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Tomado de la pagina del Centro de Estudios Latinoamericanos (CELU)

Por: Héctor Hernán Díaz Guevara*

Si bien el destino de los países lo construye su  pueblo, es innegable que las condiciones históricas, así como la suma de las decisiones tomadas para favorecer o no una política determinada, son las que terminan confluyendo en sus caídas cíclicas y cada vez más recurrentes. México es un ejemplo claro, por no decir que toda América Latina.

MexVeamos: La crisis que actualmente afecta al país azteca inunda las calles, cada día más llenas de desempleados, que hacen interminables filas en las pocas empresas que no han cerrado sus puertas, por la insostenible competencia a la que son sometidas desde hace dos largas e interminables décadas. A esto se le suma una deslegitimidad del sistema electoral que en menos de treinta años acumula ya tres elecciones presidenciales –1988, 2006 y 2012- cuyos resultados, por decir lo menos, han sido cuestionados por amplios sectores de la sociedad.

Para el autor de este texto no es casualidad que haya sido precisamente en los últimos cinco sexenios cuando la crisis se ha agravado más, alcanzando sus puntos más álgidos en las depresiones económicas que afectan a su poderoso vecino del norte, que ve en México un punto clave de su política económica y su seguridad nacional.

Los hechos son bastante dicientes. México le proporciona a los Estados Unidos un mercado interno de 120 millones de consumidores, que no son nada despreciables, además de que los costos de transporte son mínimos por ser territorio de frontera. La conquista de este mercado si bien fue gradual, se agudizó y literalmente se firmó en el marco de las negociaciones del North American Free Trade Agrement “NAFTA”; en dicho acuerdo, el país entró a competir contra la mayor economía mundial sin estudios previos de impacto, entregando su industria nacional a una carrera suicida, que dejó como resultado al cabo de pocos años, un aparato productivo devastado con una problemática de empleo sin precedentes en un siglo y con el drama adicional de un incremento en el flujo de migrantes hacia la frontera norte, para ubicarse en las nuevas maquilas instaladas desde los años noventa o en busca de un mejor futuro, migrando a los irónicamente antiguos territorios de la República, California y Texas principalmente. La cifra es tan dramática que se calcula que pueden llegar a ser 30 millones de mexicanos los actuales residentes en Estados Unidos, de los cuales el 63,4% han llegado desde 1990[1], propiciándole así a este país una fuente de mano de obra barata, indispensable para los sistemas industrializados desde tiempos decimonónicos[2].

La segunda variable que puede ayudar a comprender lo profundo de la crisis mexicana es su alta dependencia del petróleo que en cifras actuales, sin entrar en vigencia aún la reforma energética de Enrique Peña Nieto, significaba 1 de cada 3 pesos del presupuesto nacional[3]. ¿Esto en qué se traduce?: en que PEMEX no recibe los beneficios tributarios de todas las demás empresas multinacionales presentes en México –cuyos beneficios tributarios aumentan su rentabilidad- dejando a la estatal mexicana en una incómoda situación que durante veinte años le impidió desarrollar su tecnología. La principal empresa del país ha quedado obsoleta, a tal punto, que hace pocos meses comenzó a pedir préstamos y créditos a la banca internacional para importar crudo ligero y así  poder procesar los hidrocarburos pesados, en las poco desarrolladas refinerías mexicanas, que no alcanzan a cubrir ni siquiera la demanda nacional, por lo que tienen que importar el 50% de la gasolina que el país necesita para su funcionamiento interno[4].

Otra arista de los problemas son las crisis en que se ha sumido la economía mexicana –como consecuencia de la ejecución de los “consejos” de obligatorio cumplimiento- del FMI y del Banco Mundial. Desde el gobierno de José López Portillo, las salidas de la crisis, lo único que han hecho es culminar la entrega de la soberanía del país a la banca internacional, aplicando cuanto antes las indispensables “reformas estructurales” para apaciguar la siempre creciente deuda externa. Estas políticas que se resumen en reducción del Estado. venta de paraestatales, apertura del mercado, tratados de libre comercio, austeridad, reducción del gasto público, control de la inflación e independencia del Banco Central del gobierno federal, entre las más importantes, lo que pretendían era conseguir la reducción de la deuda, que, sin embargo, nunca se consiguió, y por el contrario ha llegado al máximo desde los tiempos de la Revolución, con una astronómica cifra de sesenta mil pesos por cada habitante. Esto quiere decir un incremento de la deuda en un 488% desde el comienzo del nuevo milenio[5].

La conclusión a la que llego, después de revisar datos económicos, en una perspectiva histórica, desde el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, es que los planes de ajuste neoliberal para México no son excepcionales, sino que se circunscriben, por el contrario, a la realidad de las economías desindustrializadas del continente que han tenido que sacrificar un mejor futuro para sus hijos –reflejado en una peor educación, un paupérrimo sistema de salud y una virtual inexistencia de empleo siquiera medianamente remunerado-, como consecuencia del recetario de la banca internacional. Los resultados económicos recientes del país, desde el que escribo esta columna, no han sido casuales: lo que intento señalar es que la crisis no es consecuencia de la falta de ortodoxia a la hora de aplicar las políticas de la banca internacional, sino todo lo contrario, son su más fiel reflejo.

 

*Héctor Díaz es Historiador y Archivista de la UIS con Maestría en enseñanza de Historia de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo

 

[1] Las cifras mencionadas son oficiales aunque es muy difícil establecer con mayor rigurosidad el número total ya que un gran número de inmigrantes se encuentran en condición de indocumentados. Las cifras consultadas son de distintas fuentes, sin embargo el porcentaje de fecha de migración corresponde al programa gubernamental “Paisano”www.paisano.gob.mx/index.php/component/content/article/65-estadisticas

[2] Una descripción de este tipo de política industrial aplicada a los países subdesarrollados por Inglaterra en el siglo XIX o por los Estados Unidos en el siglo XX aparece referenciada por Eric Hobsbwam en dos libros suyos: “La era del Imperio” e “Historia del Siglo XX”, ambos publicados por Editorial Crítica, en español.

[3] Diario Oficial de la Federación, 28 de noviembre de 2008.

[4] Jaime Cárdenas Gracia, En defensa del Petróleo. Instituto de investigaciones jurídicas UNAM. Distrito Federal, México.  2009.

[5] Carlos Fernández Vega, México SA. La Jornada. Versión en línea disponible en:http://www.jornada.unam.mx/2015/04/01/opinion/024o1eco