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Juan Pablo Fernández M., Bogotá, 12 de diciembre de 2012.

Juan Manuel y sus partidos políticos (Liberal, U, Conservador, PIN y los Verdes) se aprestan a aprobar a pupitrazo limpio una reforma tributaria que aumenta la carga tributaria a un amplio sector de la sociedad y se la reduce a uno pequeño. Un reforma que deja a dos sectores como los paganinis y a dos como los ganadores. ¿Quién es quién en la tributaria? Veamos.

Paganini número uno: La clase media. El gobierno aduce que la reforma es neutra, lo que es falso. Aunque el gobierno muestra que no variará el recaudo total de los impuestos que cobra el gobierno –este año llegará a cien billones–, sí se le ponen mayores impuestos al trabajo como contraprestación por reducírselos al capital. Más impuestos al trabajo y menos al capital, eso no es neutralidad. ¿Cómo sucede esto?

La reforma baja del 33 al 25 por ciento el impuesto a la renta de las empresas, elimina el pago de los parafiscales para salarios de hasta $5,6 millones y crea un nuevo impuesto sobre las utilidades de las empresas. El balance entre la reducción, eliminación y creación de impuestos a las empresas da un efecto neto, según la Contraloría, de reducción de la carga tributaria de $6,3 billones, lo que se convertirán en ganancias de los propietarios de las compañías.

Pero esa reducción de la carga se les pone encima a otros contribuyentes. ¿Quiénes son? Los profesionales, empleados y pequeños y medianos propietarios que ganen al mes más de 3,3 millones, o 3,7, según dicen las últimas noticias, a quienes el peso de los tributos les aumentará en $6 billones. Estos, según el gobierno, son los ricos. Particular forma de ver el mundo. Mientras se le bajan los impuestos a quien tiene capacidad de pagar salarios de 5, 10 ó hasta 15 millones, se les aumentan a quienes los perciben.

Dos ejemplos: con el impuesto IMAN que se crea, un profesional que gane $5,56 millones mensuales –$66,8 millones anuales–, por ejemplo, un abogado, pasará de tributar anualmente $132 mil a $1,2 millones, un aumento de 809% en los impuestos que paga, según un estudio de Luis Jorge Garay. Según la Universidad de Antioquia y la Federación de Profesores Universitarios, hoy un profesor con un salario mensual de $4,1 millones no paga impuestos. Con la reforma tributaria pasará a pagar anualmente más de 3 millones de pesos, casi un mes de salario. Quienes ganen 5 millones pagarán ya no $284 mil sino $7,5 millones, mes y medio de trabajo. Los aumentos serán de 500 y más por ciento. Y mientras tanto, a los bancos de Luis Carlos Sarmiento Angulo, el hombre más rico de Colombia y a quien su riqueza en el último año le creció en $3,5 billones, se les reducen los impuestos y sus ingresos por los dividendos que le pasa el Grupo Aval se mantendrán exentos del pago del impuesto a la renta.

Paganini número dos: los estratos populares. El sistema tributario colombiano se sustenta en los impuestos indirectos, que en términos proporcionales gravan con mayor fuerza a los que menos tienen que a los que más tienen. Estos impuestos por definición son regresivos. Cerca del 60% del recaudo de impuestos nacionales se sustenta en los tributos indirectos. Al unificar las tarifas del IVA y crear el impuesto al consumo, la reforma aumenta la carga tributaria, según el mismo estudio de Garay, en $376 mil millones. Según el gobierno, en un billón de pesos. Garay añade que por efecto del mayor cobro del IVA y el impuesto al consumo se encarecerían los productos producidos en Colombia, lo que los haría menos competitivos frente a los importados, y causaría un aumento neto en los precios a los consumidores de 0,31%.

Ganadores uno y dos: grandes empresas y sus dueños. Uno de los grandes avances de las revoluciones burguesas fue la creación de sistemas impositivos que no se sustentaban en el cobro de tributos al trabajo y al consumo sino en tributos a la propiedad y a las ganancias, ambos progresivos. Millones de humanos sufrieron cárcel, la ruina y la esclavitud por no poder pagarle los altos impuestos al rey o al señor feudal. Pero en las últimas tres décadas avanza a escala mundial la política de gravar con mayor fuerza al trabajo y al consumo y reducir los impuestos a la propiedad y al capital.

Para justificar la reducción de la tributación a las multinacionales y los bancos y a sus dueños, se emplea el argumento de que si eso no sucede, no habrá inversión. Contra el argumento del desaliento a la inversión, Warren Buffett, el tercer hombre más rico de la tierra, ha dicho: “He trabajado con inversiones durante 60 años y aún no he visto, ni siquiera cuando las tasas sobre los beneficios de capital eran del 39,9 por ciento entre 1976 y 1977, que nadie deje de invertir por un incremento de la presión fiscal sobre sus potenciales ganancias. La gente invierte para hacer dinero, y los potenciales impuestos nunca los han asustado.” (http://nyti.ms/128BSfJ)

Luego los $6 billones de reducción de la carga tributaria a las grandes empresas y a sus dueños causarán más desigualdad. El gobierno habría podido aumentarles los impuestos a las grandes compañías. Las 89 empresas privadas más grandes del país solo aportan el 4,6% del recaudo de impuestos. Y sus dueños, los Slim, Sarmiento Angulo, Santo Domingo y otros, cuando reciben los dividendos no pagan nada de impuestos.

Si esta reforma tributaria buscara promover la igualdad y la progresividad tributaria, como manda el artículo 363 de la Constitución, les habría eliminado a las grandes compañías todo el régimen de exenciones y deducciones tributarias, que al año cuesta más de $6 billones. De la misma manera hubiera creado para las empresas un régimen tributario progresivo, con tasas desde 15 hasta 40%, por ejemplo, y para las personas naturales que reciben dividendos de las empresas, con tasas desde 15 hasta 25%, en vez de mantenerlas exentas del pago del impuesto a la renta. Y por último, habría eliminado los contratos de estabilidad jurídica, que benefician a 66 grandes compañías, e impuesto a las zonas francas, que pagan 15% de impuesto a la renta, tasas impositivas iguales a las del resto de la población.

Pero no, el gobierno de Santos se inclinó por poner a tributar más a la clase media y a los estratos populares y bajarles los impuestos a los individuos más poderosos de Colombia y el mundo. Vaya estilo el de este gobierno. Se pierde una parte de territorio y se dice que ahora “Colombia es más grande.” Se suben los impuestos a la clase media y dizque los “ricos van a chillar.” El próximo año, toda persona que gane más de $3,3 millones va a sentir cómo la DIAN le mete muy duro la mano al bolsillo. El aumento salarial y más se lo comerá la reforma tributaria. La capacidad de consumo de la población se verá diezmada, y ello en medio de una crisis económica mundial que ya golpea la nacional y con una macroeconomía muy expuesta a los embates externos. Y estas medidas se toman, según el gobierno, para mejorar el nivel de vida de los colombianos. Que forma tan cínica de ocultar la realidad.