Un histórico duelo intelectual: Un ateo contra un arzobispo

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El espectador.com, Redacción Vivir, 24 de febrero de 2012

La Universidad de Oxford fue el ring donde Rowan Williams, líder espiritual de la Iglesia de Inglaterra, midió la fuerza de sus argumentos frente al zoólogo evolucionista Richard Dawkins.

El escenario elegido fue el Sheldonian Theatre de la Universidad de Oxford. Las reglas: las que dicta la inteligencia. Los temas a debatir bastante provocadores: la naturaleza de los individuos, el origen de la especie humana como un todo, el origen de la vida en el planeta y el origen del universo. Y los protagonistas nada mas y nada menos que el más feroz defensor del darwinismo, el zoologo Richard Dawkins, y en la otra esquina el arzobispo de Canterbury, líder espiritual de la Iglesia de Inglaterra, Rowan Williams.

“Vine aquí como el representante de la ignorancia”, comenzó diciendo Anthony Kenny, sacerdote arrepentido y agnóstico declarado a quien le correspondió la noble tarea de arbitrar el encuentro. Luego añadió: “No sé si hay Dios o no, estoy abierto a que me convenzan y tengo a mi lado a dos personas que creen tener la respuesta”.

Dawkins dijo primero que esa mañana, en la ducha, había cantado “todos ustedes lo reconocerán”, un viejo himno oxforiano. Y aunque según los asistentes al mítico debate su lengua no estuvo tan afilada como de costumbre, no carecieron de gracia sus palabras: “las leyes de la física han conspirado para producir la colisión de los átomos, producir plantas, canguros, insectos y a nosotros”. Y defendió palmo a palmo la teoría de la evolución.

En tono conciliador, el líder espiritual aceptó que la selección natural puede resultar útil para explicar ciertos aspectos de la vida animal, pero le recordó a su contradictor que falla al intentar dar cuenta de aquello que define al ser humano: “Darwin no tiene mucho que decir para solucionar el problema de la conciencia y no veo demasiado avance en las explicaciones científicas sobre ese tema. Quizás es algo que no depende solamente de las leyes de la física”.

Sin dejarse arrinconar, Dawkins respondió con ironía que “si no podemos entenderlo, será que tiene que ver con Dios”. Luego argumentó que un ordenador debidamente programado podría actuar igual a un hombre consciente, sin necesidad de que un ser superior interviniera en el diseño del software.

El clérigo replicó que una máquina no es más que una “herramienta” que nunca podrá “hacerse preguntas sobre sí misma, explicar bromas, fantasear” ni, por supuesto, “conectarse con esa energía creativa que llamamos Dios”.

Javier Sampedro, periodista español que siguió de cerca el debate comentó más tarde: “Si la actitud de Williams es representativa de la mentalidad religiosa actual, el último siglo y medio de teología responde al esquema Dios de los huecos: una teología que va aceptando la evidencia científica, aunque sea murmurando, y deja a Dios el papel de ir rellenando los huecos allí donde la ciencia actual no alcanza”.

Williams, para evitar una encerrona dejó claro que “cuando quiero resolver problemas de la ciencia del siglo XXI, uso métodos de la ciencia del siglo XXI. Pero cuando quiero entender mi lugar en el universo, me reservo el derecho de regresar al libro del Genesis”.

Si Dios existe tal vez se habrá interesado por el debate entre Williams y Dawkins. Si no existe, es una lástima pues se lo perdió.