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corpoicaLisandro Duque Naranjo / El Espectador, mayo 3 de 2014

Hay personas, habitualmente periodistas, políticos y funcionarios, que cada que se habla de un proyecto que significará gastos inevitables para el Estado –por concepto de vivienda social, indemnizaciones para damnificados, deudas atrasadas con universidades públicas, reparaciones a víctimas, etc.– exclaman: “¿y eso cuánto va a costarnos?” o “¿y eso sí tiene sostenibilidad?”. Ponen un tono de prendistas, como si esas platas fueran suyas y tocara rebajarlas lo más posible.

Habitualmente otros costos no los exasperan, como si se tratara de baraturas, por ejemplo los relacionados con el número de guardaespaldas que debe pagársele a una sola familia, las jubilaciones opulentas de una élite de exburócratas con una historia laboral mínima, los equipos, municiones y combustibles que, para volverlos humo, acaparan los estamentos armados, etc. Nada de esto lo consideran derroche, sino apenas lo natural para garantizarles su “dulce farniente” a unas jerarquías ociosas.

Pero los peores entre todos son aquellos funcionarios que, a nombre de la institucionalidad, invocan todas las potencias del Establecimiento contra una sola persona, por lo regular indefensa –o eso se creen–, para castigarla por haber omitido un trámite irrelevante. Y le ponen un chuzo en la yugular al débil ciudadano para que le quede claro que el Estado es perfecto e invencible. Esa sevicia de los burócratas suele ensañarse con encono, primordialmente, en víctimas que consideran fáciles por haber dedicado su existencia a las disciplinas silenciosas de la ciencia, y no por eso, sino talvez por eso mismo, fundan, desde sus microscopios, calidad de vida para sus contemporáneos.

La veterinaria María del Pilar Donado Godoy recibió en 2002 una beca–préstamo de Colciencias–Fullbright y Corpoica, de 226 millones de pesos, para cursar un doctorado en “Epidemiología Veterinaria y Salud Pública Animal” en la Universidad de California, Davis, en los EE.UU. Como es usual en la mayoría de doctorados, el de María del Pilar se alargó de tres años y medio a cinco, y su tesis de grado se convirtió en un referente científico elogiado en la academia internacional, y puesto en práctica por entidades de salud pública en varios países latinoamericanos, algunos de Europa y otros asiáticos. María del Pilar es, pues, una científica creativa y prestigiosa que honra el talento colombiano.

Es bueno que el lector sepa que esas becas–préstamo se le condonan automáticamente al profesional cuando regresa al país y pone sus saberes al servicio de una empresa de ciencia y tecnología. María del Pilar hizo exactamente eso, y además lleva trabajando en Corpoica desde 2006, lo que quiere decir que el alargamiento de su doctorado lo cumplió desde aquí. Por eso mismo, Colciencias le condonó la deuda, al igual que lo hizo la organización Fullbright. Colciencias aprendió hace rato que si quiere científicos calificados, debe auspiciar su formación, y que a la hora de la verdad, la plata invertida en ellos es una bicoca al compararse con los beneficios que le prestan al país.

Pero Corpoica parece ignorar eso, y está cerrada a la banda en que María del Pilar le adeuda 700 millones de pesos (hasta allá suben los montos de la cuantía original), y tiene a la profesional –y a su mamá, quien es su codeudora– literalmente apercolladas contra la pared y destruyéndoles la vida con un acoso inclemente. Asistimos a una versión contemporánea de la Cándida Eréndira y su abuela Corpoica desalmada.

La comunidad científica, tanto como los colombianos que cursan estudios de postgrado en el exterior, y quienes repudiamos estos procedimientos contra la inteligencia, nos declaramos en alerta, y solidarios, frente a este caso. Estaremos pendientes.

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