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Han pasado cuatro años desde que Andrés Pastrana se paseaba por la zona cafetera del país pidiendo los votos de los caficultores en pos del triunfo electoral hacia la presidencia de la República. Por ese entonces, su jefe de debate, Juan Camilo Restrepo, divulgó por varios medios de comunicación un resumen de promesas que no iba más allá de la refinanciación de algunas deudas cafeteras. El gobierno de “El Cambio” no tenía nada más tenía que ofrecer a los 550.000 cultivadores del primer producto agrícola del país. En su Plan de Desarrollo “Cambio para construir la Paz”, no se hacía ninguna referencia específica al café, a no ser las generales para el sector agropecuario, relacionadas con el Desarrollo Rural y las Cadenas Productivas. Este invento, fundamentado en la contradicción entre las características de la oferta agrícola –dispersa y de cosecha– y las de su demanda –concentrada y constante en el tiempo– no consistió más que, como lo demostraron los acontecimientos posteriores, en seleccionar el comercio como eje de la “cadena” y convertirlo en el principal rubro de crédito del sector. Tal política, acompañada de una tasa de interés inaccesible para la agricultura, dejó a más del 90% de los cafeteros por fuera del circuito financiero.

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