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TLC_EE.UUMario Alejandro Valencia, Bogotá, abril de 2012

El gobierno colombiano está empeñado en que se implemente rápidamente el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. No hay que ser científico de la NASA para concluir que lo único que Colombia podrá venderle a ese país es lo mismo que siempre hemos exportado: petróleo, carbón, flores, café y banano. Si en 100 años no hemos vendido más cosas no es a falta de un TLC, sino por la ausencia de más y mejor producción local. Y esa carencia no tiene su explicación en falta de disciplina o de emprendimiento individual, sino en la inexistencia de una política nacional orientada a dotar al país de la infraestructura física e institucional necesaria para competir con otras empresas globales.

Justamente esa falta de “competitividad” ubica a Colombia en el puesto 85 entre 141 países en infraestructura, el 108 en calidad de carreteras y el 109 en puertos, según la evaluación del Foro Económico Mundial. Los hechos son evidentes: según Daniel Flórez, presidente de la Sociedad Colombiana de Ingenieros, Colombia tiene 30 años de atraso en su infraestructura, para lo cual se necesitaría invertir mínimo un 2% del PIB en su modernización y no un 0.6% como lo viene haciendo.

De los 15.579 kilómetros de carreteras nacionales el 55.26% está en regular o mal estado, según lo informa Invías, a pesar que el 80% de la carga se transporta vía terrestre. Sólo 1.25% del comercio es multimodal mientras en Europa es casi la mitad. Más de la mitad de las vías férreas, de los escasos 3.500 kilómetros, están inutilizables. El puerto de Buenaventura, el más importante del país, ya excedió su capacidad en 65%. Colombia tiene 28 aeropuertos, 348 menos que Estados Unidos, y El Dorado, el segundo de mayor tráfico en América Latina ya no da abasto a un vuelo más.

En estas condiciones, Juan Manuel Santos y sus ministros intentan hacerle creer al pueblo colombiano que estamos preparados para enfrentarnos a la nación más poderosa y la 5ª más competitiva del planeta. Durante el proceso de negociación, el gobierno y los gremios de las multinacionales (véase ANDI) de lo único que hablaron fue de la Agenda Interna para el TLC “la gran oportunidad para el desarrollo competitivo”, en palabras de Luis Carlos Villegas. Hablaron de “troncales y transversales de altas especificaciones y óptimos niveles de servicio y operación; transporte multimodal”, al decir de Juan Martín Caicedo, presidente de la Cámara Colombiana de la Infraestructura. Hernando José Gómez, jefe negociador del TLC y los ministros del entonces gobierno respondían a las críticas y a los rigurosos estudios que mostraban el desolador resultado de esa integración, todos en una sola voz: Agenda Interna.

Durante cinco años esto se olvidó. Tras concluidas las negociaciones nunca se volvió a hablar del tema. Las carreteras se derrumbaron, las troncales nunca llegaron, los puertos no se ampliaron, el túnel de la línea es todavía un sueño, los sistemas de transporte masivo colapsaron. Solo hasta octubre de 2011, cuando el Congreso de Estados Unidos aprobó el TLC, el gobierno se acordó de la Agenda Interna. Demasiado tarde. “Nos quedamos ahí, sin resolverlo”, dice el presidente de Analdex.

En una columna de opinión, el analista Guillermo Maya recuerda que Federico List, economista clásico, autor teórico de lo que hoy es la Unión Europea, decía: “el libre comercio no es el punto de partida sino el punto de llegada”. Agrega: “agenda interna significa la transformación de las fuerzas productivas. Es decir, qué producir. La respuesta: manufacturas”.

Desconociendo la evidencia, Juan Manuel Santos continúa expresando que el “reto” es la agenda interna para enfrentar a Estados Unidos, como si la competitividad fuera producto de una decisión administrativa y no de décadas de inversión en tecnología, ciencia y educación. ¿A punta de cursos de motivación personal y discursos sobre proyectos de papel, podremos competirle al país más poderoso del planeta?

El desarrollo de Estados Unidos, Alemania, China, Corea del Sur, Japón, Brasil, India tiene un común denominador: Estados fuertes y producción agraria e industrial. Lo demás son cuentos. Mientras tanto, la principal apuesta del gobierno colombiano es la de basar el desarrollo en la explotación de recursos naturales no renovables, cuya principal característica es –obviamente– que cuando se acaben ¡no se renovarán! Tan lamentable es la situación, que Juan Camilo Restrepo, ministro de agricultura del actual gobierno, el 10 de octubre de 2011 dijo: “no estamos preparados para el TLC”. Concuerdo con él.