Voto en blanco: ni destripar al oponente ni incendiar Colombia

Jun 19, 2026

Por: Andrés Pachón

Abogado investigador, magíster en Derecho Público con experiencia en litigio estratégico. Medio ambiente, derechos y desarrollo. Twitter: @AndresPachonTor

Gane quien gane la Presidencia de Colombia, al otro día nos va a tocar hacer dos cosas.

La primera: levantarnos como todos los días. Salir a trabajar, a estudiar, a responder por nuestras familias, a luchar por este país. Seguir adelante. Porque Colombia no se acaba en una elección y porque, como siempre, la vida real seguirá exigiendo respuestas mucho más concretas que los gritos de campaña.

La segunda, y esta es la clave: unirnos como sociedad civil para defender la democracia de cualquiera de los dos extremos que llegue al poder.

No podemos dejarles el país a las bodegas, a los insultos, al miedo y a los fanáticos. No podemos rendirnos. Como no se rindió el Cucho Hernández en el tercero de Colombia: hasta el último minuto.

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Colombia no necesita destruir al contrario

En redes, universidades, barrios, empresas y espacios ciudadanos necesitamos volver a ser ciudadanos activos. Deliberantes. Capaces de hablar con quien piensa distinto sin querer destruirlo.

Porque Colombia no necesita ni destripar al oponente ni incendiar el país.

La pregunta de fondo es sencilla: ¿a dónde nos conducen dos extremos que ni siquiera tuvieron la valentía de debatir? Hicieron campaña a punta de insultos, bodegas, miedo y denuncias penales, pero hablaron muy poco de los problemas reales de la gente: el empleo, la seguridad, la educación, la salud, el costo de vida y el futuro de los jóvenes.

Por qué no voto por Cepeda ni por el “Tigre”

Algunos amigos me dicen que vote por Cepeda. Pero ¿cómo podría apoyarlo si guardó silencio frente a la corrupción del gobierno Petro? ¿Cómo respaldarlo si propone continuar una política energética basada en un falso ambientalismo que nos tiene al borde de una crisis? ¿Cómo acompañarlo si insiste en una reforma a la salud que hoy tiene a miles de personas sufriendo por medicamentos, tratamientos y citas que no llegan? ¿Y cómo votar por la continuidad de una Paz Total que terminó siendo, en demasiados territorios, un caos total?

Otros amigos, y también algunas tías, me dicen que le ponga la raya al “Tigre”. Pero ¿cómo podría apoyarlo si promete destripar a sus contradictores, desconocer derechos de las minorías, revivir el Plan Colombia, instalar bases norteamericanas en todo el país, dolarizar la economía y gobernar arrodillado ante Trump y los intereses de Estados Unidos?

Colombia no necesita escoger entre el falso cambio y el autoritarismo con disfraz de orden. Entre el miedo de un lado y el miedo del otro.

Mi voto en blanco no es superioridad moral: es convicción

Por eso estoy firme con el voto en blanco.

Me la juego con toda por el blanco.

Y no, no es superioridad moral. Yo no me creo mejor que nadie. No voto en blanco para mirar por encima del hombro a quienes van a escoger otra opción. Al contrario: respeto profundamente el voto de cada persona. Precisamente por eso defiendo el mío.

Es un voto por convicción. Porque ninguno de los dos extremos me representa. Porque ambos quieren arrastrar a Colombia a la división, al miedo y al mismo atraso de siempre.

A los gobiernos les quedó grande. Ni el uribismo ni el petrismo nos sacaron del subdesarrollo. Ni unos ni otros resolvieron lo fundamental: empleo digno, seguridad, educación de calidad, salud o justicia.

Entonces nos toca a nosotros. A la ciudadanía. A la sociedad civil. Defender y construir una Colombia digna, próspera, con empleo, con justicia y con democracia.

¿Les suena?

La invitación es sencilla: salgan a votar. Voten por quien quieran. Voten en blanco si esa es su convicción. Y, sobre todo, respeten el voto de los demás.

Cuando pase la algarabía electoral, tendremos que hacer lo más difícil: juntarnos para tener a los extremos a raya.

Como cuando juega la Selección: con diferencias, con discusiones, con sufrimiento, pero empujando todos por el mismo país.

Colombia nos necesita con la camiseta puesta.

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