“Santos les entregó Colciencias a los políticos”

Sep 5, 2013

Moisés Wasserman, exrector de la U. Nacional, reaparece con una explosiva declaración contra el Gobierno. El nombre de Moisés Wasserman seguramente llega a la memoria reciente de los lectores como exrector de la Universidad Nacional. Pero además de eso, es Doctor en Bioquímica, profesor emérito de la misma universidad, científico reconocido internacionalmente y miembro de […]

Colciencias_SantosMoisés Wasserman, exrector de la U. Nacional, reaparece con una explosiva declaración contra el Gobierno.

El nombre de Moisés Wasserman seguramente llega a la memoria reciente de los lectores como exrector de la Universidad Nacional. Pero además de eso, es Doctor en Bioquímica, profesor emérito de la misma universidad, científico reconocido internacionalmente y miembro de la Unesco para América Latina. Esta conversación se produce porque son muchos los académicos y científicos inconformes con la dirección de Colciencias, entidad encargada de manejar las políticas del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación.

Él, que es investigador y científico, es un personaje con una opinión autorizada para hablar del tema. Para Wasserman, este gobierno politizó Colciencias cuando se lo entregó al Partido Verde. “Nunca antes en la historia le habían entregado Colciencias a un partido político”, asegura. Además, cree que el hecho de que los recursos para ciencia y tecnología provengan de las regalías, distorsiona la naturaleza de los proyectos. “No hay visión nacional porque todo responde a las necesidades de los gobernadores”, sostiene.

Semana.com: ¿En qué estado está el sistema de ciencia y tecnología en Colombia?

MOISÉS WASSERMAN: 
Nosotros tenemos un sistema relativamente veterano y evolucionado con una inversión muy baja. Según los últimos informes del Observatorio de Ciencia y Tecnología ya se nota que el sistema empezó a frenarse y está decreciendo en aspectos graves. Eso se deriva de un desfinanciamiento crítico y crónico.

Semana.com: Pero para eso se destinó el 10% de las regalías.

MOISÉS WASSERMAN:
 Sí, pero las regalías se reglamentaron de tal forma que crearon un sistema paralelo. Y por la forma como se deciden las regalías y los proyectos, terminan excluyendo al sistema de ciencia y tecnología. Eso significa que la respuesta es cortoplacista y desorientada.

Semana.com: ¿Por qué la califica así?


M.W.:
 Cortoplacista, porque el sistema quedó ceñido a los planes de cuatro años de los gobernadores. Y desorientado porque por esa estructura dispersa no se puede construir una política global, nacional, transversal, que responda a las señas de deterioro y decaimiento del sistema.

Semana.com: Pero profesor, desde el gobierno dicen que hay mucha plata para la ciencia y la tecnología.

M.W.: Por un lado hay muchos recursos que están corriendo en paralelo pero no responden a las necesidades evidentes, y que son usados como excusa para no aumentar los presupuestos de Colciencias.

Semana.com: ¿Quiere decir que la plata de las regalías no le está llegando a Colciencias?

M.W.: El presupuesto de Colciencias aumentó en el año 2009 con el programa de becas doctorales, y como era continuo, se suponía que debía aumentar cada año. Pero sólo aumentó ese año, 2009. Y lo que hay en el Congreso para el presupuesto del 2014 reduce en un 15 % lo que era el presupuesto del 2012 de Colciencias, y además asigna en forma específica dos terceras partes de ese presupuesto a las becas. Con esa tendencia en 2015 y 2016 todo el presupuesto de Colciencias será para becas.

Semana.com: Y a través de las regalías la plata tampoco llega a los proyectos de ciencia y tecnología que el país necesita.


M.W.:
 Con las regalías hay un asunto político perverso. La comunidad científica llevaba decenios sugiriendo que parte de las regalías se usaran para financiar la ciencia, porque el sistema tenía unas políticas nacionales que estaban completamente desfinanciadas. Y finalmente sucedió el milagro, aprobaron las regalías, pero las aprobaron con tal reglamentación que llevan implícita una política distinta. Algo que se suponía que era para financiar, modificó la política con base en una negociación coyuntural en el Congreso.

Semana.com: ¿Es decir que son los gobernadores los que deciden qué proyectos financian?

M.W.: Sí, y eso implica que el financiamiento es paralelo y Colciencias se convierte en una secretaría técnica. Y cada gobernador decide si el proyecto de ciencia y tecnología cuadra o no con su proyecto de gobierno.

Semana.com: Muy grave porque cada gobernador que llega hace borrón y cuenta nueva.

M.W.: El tema es este. El 0.17 del PIB es invertido en ciencia y tecnología pero hay otro indicador,  0.47, que se destina a actividades que no son propiamente de investigación de ciencia. El inconveniente con los proyectos de los gobernadores es que por querer dar resultados pronto en sus cuatro años de periodo, no privilegian la investigación en ciencia y tecnología. La prueba de eso es que la gran mayoría de los proyectos presentados por los gobernadores en 2011 fueron retirados por los gobernadores que se posesionaron en 2012.

Semana.com: La directora de Colciencias Paula Arias dijo en una entrevista para El Colombiano que no necesitan más investigadores.  ¿Qué opina?

M.W.: Es como la parábola de las uvas verdes de Esopo. Como no logramos aumentar el número de investigadores entonces salimos a decir que ya no los necesitamos. Si tomamos en cuenta todos los estudios prospectivos de Colciencias y la propuesta de los diez sabios en el 94, para el año 2000 deberíamos tener mil investigadores por cada millón de habitantes. Catorce años después del 2000 en Colombia tenemos menos de la tercera parte. Entonces decir que no necesitamos más, pues bien, pero con base en qué, es absurdo decir que no se necesitan más.

Semana.com: En esa misma entrevista se dice que se deben privilegiar las patentes y los proyectos que terminen en cosas que puedan salir al mercado. Pero si no hay investigación, ¿cómo pueden producir patentes?

M.W.: Eso es construir edificios sobre arena. La generación de patentes es la punta del iceberg. Hay un corto circuito porque quieren la producción de patentes sin darnos el tiempo y los recursos para hacer la investigación.

Semana.com: El gobierno habla con mucha propiedad de la innovación como una de las locomotoras del país. Pero todo esto que usted cuenta creo que nos deja lejos de esa meta.

M.W.:
 La innovación nos llegó más por un asunto de moda. Hay dos tipos de innovación, radical e incremental. Radical, es cuando surge algo totalmente nuevo basado en el conocimiento y la investigación. La incremental es mejorar un poquito algo que ya existe. Nosotros estamos ahí, y llamamos innovación a cualquier cosa. Pensar que vamos a poder generar una economía competente a partir de esas pequeñas innovaciones incrementales es un error.

Semana.com: El panorama que usted entrega es desalentador. Si a eso le sumamos que el presidente Santos convirtió Colciencias en un botín político, peor.

M.W.: Quiero decir algo de lo que me había abstenido de hablar. El presidente Santos usa mucho la expresión «nunca antes en la historia», y usando esa misma frase, quiero decir que nunca antes en la historia le habían entregado Colciencias a un partido político y eso es inconveniente.

Semana.com: Todo lo que se politiza se daña, ¿es eso?

M.W.: No tiene nada qué ver con lo simpático que sea el partido ni con las personas que están ahí. Lo que pasa es que Colciencias había sido el vocero de los científicos que hablan siempre en voz baja ante las decisiones del gobierno. Al entregar eso como cuota de partido se invirtió el sentido y el director de Colciencias se convirtió en un justificador de las políticas del gobierno ante la comunidad científica y no al revés como debería ser.

Semana.com: Y por eso las declaraciones de la directora  de Colciencias son desafortunadas.

M.W.: No son de mala voluntad. Lo que quiere es demostrar que las cosas están bien y que hay unos científicos quejosos que están tratando de molestar. Eso es una pérdida para Colciencias y para el país. Es negativo politizar el sistema porque lo desinstitucionaliza.

Semana.com: Sin plata para financiar las investigaciones y los investigadores, y con política de por medio, acabaron con Colciencias.

M.W.: El presidente Santos ha dicho que “el amor en política se demuestra en los presupuestos”.

Semana.com: Osea que a ustedes los investigadores y los científicos no los quieren tanto.

M.W.: Exacto.

Semana.com: Tengo una carta firmada por más de 500 personas que forman parte del grupo Diaspora de Científicos e Investigadores Colombianos, quejándose por la indiferencia de la directora de Colciencias frente a los investigadores que están en el exterior. ¿La conoce?

M.W.: Sí. El problema es que no tenemos un programa que traiga a los estudiantes brillantes de vuelta al país. Colombia debería tener un programa agresivo y generoso para convocar a la diáspora científica colombiana, pero ni siquiera tenemos un directorio.

Semana.com ¿El gobierno es consciente de todo lo que está pasando?

M.W.: El ministro de Hacienda actual y el anterior, y el ministro de Salud deben entender el problema por su origen. Pero la ciencia nunca ha generado urgencias, y todo el mundo está apretado por sus propias urgencias. Eso hace que sólo haya discursos vacíos en los que nadie cree. Fue lo que pasó con las regalías, generaron 10 % para innovación y dejaron su uso para asuntos políticos.

Semana

Newsletter Cedetrabajo

El gobierno de Gustavo Petro ha tomado decisiones en materia energética basadas en una lectura equivocada de la estructura energética del país. La suspensión de nuevas exploraciones de hidrocarburos aceleró el paso de Colombia desde una relativa autosuficiencia hacia una creciente dependencia del gas importado, con implicaciones económicas y de seguridad energética que comienzan a sentirse.

Esta situación se vuelve aún más delicada en el contexto climático actual. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) ha confirmado la formación de un “súper Niño”, el fenómeno más intenso de la última década. En un país donde cerca del 70% de la electricidad depende del agua almacenada en embalses, los episodios prolongados de sequía no son un asunto menor. Cuando el nivel de los embalses cae, el sistema eléctrico colombiano depende de la activación de plantas térmicas que funcionan principalmente con gas.

Allí aparece el cuello de botella. Colombia ya no dispone del gas suficiente para operar plenamente esas plantas en escenarios de sequía prolongada. La escasez ya mostró sus efectos. Durante el último año, los precios de la energía en bolsa se dispararon más de 200%, reflejando las tensiones crecientes entre oferta energética, disponibilidad de combustibles y condiciones climáticas adversas.

Torre de perforación asociada a exploración de gas natural

El punto de quiebre llegó en diciembre de 2024, cuando Colombia vivió un hecho inédito en más de cuatro décadas: por primera vez en 45 años el país tuvo que importar gas para garantizar la demanda esencial de hogares y comercio. Este es el resultado de una tendencia preocupante. Las reservas nacionales han venido cayendo y la producción se redujo cerca de 9% en el último año.

Como consecuencia, Colombia se ve obligada a comprar gas en los mercados internacionales a precios mucho más altos. Mientras el gas producido localmente ronda los 6 dólares por unidad, el importado puede costar entre 15 y 16 dólares. En un escenario de mayor dependencia externa, agravado además por las tensiones derivadas de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, las facturas de energía podrían aumentar entre 30% y 40%, Según el exministro Amylkar Acosta.

Gustavo Petro habla en conferencia sobre transición energética

La pregunta inevitable es por qué el país enfrenta hoy esta escasez. Una de las razones centrales es el freno deliberado a la exploración de hidrocarburos. Diversos expertos han señalado que decisiones como la suspensión de los pilotos de fracking han cerrado la puerta a esta tecnología que en su versión 6.0 incorpora cambios tecnológicos frente al tradicional, destacándose por el uso de CO2 capturado en lugar de grandes volúmenes de agua, la integración de inteligencia artificial para anticipar y mitigar impactos ambientales y una reducción significativa de emisiones. De acuerdo con Acosta, esta tecnología podría emitir hasta 8 veces menos CO2 por barril que la producción convencional en Colombia y, además, permitiría multiplicar por 8 las reservas de gas natural del país, lo que ayudaría a cubrir el déficit energético y reducir la dependencia de importaciones.

A esto se suma un problema conceptual en la forma como se está comunicando la transición energética desde el Gobierno. El presidente Petro tiende a confundir la matriz eléctrica con la matriz energética total. Aunque la electricidad en Colombia es mayoritariamente hidráulica, esta representa apenas alrededor del 18% del consumo energético total. El restante 82% sigue dependiendo de combustibles fósiles, especialmente petróleo y gas.

Presentar a Colombia como un país que ya dejó atrás la dependencia de los hidrocarburos no solo es incorrecto desde el punto de vista técnico; también puede generar señales equivocadas para la inversión. Desincentivar el desarrollo de los sectores de petróleo y gas en un momento en que siguen siendo la base del sistema energético nacional compromete la seguridad energética y debilita sectores indispensables para la reindustrialización del país.

La transición energética es necesaria, pero debe ser realista.

Desmontar el sistema energético existente sin contar con alternativas maduras y suficientes no es una transición ordenada: es un salto al vacío. Desde Cedetrabajo hemos insistido en que la política energética debe combinar la expansión de energías renovables con una gestión responsable de los recursos hidrocarburíferos durante el período de transición.

Si Colombia no reactiva la exploración y no destraba proyectos estratégicos como el yacimiento Sirius en el Caribe, hoy afectado por la paralización de las licencias ambientales, el país seguirá perdiendo soberanía energética. En ese escenario, la dependencia de importaciones será cada vez mayor y los costos terminarán trasladándose a hogares y empresas.

La transición energética no puede convertirse en una política de desmantelamiento prematuro del sistema energético. Debe ser, por el contrario, una estrategia de transformación gradual que preserve la seguridad energética del país mientras se construyen las bases de un nuevo modelo productivo. De lo contrario, la promesa de transición podría terminar desembocando en una tormenta perfecta.

Publicaciones Relacionadas