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EL ESPECTADOR 4 SEP 2015
Por: José Roberto Acosta

El Gobierno debe agradecer tantos distractores que desvían la atención de la grave situación económica que se nos avecina, y aunque saca pecho con temas como empleo y sostenibilidad fiscal, los analistas internacionales ya están considerando rebajarnos la calificación crediticia.

Sacando pecho, el Gobierno oculta que “la tasa de desempleo de Colombia sigue siendo la más alta de la región, con excepción de Venezuela”, según el seguimiento del Banco de la República, y que de los 22 millones de empleados, 10 millones corresponden a los que el DANE clasifica como subempleados, subjetivos y objetivos, que en últimas representan empleos de mala calidad. Tendencia de pauperización laboral que no ha podido quebrar, como lo ratifica la estadística según la cual de los 543.000 empleos creados entre mayo y julio últimos, 413.000 fueron subempleos, es decir, rebusque y trabajos mal pagos o mal calificados.

En materia de equidad y erradicación de la pobreza, en reciente publicación de la revista Finanzas y Desarrollo, el FMI expone estadísticamente que en el contexto Latinoamericano desde el año 2000, Colombia fue uno de los países que menos han avanzado en esa materia, al mostrar escasas mejoras en su coeficiente de distribución del ingreso, superando sólo a Guatemala, Paraguay y Venezuela.

En materia fiscal las cosas también son diferentes a como las pinta el Gobierno. Llama la atención cómo en la meta de recaudo de la DIAN asumen un crecimiento de $4 billones por cuenta del “Plan Antievasión”, como si fuera una fuente nueva de recursos, mientras la renta petrolera se estima que caiga desde $23,6 billones recibidos en 2013 a sólo $3,3 billones en 2016, con base en un estimativo de precio por barril de petróleo de US$60, muy superior al estimado por los mercados.

Otro falso orgullo es el cacareado cumplimiento de la regla fiscal por, supuestamente, mantener a raya el endeudamiento público, pero el Gobierno no dice que ha quemado inconveniente la estructura financiera de Ecopetrol, el cual, en inaceptable sacrificio, se ha endeudado en los mercados para entregar un insostenible flujo de dividendos al Gobierno, usando a la empresa más importante del país como “fiador” de deuda pública. Y todo lo anterior en un ambiente de enfriamiento económico mundial que amenaza con convertirse en una larga era de hielo.