Una cuidadora puede necesitar varios transportes, dinero para los pasajes y alguien que se haga cargo de la persona que atiende mientras llega a una Manzana del Cuidado. Acceder a servicios creados para liberar el tiempo puede consumir parte de ese mismo tiempo.
En Chapinero, una mujer que vive en los cerros orientales puede necesitar hasta cuatro transportes para llegar a la Manzana del Cuidado de Pardo Rubio. Algunas usuarias son adultas mayores, tienen dificultades de movilidad o no cuentan con dinero suficiente para pagar los pasajes.
Si esa mujer cuida de manera permanente a otra persona, el viaje exige además resolver quién se queda a cargo mientras ella sale. Para algunas cuidadoras, su labor ocupa las 24 horas y trasladarse hasta una Manzana del Cuidado no siempre es posible.
El Sistema Distrital de Cuidado fue concebido para reducir y redistribuir el trabajo de cuidado que recae principalmente sobre las mujeres. Sin embargo, las experiencias expuestas durante un encuentro de mujeres realizado por Cedetrabajo el pasado 17 de septiembre, mostraron que la distancia, los horarios, la falta de relevo y los costos de transporte pueden consumir parte del tiempo que sus servicios buscan liberar.
Cuatro transportes para llegar
Diana Martínez habló del caso de Chapinero. La Manzana del Cuidado funciona en Pardo Rubio, mientras algunas mujeres que necesitan sus servicios viven en las UPZ de los cerros orientales.
Según Martínez, quienes viven hacia La Calera pueden necesitar hasta cuatro transportes. También señaló que anteriormente funcionaba un bus que recorría los barrios y acercaba los servicios a las mujeres, pero dejó de hacerlo. A eso se suman las dificultades con los horarios del bachillerato y las actividades para niños.
El problema cambia según el territorio. Juana Fuentes, estudiante del postgrado en políticas públicas de la Universidad Nacional, señaló que existen 27 Manzanas del Cuidado en Bogotá, pero cuestionó que la cobertura responda a las condiciones de cada localidad. Puso como ejemplo a Sumapaz, donde un bus que llega una vez por semana resulta insuficiente para una zona rural extensa y con dinámicas distintas a las urbanas.
También mencionó el radio de atención de la Manzana de Chapinero. Estar ubicada en una localidad no significa que resulte cercana para todas sus habitantes.
Las dificultades aparecen en servicios más específicos. Una participante explicó que la lavandería funciona con horarios limitados y pocos turnos durante el día. Las citas se distribuyen durante la semana y no alcanzan para todas las cuidadoras que quieren usarlas. Según su intervención, después puede atribuirse la baja asistencia a las propias mujeres, aunque algunas no pueden ajustarse a los horarios o pagar el desplazamiento.
¿Quién cuida mientras ella sale?
Para las mujeres responsables de personas con alta dependencia, salir unas horas requiere que alguien las reemplace.
Fuentes recordó que durante la administración anterior funcionó un programa de relevo. Una terapeuta o una auxiliar de enfermería asumía temporalmente el cuidado para que la mujer pudiera estudiar, salir o realizar otras actividades. El programa tuvo resultados positivos, según relató, pero resultó costoso para la administración y no se mantuvo. También encontró otra dificultad: algunas mujeres desconfiaban de dejar a sus hijos o familiares con una persona desconocida, aunque tuviera formación profesional.
Durante el encuentro también se discutió qué ocurre cuando las actividades destinadas al descanso requieren traslados, horarios y nuevas tareas. Fuentes preguntó si asistir a una piscina, un parque u otra actividad programada equivale siempre a descansar. Ana Beatriz, integrante de espacios locales de mujeres en Bosa, señaló que algunas mujeres reducen sus horas de sueño para poder asistir a las actividades. Para las lideresas, organizar jornadas, talleres y encuentros también puede sumar trabajo a la jornada.
Liderar también consume horas
María Camila Tovar, consejera consultiva por el derecho a una cultura libre de sexismo, habló de mujeres que dedican más de ocho horas diarias al liderazgo comunitario, las reuniones y los procesos de formación. Ese trabajo no tiene salario ni una jornada definida.
Tovar cuestionó que las mujeres reciban capacitaciones y certificaciones, mientras las contrataciones para impartir actividades recaen con frecuencia en personas ajenas a esos procesos. También pidió revisar para qué se utiliza el tiempo de las mujeres que participan en ellos.
Otra pregunta que surgió fue, cuánto del trabajo relacionado con las Manzanas del Cuidado depende de mujeres voluntarias.
Juana Fuentes aclaró que los servicios son prestados por funcionarios y contratistas de las entidades distritales, mientras que las integrantes de los Comités Operativos Locales de Mujer y Equidad de Género realizan de manera voluntaria labores de participación, incidencia y organización comunitaria. Pero aquí la línea es bastante delgada, hasta dónde llega la participación voluntaria de las mujeres y desde qué punto empiezan a asumir, sin remuneración, tareas que deberían tener respaldo estatal y recursos públicos.
El costo de ampliar la atención
Más transporte, atención cercana a los barrios, horarios amplios, personal para las lavanderías y servicios de relevo requieren recursos. Sara Osorio, economista e investigadora de Cedetrabajo, vinculó las barreras relatadas por las participantes con la discusión fiscal. Según explicó, Bogotá no tiene capacidad para asumir por sí sola las necesidades de cuidado del país y se requiere financiación estatal para un Sistema Nacional de Cuidado.
Klelia Guerrero, integrante de la Red de Justicia Fiscal para América Latina y el Caribe y del equipo técnico de justicia fiscal de Latindadd, señaló que alrededor del 70 % del trabajo de cuidado en Colombia recae sobre las mujeres. También sostuvo que el sistema fiscal debería financiar infraestructura y servicios que reduzcan esa carga.
Como acciones a realizar, Sara Osorio propuso llevar esa discusión al Presupuesto General de la Nación y defender la financiación de un Sistema Nacional de Cuidado. También mencionó el CONPES aprobado durante el gobierno anterior y la discusión pendiente de una ley sobre cuidado.
María Camila Tovar dejó tres preguntas para seguir esa discusión: cuánto dinero hay, de dónde salen los recursos y para qué deberían usar el tiempo libre las mujeres.






