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isa
razonpublica.com 21 Septiembre 2015
Por Diego Otero Prada

¿Por qué vender una empresa que le produce ganancias al Estado y es fundamental para asegurar la estabilidad energética del país? ¿Podrán más las razones ideológicas de los defensores del “Estado mínimo” que los incontestables argumentos financieros? 

Privatización por etapas

El jueves 10 de septiembre se conoció la noticia de que el Consejo de Estado había dado luz verde para que el gobierno vendiera su participación de 57,61 por ciento en ISAGEN,  la joya del sector de generación eléctrica en Colombia.

La privatización de ISAGEN comenzó en 2007 bajo el gobierno de Álvaro Uribe, con la venta del 19,2 por ciento de las acciones que fueron adquiridas por los fondos de pensiones y otros sectores solidarios.

En 2009 el gobierno decidió vender el total de su participación en la empresa,  pero el 15 de junio de 2010 el propio gobierno de Uribe optó por suspender el proceso. El ministro de Hacienda Óscar Iván Zuluagaexplicó que “teniendo en cuenta que el gobierno electo (es decir, el de Santos) ratifica su decisión de no vender Isagén,  entonces se abandona esta idea y los recursos faltantes se sustituirán con aumento de deuda”.

Pero el nuevo gobierno de Santos no cumplió su promesa, y el 20 de julio de 2013 el Consejo de Ministros aprobó privatizar el 57,61 por ciento de participación del gobierno en ISAGEN.

El proceso tuvo muchos contradictores. Se presentaron por lo menos tres demandas y hubo discusiones sobre los impedimentos para que Empresas Públicas de Medellín (EPM) y la Empresa de Energía de Bogotá (EEB) pudieran participar en la puja junto con otros grupos privados colombianos. Al final solo quedó la posibilidad para que participaran en la compra de ISAGEN las multinacionales extranjeras.

Dadas las presiones contra la venta de la empresa por parte del Senado, la Red de Justicia Tributaria, las organizaciones sociales y los expertos, el 13 de agosto de 2014 el ministro de Hacienda anunció que se postergaba la venta por un año.

La decisión del Consejo de Estado del 14 de mayo de 2015 de suspender la venta de ISAGEN fue muy bien recibida por la opinión pública, pero no por el gobierno. El presidente exhortó entonces a todos sus ministros a ponerse en pie de guerra para continuar con el proceso y defender la venta.

Y en efecto el Consejo de Estado acabó por dar un nuevo visto bueno a la venta de ISAGEN, aceptando las razones del gobierno y pasando por alto los argumentos de los opositores a este negocio.

Las virtudes de ISAGEN

ISAGEN es la tercera empresa de generación eléctrica de Colombia, con una capacidad instalada de 3.000,90 megavatios; es decir, el 19,35 por ciento del total nacional después de EPM y EMGESA.

El sector generador en Colombia está bastante concentrado, ya que las tres primeras empresas poseen el 61,03 por ciento del total, y las cinco más grandes, el 81,75 por ciento. Estas son las características propias de un sector oligopólico y proclive a acuerdos de precios.

Efectivamente, el índice de Herfindhal para el sector de generación colombiano es de 1.686,19. Esto significa una concentración muy elevada. Si el sector generador se privatiza, se pueden dar coaliciones para manipular los precios, lo cual difícilmente ocurriría si se tiene un parque mixto de empresas públicas y privadas.

ISAGEN es una empresa muy bien administrada y financieramente muy rentable. Las utilidades netas en 2014 fueron de 436.583 millones de pesos, mientras que el gobierno nacional solo recibirá 147.155 millones de pesos de ingreso por impuestos.

Como el gobierno tiene el 57,61 por ciento de las acciones, de las utilidades netas de 2014 le corresponden 251.515 millones de pesos, parte de los cuales recibe como dividendos distribuidos.

Si se toman los resultados financieros de 2014, se encuentra que la rentabilidad de las utilidades después de impuestos sobre activos de ISAGEN es 7,29 por ciento, y sobre patrimonio, de 10,26 por ciento. Unos valores nada despreciables.

Si la empresa es comprada por una multinacional extranjera, lo más seguro es que las utilidades netas se giren al exterior, en lugar de reinvertirse en proyectos de generación en Colombia, salvo en algunos proyectos menores y, por lo tanto, los impuestos pagados al gobierno no aumentarán.

Por qué no vender la empresa

ISAGEN debe permanecer bajo el control público por las siguientes razones:

  1. Es una garantía para controlar los precios en un sector oligopólico.
  2. Durante la atención de emergencias y desastres, es más fácil ordenar a una empresa pública la instalación de las plantas en los tiempos y lugares requeridos.
  3. ISAGEN invierte en proyectos regionales, con un sentido de desarrollo que no tendría una empresa privada internacional.
  4. ISAGEN desarrolla la hidroelectricidad. Los privados y, especialmente, los extranjeros, no invierten en grandes centrales hidroeléctricas. Su negocio se basa en empresas establecidas que generen utilidades inmediatas,
  5. ISAGEN se interesa por invertir en fuentes de energía nuevas y renovables como la geotermia, la solar, la biomasa y la eólica, entre otras.
  6. Los bienes y servicios requeridos por ISAGEN pueden ser de producción nacional, lo que sería un apoyo a la ingeniería colombiana frente a los retos de los TLC y las privatizaciones.
  7. Si se vende ISAGEN el país pierde un gran activo así como grandes ingresos futuros para el Estado.

Los neoliberales afirman que los créditos no pueden ser subsidiados, y ese fue precisamente el argumento que dieron para acabar con entidades públicas de fomento en el pasado. Entonces sostenían que si la inversión era tan rentable, ¿por qué era necesario solicitar subsidios?

La eficiencia económica, decían, exige que haya verdad en los precios y que estos correspondan a las productividades marginales. Si se cumplen estos parámetros se tendrá una economía eficiente y floreciente. Pero parece que ahora esa teoría no aplica para el sector privado de carreteras.

No a la venta

El Estado no puede hacerse a un lado en el campo de la energía eléctrica, pues es su deber  evitar fallas en el suministro de energía, proteger el medio ambiente, promover el uso racional y eficiente de la energía, defender al consumidor y promover los intereses supremos de la nación.

Por estas razones, ISAGEN debe seguir siendo una empresa pública. Es la única empresa generadora del Estado, es eficiente, moderna y está muy bien administrada. Es muy lamentable que por razones ideológicas se entregue al sector privado internacional una empresa tan importante.

Las dificultades presupuestales tienen otras formas de resolverse. Se pueden eliminar los subsidios a los ricos, cobrar impuestos a quienes más riquezas tienen, perseguir a los deudores morosos del Estado, castigar las trampas fiscales, buscar la paz y establecer un modelo de desarrollo que produzca tasas de crecimiento de 6 por ciento o más por año. Así se verá el crecimiento acelerado de los ingresos fiscales.

Privilegiar el interés privado

Han ganado por ahora los privatizadores, los neoliberales y los partidarios del Estado mínimo. Pero hay que utilizar los mecanismos jurídicos que aún están pendientes y pedir a todos los ciudadanos que protesten en las redes sociales, ante sus senadores y representantes, ante el gobierno, y preparar una movilización nacional para evitar un paso tan claramente equivocado.

Ya hemos dado suficientes argumentos jurídicos, económicos, financieros y técnicos para oponernos a la entrega de ISAGEN a las transnacionales extranjeras, pero parece que los argumentos no valen  para el gobierno del presidente Santos. Los gobiernos como este solo se asustan ante la movilización popular. Es lo único que queda.

En Colombia no se había visto una oposición tan grande a la venta de un activo público, pues tanto la opinión, como parlamentarios de casi todas las tendencias, los sindicatos,  los intelectuales y académicos, los estudiantes y los maestros se opusieron. Sin embargo, nada conmueve al ministro Mauricio Cárdenas, a su nuevo aliado, el director del Departamento Nacional de Planeación, Simón Gaviria, o al presidente de la República, quien parece manejado por su ministro de Hacienda.

Todavía está pendiente la resolución de una demanda presentada por doce parlamentarios de diversas tendencias contra la venta. Si esta demanda no prospera, no queda más alternativa que la movilización popular para defender el interés general por encima del interés privado de las multinacionales extranjeras.