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El nuevo ministro de Comercio Exterior, Santiago Rojas, dice que las salvaguardias no son una contradicción en la política aperturista e internacionalizadora que sigue el país, sino una herramienta temporal para ajustar algunas asimetrías en el mercado, pero eso no es lo que están leyendo los socios comerciales en la llamada Alianza del Pacífico, en donde crece la preocupación por las medidas que recientemente ha adoptado nuestro Gobierno para proteger sectores sensibles o poco competitivos. Lo del calzado, los textiles y el acero, son solo ejemplos contradictorios en las acciones comerciales, para algunos, y necesarios para otros.

Recientemente la prensa peruana denunció que casi un centenar de empresas de ese país se sienten amenazadas en el mercado colombiano por esta práctica que se está volviendo una sólida tendencia en el Gobierno Nacional cada vez que un sector de la producción deja ver su poca competitividad o siente la verdadera llegada de competidores de la región. Por lo general son las mismas industrias que años atrás pedían competir solo con tasa de cambio. No es sano para Colombia que ese temor por la imposición de salvaguardias llegue a los foros de debate de la Alianza del Pacífico, una iniciativa que debe prosperar si el país quiere hacer parte de uno de los bloques económicos con más futuro en la región.

Ciertamente hay contradicciones así la cartera de Comercio Exterior opine lo contrario. No se pueden poner a andar más de una docena de tratados de libre comercio, y que justamente cuando entran en vigencia y los productos extranjeros seducen nuestro mercado, se les pongan salvaguardias. Ojalá no sea una estrategia -más que comercial o de aplicación de unas herramientas válidas-, una forma de silenciar a los empresarios que no son amigos de competir de tu a tu con sus pares de otros países. El caso más dramático es el del acero en donde las industrias afectadas hacen un lobby olvidando en  ocasiones que son multinacionales que han incumplido con esas regiones a las que dicen defender.

La salvaguardia a los zapatos y algunos textiles pronto caduca y debe hacerlo, pues Panamá, el socio más afectado, ya está en el portafolio de los tratados de libre comercio y es un gran comprador de productos nacionales. Con el acero estamos poniendo en riesgo fuertes lazos con México, una de las economías más dinámicas del Pacífico que puede ser un mercado para crecer algunos productos y servicios. Así pues, le corresponde al nuevo Ministro de Comercio Exterior focalizar más sus acciones o estudiar mejor el tiempo o la necesidad de usar las salvaguardias como una medida proteccionista de un tipo de industrias que deben revisarse por su alto impacto en la construcción o el consumo.

Editorial La República.