el 60% del presupuesto iba para las universidades y el 40% para créditos, hoy es al contrario. En otras palabras, no hay plata para financiar la inversión en infraestructura y formación doctoral pero si para endeudar estudiantes. Similar situación se vive en Estados Unidos donde la cartera morosa de los créditos educativos supera a la de las tarjetas de crédito y alcanza $1.2 trillones de dólares.

Esta política implica grandes riesgos. Con deserción del 50%, desempleo juvenil del doble del promedio nacional y falta de control en el incremento de las matriculas, no es fácil que los más de 500.000 estudiantes endeudados con el Icetex logren pagar sus créditos.

Este es el caso de Paula[1]quien, según lo cuenta el diario La República, pidió un préstamo por 20 millones de pesos, el 50% del costo de su carrera, sin embargo, y como lo anoté en la columna pasada, los intereses del “periodo de gracia” se capitalizaron durante los años de estudio; al final Paula no debía 20 millones sino 32.2 que diferido en 120 cuotas mensuales durante 10 años equivale a pagar ¡85.9 millones de pesos!

Las cuotas de 716.000 pesos mensuales que debe pagar Paula, representan el 55% del ingreso promedio de un profesional recién graduado que es de $ 1.300.000[2]. Esto teniendo en cuenta que solo un tercio de los graduados consigue empleo formal mientras los restantes dos tercios se debaten entre el desempleo y el rebusque.

Según el director del Icetex, la cartera morosa de esa entidad supera el 34%[3], prácticamente el doble de la cartera morosa de las Corporaciones de Ahorro y Vivienda cuando estalló la crisis del UPAC en 1999. El Icetex advierte que su presupuesto de 1.1 billones no le alcanza para mantener los “subsidios” a los créditos que se están colocando, provenientes del Banco Mundial, y le reclama al gobierno una adición presupuestal de 100.000 millones para el 2014.

Lo preocupante es que ya no solo está en vilo el futuro de las universidades públicas del país, sino el de toda una generación de colombianos.