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Publicado 1:38 am, noviembre 20, 2013
Kienyke

“Si hay tiempo para estudiar, no hay plata y si hay dinero, no se cuenta con el tiempo”.

Julián Andrés Barbosa es un joven de 28 años. Salió del colegio a los 22. Debido a problemas económicas tuvo que dejar el bachillerato  para luego validar. No logró entrar a la universidad pues en sus primeros trabajos, como en todo su historial, le pagaban el mínimo. Además, tenía horarios nocturnos con los que poco o nada de tiempo le quedaba para profesionalizarse.

Desde los 16 años se empleó, empezó como conductor de transporte público, manejó un camión de transporte nacional. A los 20 años le salió su primer trabajo administrativo: auxiliar bibliotecario para un colegio distrital. La contratación fue por la temporal y duró tan solo seis meses. Tiempo después entró en una microempresa como conductor. En ella fabricaban rodillos para pintura. De ahí renunció para volver al transporte público por año y medio más. Salió para poder terminar el bachillerato y durante ese año no recibió ni una sola propuesta de trabajo.

El que era su jefe tuvo que vender la buseta y Barbosa volvió a quedarse sin trabajo. Logró vincularse a una compañía de ingeniería en la que asumió la labor de digitador. “Así figuraba el cargo, sobre el papel. Pero realmente ese contrato terminó porque la empresa perdió una licitación. Volví a quedarme sin trabajo”, cuenta. Pasó de nuevo a manejar una camioneta. Allí se ganaba el mínimo. Debía pagar su pensión y salud. Tuvo que retirarse debido a que le retrasaban los pagos. Demandó y no consiguió nada.

En 2010 completó doce meses como desempleado. En 2011 entró como mensajero en un almacén de repuestos para mulas y maquinaria pesada. En este almacén duró un año hasta que se accidentó en la moto que conducía. “Recibía malos tratos por parte de mi jefe. Con groserías creía que él podía conducir más rápido hasta que me sucedió el accidente”.  Trabajaba de siete de la mañana a 8 de la noche aproximadamente. No le pagaban horas extras. Consiguió un nuevo trabajo en marzo del 2012. Hizo un reemplazo de 15 días como auxiliar de bodega. Vencido su contrato en abril de ese mismo año entró a un centro comercial como auxiliar de archivo. Allí duró un año.

Desempleo, Kienyke

Hace tres meses el presidente Juan Manuel Santos destacó el buen comportamiento económico de la nación durante los últimos años.”La economía colombiana creció estos tres años a un promedio del 4,9 por ciento, que es el tercer promedio más alto en toda América Latina”. También destacó que gracias a ello y al importante incremento del recaudo de impuestos, que aumentó un 50% en dos años, el país cuenta con una de las tasas de inversión más alta de la historia y la segunda del continente. Y aunque recalcó que los boyantes ingresos que le han llegado al país han permitido que la tasa de desempleo baje al 9.4%, la más baja desde la utilización de una nueva metodología de medición, tener a más de dos millones de colombianos inmersos en el desempleo es inaceptable.

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Según cifras del DANE  en el año comprendido entre julio de 2012 y junio de 2013, a nivel nacional, el porcentaje de personas en situación de pobreza fue del 32.2%. Esto quiere decir que un hogar compuesto por cuatro personas, será clasificado como pobre si el ingreso total de este  está por debajo de los $817.080 pesos. Ni hablar de la pobreza extrema que para el mismo periodo analizado tuvo a un 10.1% de colombianos inmersos en esta condición, es decir, un hogar de cuatro personas  con ingresos menores a los $366.755 pesos. ¿Qué tan vulnerables son los jóvenes a esta situación?

Infografia desempleo juvenil, Kienyke

Volviendo al caso de Julián Barbosa, luego de estar en la inestabilidad laboral pertenece al 1’111.000 jóvenes desempleados de este país. Su casa la componen cinco integrantes. Su padre, líder de mantenimiento en pastas Doria, su madre, que se gana la vida vendiendo arepas con unos ingresos de 80 mil pesos quincenales, su hermana que estudia Ingeniería Industrial en la Manuela Beltrán y su sobrina.

“Mi papá corre con todos los gastos y para el semestre de mi hermana tiene que hacer préstamos cada rato”. Esta familia técnicamente no es pobre ya que el papá de Julián devenga un sueldo de $1’400.000 pesos con extras. Pero, ¿alcanza para mantener una familia de cinco personas?

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El Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas en su último informe sobre el desempleo en los colombianos entre 14 y 28 años destacó que el desempleo juvenil descendió al 16 por ciento. El escenario es dramático si se compara con el presente de los vecinos. La desocupación juvenil está 6.6 puntos por encima del desempleo nacional y también muy superior al regional que ronda el 13 por ciento.

Para Emilio Carrasco, director del Departamento de Seguridad Social y Mercado de Trabajo de la Universidad Externado, una de las explicaciones para entender el desempleo juvenil tiene que ver con el conflicto armado, y la poca experiencia que adquieren muchos de estos ciudadanos para ocupar determinadas posiciones. Eso según él, dificulta el acceso de esta parte de la población a oportunidades laborales. “Hay una oferta reducida y no hay suficientes empleos. Los desempleados son jóvenes determinados por su nivel de educación. Hay personas con menores niveles de educación que consiguen trabajo más fácil, pero esto es esporádico. Si en este país hay 300 mil bachilleres dispuestos a trabajar y 300 mil personas capacitadas, los empleadores buscan mano de obra calificada pero a bajo precio”, anota.

El consultor de la Organización Internacional del Trabajo considera que en el país puede haber cierto tipo de desinformación y las personas que cuentan con estudios superiores no tienen presentes cuáles son sus posibilidades. “Hay muchas personas que están teniendo una educación superior pero hay pocos tecnólogos. Hay que hacer un esfuerzo con miras a preparar lo que el país demanda. El problema del desempleo es que no hay información, no tienen conocimientos. Es un tema de costo y reconocimiento social”.

Desempleo, Kienyke

Los “Ninis” colombianos

En el país cada hogar puede tener un “Nini”. No es extraño y la definición más común hace referencia al sector de la población mundial que en la actualidad no está trabajando ni estudiando (Ni estudia, Ni trabaja). Son jóvenes, mujeres y varones, que están prácticamente en el limbo, algunos porque quieren, otros porque no tienen otra opción. Según el Departamento de la Prosperidad Social (DPS) el 27% de los jóvenes con pocos recursos (estratos 1 y 2), ni estudia, ni trabaja, ni busca empleo.

Esta organización estatal cree que varios de estos jóvenes logran terminar el bachillerato pero no siguen estudiando. Debido al conflicto y la desigualdad, caen en el microtráfico, las Bacrim, pandillismo y el embarazo adolescente, uno de los problemas más frecuentes en el país.

A falta de cifras exactas sobre la población juvenil inmersa en esta situación, representantes del Banco Mundial afirman que en Colombia el porcentaje de jóvenes que no estudian ni trabajan llega a un 20% de la población joven. Dicen que la sociedad de un escenario futuro de posconflicto no debe sentir la incertidumbre ante la falta de oportunidades laborales y educativas.

Emilio Carrasco, asesor del Ministerio de Trabajo, no está de acuerdo con caer en el análisis de una década perdida ya que, según él, se debe seguir trabajando en una política de acceso a educación adecuada contribuyendo a una inserción laboral. Para él no es población marginada.

“Me gradué hace ocho meses y aún estoy en búsqueda incansable de trabajo”

Melissa Vanegas de 24 años no es precisamente una “Nini” ya que logró terminar con decoro sus estudios universitarios y quiere emplearse. Estudió comunicación social en la Universidad de la Sabana. En diez semestres universitarios sus padres pagaron un valor aproximado de $63 millones de pesos. Esto sin contar con los gastos adicionales con los que tiene que lidiar un estudiante. Durante su carrera hizo parte del equipo de unisabanaradio.tv, dirigió programas de televisión y trabajó en la emisora Luna Estéreo en el municipio de Chía. A un año de terminar sus labores académicas realizó sus prácticas profesionales en un canal de televisión. Allí se quedó seis meses y tiempo después la llamaron para un reemplazo.

Se graduó en febrero de este año y según ella no ha podido ubicarse laboralmente. Cree que las propuestas a las que ha tenido acceso no son bien remuneradas y acordes a lo que gastó en la universidad. Ha tenido ofertas por el orden del $1’800.000 y ha escuchado de compañeros con los que estudió que se ganan 200 mil pesos menos. Otros también están desempleados. Lleva ocho meses desempleada y si no consigue trabajo  tratará de viajar, con apoyo de sus padres, fuera del país.

Emilio Carrasco, del Externado, cree que la solución para que casos como este no se presenten tiene que ver con la necesidad de la sociedad civil y del gobierno a la hora de establecer los empleos que se necesitan, es decir, los requerimientos de mano de obra nacional. “Debe haber una mayor tasa de retención de los jóvenes en el sistema educativo para que alcancen niveles superiores para ingresar en el mercado laboral. Buena parte de los jóvenes no están sino con el bachillerato. Aquellos que tienen por lo menos un semestre de alguna carrera, cuentan con más posibilidades”. Infografia desempleo juvenil, KienykeLos graduados

El Ministerio de Educación en un reciente estudio destacó que el 80 por ciento de los recién graduados en instituciones de educación superior obtuvo su primer empleo antes de tres meses. Desde que se creó la ley del primer empleo en el 2010, el gobierno esperaba formalizar una gran cantidad de trabajos y generar nuevos puestos. Pero la DIAN fue contundente: de las 237.147 empresas que se crearon en 2011, únicamente el 2.7% cumplieron con los parámetros para acceder a los beneficios de Ley de Formalización y Generación de Empleo.

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Por ejemplo en relación al beneficio de progresividad del impuesto de renta las empresas se ahorraron cerca de $70 mil millones de pesos, suma que se queda corta. Contrario a esto y en referencia a la inserción laboral de los recién graduados, María Fernanda Ocampo, Ministra de Educación, dice que “los resultados son el reflejo de que una educación superior de calidad es la mejor carta de recomendación con la que cuentan nuestros graduados a la hora de enfrentarse al mundo laboral”.

Infografia desempleo juvenil, Kienyke

En cuanto a la política de regionalización del trabajo y salarios con los que salen de la universidad y se vinculan laboralmente, las cifras  del Observatorio Laboral para la Educación dan cuenta de un pago promedio de $1.700.00 mil pesos; las ciudades que mejor pagan son las principales. Expertos en temas laborales como Alirio Vásquez dicen que a pesar de estas positivas cifras, el desempleo juvenil y la pobreza están ligados.

“Colombia tiene una deuda pendiente para disminuir la cifra de desocupación en una población que carece de experiencia laboral y gana un salario básico”. Para él, casi la mitad de los jóvenes adultos se enfrentan a un periodo de desempleo en algún momento de la vida. Julián Barbosa, quien está a la espera de una oportunidad de trabajo digno para profesionalizarse, cree que hay gran demanda y poca oferta en el país. El perfil solicitado, según cuenta, es sesgado y limitado frente al nivel educativo o la experiencia laboral.

La comunicadora Melissa Vanegas dice que el empleo se vuelve mal pago al pasar de los años. Concluye que también por la falta de oportunidades, el profesional termina por emplearse en lo que salga, si sale. “Muchas veces no se trabaja en lo que uno se especializó, entonces no se hace con el mismo gusto y por ello, la gente tan frustrada”, cuenta Vanegas.

En los últimos veinte o treinta años, muchos jóvenes, han vivido quebrados financieramente por largos periodos. Lo cierto es que cada generación tiene, seguramente, una historia de horror por contar acerca de ser joven y no ganar dinero. ¿Generación perdida?