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LUCHO

Por: Julian Carvajal / @juliancarvajal_

Los comunicados y entrevistas dadas por el actual Ministro de Trabajo, Luis Eduardo Garzón, durante los últimos meses, parecen narraciones de fantasía que hacen ver a Colombia como el paraíso laboral casi idóneo y soñado por cualquier trabajador. Lucho en el país de las maravillas sería el nombre de la historia, si Garzón decidiera escribir un libro con sus relatos, y de fantasía laboral seria el género al que pertenecería.

En un comunicado publicado en la página del Ministerio de Trabajo, titulado Tercerizar no es desmejorar condiciones del trabajador”, Garzón hace ver la tercerización laboral como una buena opción para los trabajadores bajo el cumplimiento de ciertos parámetros que, por cierto, no deberían ser tomados en cuenta porque la tercerización simplemente no debería existir.

Garzón omite que los trabajadores tercerizados ganan en promedio un 20 % menos que los trabajadores directos, según señalan datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), y olvida los atropellos a los que están expuestos las personas que laboran de esta manera como lo son la inestabilidad laboral, el no pago de horas extra, la falta de cobertura social, el no pago de sus salarios, descuentos salariales ilegales y decenas de irregularidades más, que violan la legislación nacional. La tercerización en Colombia solo ha servido para que multinacionales, como Claro, Telefonica, Pacific Rubiales, entre otras, encuentren mano de obra barata y se desliguen de sus responsabilidades patronales, dejando a los trabajadores a su suerte.

En otro derroche de imaginación, Garzón publica en el periódico El Tiempo un artículo llamado “Ambiente de paz… laboral”. En este, el Ministro fantasea con que en Colombia la calidad del empleo ha mejorado y que las hadas vuelan alrededor de los colombianos laboralmente activos, llevándose por delante la realidad atroz que viven todos los trabajadores al ser golpeados por los ogros de la continua precarización laboral. Se deja en el tintero que Colombia es de los países  latinoamericanos con más informalidad laboral, un 56% según un estudio de la Universidad de los Andes, solo siendo superado por Perú y México, y que el 55% de los colombianos ganan un salario mínimo o menos, como señala un informe del Centro de Estudios Latinoamericanos (CELU). De la misma manera se habla de la gran cantidad de empleos que se generan en el país, pero no aclara que muchos son temporales y de mala calidad. Se hace ver a la informalidad como una elección que tienen los colombianos, cuando es sabido que la gran mayoría de los que acuden a esta forma de trabajo lo hacen por falta de un empleo estable, con garantías laborales y bien remunerado, son empujados al rebusque.

Garzón describe la naturaleza del gobierno Santos como benévola y clemente hacia los trabajadores, obviando, entre toda la demagogia que recita, lances como el artículo 137 de la Ley Antitrámites de 2012 presentado por el gobierno Santos,  que pretendía dar el poder a las empresas de despedir a trabajadores en estado de enfermedad y/o limitaciones físicas, y que la Sala Plena de la Corte Constitucional tumbo por demandas interpuestas por ciudadanos del común y representantes de los trabajadores, solo por dar un ejemplo.

Así, los datos de Garzón no profundizan en cada una de las situaciones descritas, dejando por fuera una serie de detalles, que de haber sido plasmados sobre la verdadera realidad laboral que viven los colombianos, convertirían sus narraciones en un best seller de terror. Todo lo dicho por Garzón es puro cuento.