Importaciones de EU se están adueñando del agro

Ago 27, 2013

Cuando el Gobierno Nacional lanzó con bombos y platillos, incluso, hizo zarpar una pancarta anunciando la puesta en marcha del Tratado de Libre Comercio, TLC, con los Estados Unidos, porque íbamos a la conquista de un mercado ávido de productos nacionales. Pero si se miran las cifras de esa balanza comercial durante el primer semestre de 2013, […]

Viva_CampesinosCuando el Gobierno Nacional lanzó con bombos y platillos, incluso, hizo zarpar una pancarta anunciando la puesta en marcha del Tratado de Libre Comercio, TLC, con los Estados Unidos, porque íbamos a la conquista de un mercado ávido de productos nacionales.

Pero si se miran las cifras de esa balanza comercial durante el primer semestre de 2013, ocurrió todo exactamente a lo proyectado, pero al contrario.

Ese fuerte mercado se vino con todo y literalmente, se está adueñando del mercado agropecuario colombiano, pues las importaciones de bienes agrícolas de EU ya llegan a los US$680 millones; es decir, hay una toma de la agricultura colombiana.

De acuerdo con el analista económico Aurelio Suárez Montoya, quien desglosó un informe de la Cámara Comercial de los Estados Unidos, el “comercio agrícola en el primer semestre de 2013 superó los pronósticos más pesimistas, ya que las importaciones pasaron por encima 4 veces más que las peores estimaciones”.

Una muestra de lo anterior y que debe preocupar mucho al sector palmero, dijo Suárez Montoya, ocurre con las ventas de aceites vegetales de EU a Colombia, las cuales pasaron de US$47 a US$201 millones; es decir, crecieron por encima del 200%.

“Las importaciones de carne de cerdo y pollo desde EU en los primeros seis meses de este año crecieron 95% y 45% respectivamente. La gran pregunta es ¿qué va a pasar con estos dos sectores?, los cuales son fuertes, pero insignificantes frente a este monstruo productor”, agregó.

Y qué decir de los vegeta-les procesados (se incluye de papa) y frutas, importaciones desde EU que crecieron 37%. Según los datos, están por el orden de los US$91 millones.

Carne y leche, igual

Pero si está lloviendo por el lado porcícola y avícola, por el sector bovino no quiere escampar.

Suárez Montoya expresó que las carnes rojas procedentes de Estados Unidos para el primer semestre de 2013 tuvieron un crecimiento del 52% y 90% las de lácteos.

El analista dijo que las ventas de EU hacia Colombia en materia de arroz han sido muy fuertes, al punto que se incrementaron 2 mil por ciento.

“Productos como papa congelada muestran los mejores récords de ventas de alimentos de ese país hacia el nuestro. Lo anterior, significa que está llegando de todo y que se afectarán todos los sectores productivos”, agregó.

Suárez Montoya dijo que el Go-bierno es obstinado y no quiere darse cuenta que los TLC deben replantearse.

“Mire, hay crisis industrial y se agrava. Esa caída del 5,5% de la producción no tiene precedentes, ya que en 34 de 48 subsectores hay retroceso. El golpe a la industria será peor que el recibido por el agro”, sentenció.

 

Newsletter Cedetrabajo

El gobierno de Gustavo Petro ha tomado decisiones en materia energética basadas en una lectura equivocada de la estructura energética del país. La suspensión de nuevas exploraciones de hidrocarburos aceleró el paso de Colombia desde una relativa autosuficiencia hacia una creciente dependencia del gas importado, con implicaciones económicas y de seguridad energética que comienzan a sentirse.

Esta situación se vuelve aún más delicada en el contexto climático actual. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) ha confirmado la formación de un “súper Niño”, el fenómeno más intenso de la última década. En un país donde cerca del 70% de la electricidad depende del agua almacenada en embalses, los episodios prolongados de sequía no son un asunto menor. Cuando el nivel de los embalses cae, el sistema eléctrico colombiano depende de la activación de plantas térmicas que funcionan principalmente con gas.

Allí aparece el cuello de botella. Colombia ya no dispone del gas suficiente para operar plenamente esas plantas en escenarios de sequía prolongada. La escasez ya mostró sus efectos. Durante el último año, los precios de la energía en bolsa se dispararon más de 200%, reflejando las tensiones crecientes entre oferta energética, disponibilidad de combustibles y condiciones climáticas adversas.

Torre de perforación asociada a exploración de gas natural

El punto de quiebre llegó en diciembre de 2024, cuando Colombia vivió un hecho inédito en más de cuatro décadas: por primera vez en 45 años el país tuvo que importar gas para garantizar la demanda esencial de hogares y comercio. Este es el resultado de una tendencia preocupante. Las reservas nacionales han venido cayendo y la producción se redujo cerca de 9% en el último año.

Como consecuencia, Colombia se ve obligada a comprar gas en los mercados internacionales a precios mucho más altos. Mientras el gas producido localmente ronda los 6 dólares por unidad, el importado puede costar entre 15 y 16 dólares. En un escenario de mayor dependencia externa, agravado además por las tensiones derivadas de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, las facturas de energía podrían aumentar entre 30% y 40%, Según el exministro Amylkar Acosta.

Gustavo Petro habla en conferencia sobre transición energética

La pregunta inevitable es por qué el país enfrenta hoy esta escasez. Una de las razones centrales es el freno deliberado a la exploración de hidrocarburos. Diversos expertos han señalado que decisiones como la suspensión de los pilotos de fracking han cerrado la puerta a esta tecnología que en su versión 6.0 incorpora cambios tecnológicos frente al tradicional, destacándose por el uso de CO2 capturado en lugar de grandes volúmenes de agua, la integración de inteligencia artificial para anticipar y mitigar impactos ambientales y una reducción significativa de emisiones. De acuerdo con Acosta, esta tecnología podría emitir hasta 8 veces menos CO2 por barril que la producción convencional en Colombia y, además, permitiría multiplicar por 8 las reservas de gas natural del país, lo que ayudaría a cubrir el déficit energético y reducir la dependencia de importaciones.

A esto se suma un problema conceptual en la forma como se está comunicando la transición energética desde el Gobierno. El presidente Petro tiende a confundir la matriz eléctrica con la matriz energética total. Aunque la electricidad en Colombia es mayoritariamente hidráulica, esta representa apenas alrededor del 18% del consumo energético total. El restante 82% sigue dependiendo de combustibles fósiles, especialmente petróleo y gas.

Presentar a Colombia como un país que ya dejó atrás la dependencia de los hidrocarburos no solo es incorrecto desde el punto de vista técnico; también puede generar señales equivocadas para la inversión. Desincentivar el desarrollo de los sectores de petróleo y gas en un momento en que siguen siendo la base del sistema energético nacional compromete la seguridad energética y debilita sectores indispensables para la reindustrialización del país.

La transición energética es necesaria, pero debe ser realista.

Desmontar el sistema energético existente sin contar con alternativas maduras y suficientes no es una transición ordenada: es un salto al vacío. Desde Cedetrabajo hemos insistido en que la política energética debe combinar la expansión de energías renovables con una gestión responsable de los recursos hidrocarburíferos durante el período de transición.

Si Colombia no reactiva la exploración y no destraba proyectos estratégicos como el yacimiento Sirius en el Caribe, hoy afectado por la paralización de las licencias ambientales, el país seguirá perdiendo soberanía energética. En ese escenario, la dependencia de importaciones será cada vez mayor y los costos terminarán trasladándose a hogares y empresas.

La transición energética no puede convertirse en una política de desmantelamiento prematuro del sistema energético. Debe ser, por el contrario, una estrategia de transformación gradual que preserve la seguridad energética del país mientras se construyen las bases de un nuevo modelo productivo. De lo contrario, la promesa de transición podría terminar desembocando en una tormenta perfecta.

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