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Por Diego Otero

Diferentes estudios muestran el papel de la infraestructura en el desarrollo económico por los efectos sobre la productividad y la disminución de los costos de transacción. La inversión en infraestructura afecta positivamente al crecimiento del PIB   e igualmente puede tener impactos positivos para reducir la pobreza y la desigualdad de ingresos, por ejemplo  caminos rurales y vías secundarias, aquellas que conectan localidades.

Las estadísticas señalan que Colombia es uno de los países más atrasados en infraestructura tanto en Latinoamérica como en el mundo. En estudio presentado en octubre de 2013 a la CAF por el Centro Internacional de Pensamiento Social y Económico, con la participación de Cecilia López, Nohra Rey de Marulanda y Diego Otero,  se compara la situación de Colombia con países como Chile, Perú  y del Este de Asia (Corea del Sur, Taiwan, Tailandia), encontrándose que nuestro atraso es bastante pronunciado. Se simuló que se requería para llegar a la posición de los países del Este Asiáticos. El resultado fue sorprendente, era necesario invertir durante quince años, si se comenzara una nueva política en 2014, entre el 5% y 6% del PIB, es decir, a precios de hoy,  cerca de 30 billones de pesos por año, para alcanzar los niveles de infraestructura de transporte disponibles en el Este de Asia, cifra muy por encima de lo que hoy se gasta en Colombia, que es cercana a 2,0% del PIB, lo que indica que el esfuerzo por realizar es gigantesco.

Al país se le olvidó invertir en infraestructura, se ve muy claro por las cifras de 1990 en adelante.  El Plan de Integración Nacional-PIB del gobierno de Julio César Turbay Ayala del período 1978-1982 tenía muy claro el papel de la inversión en infraestructura, de ahí que uno de los objetivos del plan era este sector. Los siguientes gobiernos se  olvidaron de este tema con la consecuencia que estamos viendo en 2014 un país terriblemente mal en infraestructura vial de todo tipo. Varios factores influyeron, uno de ellos el conflicto interno, que ha obligado a dedicar casi un 20% de los recursos del presupuesto nacional a la guerra, cerca de 10.000 millones de dólares por año. Como decía Keynes, mantequilla o armas, pero ambas al tiempo es imposible.

En el gobierno del Presidente Turbay tuvo lugar el desarrollo de la Misión Bird Wiesner, un análisis de la situación fiscal del país. Como resultado de este estudio, se  recomendó eliminar el Fondo Vial Nacional que era alimentado por  un impuesto a los combustibles con dedicación específica para el sector transporte. Así se tenían recursos fijos para inversión en infraestructura de transporte, pero las recomendación  de la Misión era la de eliminar todo tipo de impuestos con dedicación fija, con la idea que los recursos deberían salir de la caja común del presupuesto nacional. Qué mal se  hizo a la inversión en infraestructura de transporte porque ocurrió lo contrario, los recursos no fluyeron sino que se desviaron para  otras actividades como la guerra o gastos menos rentables.

 Ahora el reto es enorme porque las necesidades en recursos son ingentes ya que en el país son muchos los sectores necesitados de inversión. De ahí lo importante de lograr la paz, combatir la corrupción, la evasión y tener una estructura tributaria para obtener mayores recursos. Habría que volver a pensar en un fondo vial con recursos de regalías, por ejemplo, ya que como muestran las cifras tenemos  un reto para por lo menos treinta años.