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tunja_paroPor: Jorge Iván Cuervo R.
El gobierno de Santos considera que no existen razones para el paro agrario, y que tan sólo se trata de una estrategia política en la que coinciden sectores de derecha y de izquierda en un periodo pre electoral, por esta razón lo ha minimizado y desdeñado con arrogancia.

Lo cierto es que sí existen razones para el paro como consecuencia de un modelo de desarrollo que ha dejado a varias actividades agrícolas a merced de las reglas de competencia del mercado global, para lo cual, la herramienta de los subsidios compensatorios no es suficiente pues se precisa de una política agraria integral como lo señaló el informe Nacional de Desarrollo Humano, Colombia Rural, lo cual, por lo demás, es imprescindible en un escenario de posconflicto.

El propio gobierno ha reconocido que las cifras de pobreza y desigualdad que han tenido una mejoría significativa en sectores urbanos, se han deteriorado en el campo. Según el DANE, la pobreza monetaria en el sector rural pasó de 46,1% en 2011 a 46.8% en el 2012, y la pobreza extrema llegó a 22.8% frente a un 22.1% en el 2011. Esto implica que cerca de la mitad de la población en el campo es pobre, y la mitad de estos pobres se encuentran en situación de pobreza extrema. Si bien no necesariamente estos son los que salen a protestar, el paro sí es un síntoma de un malestar social creciente.

El Departamento Nacional de Planeación ha señalado que entre 2002 y 2012 (dos gobiernos de Uribe y uno de Santos) la brecha entre lo urbano y lo rural se ha ampliado. En efecto, en 2002 la incidencia de la pobreza rural, esto es, el porcentaje de hogares que no alcanza el nivel de línea de pobreza, era 1.4 veces respecto de la urbana, y en 2012 aumentó a 1.7. En materia de extrema pobreza, la incidencia en el 2012 es de 3.5 respecto de la urbana. Estas cifras por sí solas justificarían la protesta en el contexto de un gobierno que ha optado por suscribir tratados de libre comercio con todo el mundo sin una estrategia interna para mitigar los impactos de dichos tratados en diversos sectores productivos. Si se pierden empleos llega la pobreza y el malestar social.

En tiempos de globalización es difícil resistirse al libre comercio, pero sí es un imperativo que los gobiernos negocien con criterios de equidad y desarrollando estrategias de reconversión productiva y de compensación para los sectores más afectados. Hasta Estado Unidos, la meca del capitalismo, tiene mecanismos de protección allí donde la agricultura sigue siendo una actividad productiva fundamental, de suerte que no es precisamente una demanda revolucionaria lo que hay detrás de movimientos como dignidad cafetera y demás sectores agrícolas afectados.

La demanda fundamental se orienta a que el Estado les dé una mano en esta crisis, con un horizonte de certidumbre de poder seguir en un juego cada vez más exigente en términos de competitividad, con un agravante, y es que las expectativas de prosperidad que ha despertado este gobierno con un mejor comportamiento en la economía, no se ha sentido en el sector rural donde, a juzgar por las cifras, ha ocurrido un deterioro.

¿No es justo entonces protestar contra un modelo de crecimiento que no favorece a todos por igual?

Opinión El Espectador.