La Cumbre de los BRICS 2025 se realizó del 1 al 3 de julio en Río de Janeiro con la participación de 31 países. Estados Unidos respondió con advertencias arancelarias, dejando claro que considera al bloque una amenaza directa a su dominio internacional. El tono diplomático del evento no ocultó su trasfondo geopolítico.
BRICS 2025 sumó miembros, socios y aspirantes en su avance hacia un eje global alterno
En su XVII edición, los BRICS se reunieron en Brasil con diez miembros plenos: los fundadores Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, junto a Egipto, Etiopía, Irán, Emiratos Árabes Unidos e Indonesia. Arabia Saudita, pese a su invitación desde 2023, sigue posponiendo su adhesión.
También se integraron como países socios Bielorrusia, Bolivia, Kazajistán, Cuba, Nigeria, Malasia, Tailandia, Vietnam, Uganda y Uzbekistán. Además, once naciones han solicitado su ingreso: Argelia, Bangladesh, Baréin, Honduras, Kuwait, Marruecos, Pakistán, Palestina, Senegal, Turquía y Venezuela.
Brasil es el único miembro latinoamericano de pleno derecho. Bolivia y Cuba figuran como socios, mientras Venezuela y Honduras siguen en lista de espera. En África, Suráfrica mantiene su estatus fundador, acompañada por Nigeria y Uganda como socios, con otros tres países aspirando. El resto del bloque lo componen economías asiáticas clave para la dinámica global.
El bloque supera al G7 en paridad de poder adquisitivo y domina sectores estratégicos globales
El grupo ampliado ya eclipsa al G7 en términos económicos. En 2025, los BRICS, medidos por PPA, representan el 44 % del PIB mundial, mientras que el G7 apenas roza el 28.4 %. Las proyecciones para 2024–2029 señalan que el bloque aportará el 58 % del crecimiento económico global, frente al 25 % del grupo occidental.
La población de los BRICS y sus socios alcanza 4.450 millones de personas, lo que equivale al 55.6 % del total mundial. Controlan más del 43 % de la producción global de petróleo y el 44 % de las reservas, además del 35.5 % de la producción de gas y el 53 % de las reservas. En agricultura, concentran el 42 % del trigo, el 52 % del arroz y el 46 % de la soya. En cuanto a tierras raras —clave en la industria tecnológica— podrían llegar a controlar el 72 % del suministro global.
La Cumbre ratificó su rechazo al orden financiero occidental y propuso desdolarización urgente
El encuentro reafirmó el cuestionamiento frontal a la arquitectura financiera controlada por Occidente. Se reiteraron las críticas a la ONU, al FMI y al Banco Mundial, organismos considerados obsoletos, desequilibrados y funcionales al dominio estadounidense.
Los BRICS señalaron directamente el papel de la OTAN como fuerza de intervención permanente y rechazaron las guerras que esta ha sostenido bajo el pretexto de defender la democracia. Frente a ello, propusieron avanzar hacia un sistema de seguridad internacional basado en la no injerencia, el respeto entre Estados y la inclusión real de todos los actores globales.
Se insistió en la necesidad de crear un sistema alterno al SWIFT para los pagos internacionales y promover el uso de monedas locales, como camino hacia la desdolarización.
El Nuevo Banco de Desarrollo fue ratificado como fuente de financiación de megaproyectos. En paralelo, el Arreglo Contingente de Reservas (CRA) fue impulsado como una plataforma de respaldo financiero mutuo para países en crisis. No fue presentado como un complemento, sino como el “FMI de los BRICS”, una herramienta de resistencia frente a las imposiciones estructurales de Washington.
Los BRICS señalaron a EE. UU. por bloquear la OMC y desfinanciar la salud global
La declaración final denunció la parálisis de la OMC provocada por el gobierno estadounidense, la imposición de aranceles unilaterales y las barreras comerciales disfrazadas de regulaciones ambientales. Se cuestionó abiertamente la retirada de Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que dejó a la cooperación sanitaria global bajo mínimos. En respuesta, el bloque se comprometió a fortalecer la cooperación médica desde el Sur Global y garantizar soberanía farmacéutica.
Rechazo al proteccionismo verde y reclamos por justicia climática
Los BRICS adoptaron una Declaración Marco sobre Financiamiento Climático. Allí exigieron transferencias de recursos efectivas, justicia en la contabilidad del carbono y una plataforma liderada por países en desarrollo para alinear el comercio global con la sostenibilidad. Se denunció el “proteccionismo verde” impuesto desde el Norte Global y se expresó un respaldo condicionado al Acuerdo de París, sin aceptar los esquemas impuestos por las potencias.
Críticas a Israel, respaldo a Irán, defensa de Palestina y condena a la instrumentalización de la ayuda humanitaria
La declaración final condenó los ataques a las instalaciones nucleares de Irán y la ofensiva contra infraestructura civil en territorio ruso. En relación con Gaza, se reiteró la necesidad de una solución basada en dos Estados y se exigió un cese inmediato al fuego en Gaza. Los BRICS denunciaron además la utilización de la ayuda humanitaria como herramienta de presión política por parte de las potencias occidentales, señalándola como una forma de castigo colectivo incompatible con el derecho internacional.
El bloque avanza entre contradicciones internas, tensiones diplomáticas y exclusiones reveladoras
Salvo los países fundadores, solo cinco naciones adicionales han ingresado formalmente como miembros del Nuevo Banco de Desarrollo: Bangladés, Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Argelia y uno más. A su vez, tres gobiernos —Colombia, Uzbekistán y Uruguay— avanzan en los trámites de incorporación, aunque aún sin culminarlos.
Esta expansión, más lenta de lo que algunos esperaban, da cuenta de las limitaciones estructurales del bloque. No pocos de sus integrantes mantienen vínculos estrechos con Washington. Es el caso de India, Arabia Saudita, Marruecos y Emiratos Árabes Unidos, que conservan acuerdos militares, comerciales o energéticos con Estados Unidos, incluso mientras participan en los BRICS.
Las tensiones internas no son menores. Existen conflictos bilaterales activos, como el caso de India y Pakistán, cuyas disputas han sido públicas y persistentes. A pesar de su postura contra Rusia en la guerra de Ucrania, Chile recibió una invitación formal para asistir a la cumbre. En contraste, Venezuela, que ha buscado ingresar como miembro pleno y ha mantenido una alianza sostenida con Moscú, fue nuevamente excluida.
Algunos países no respaldan la estrategia de desdolarización, mientras otros han adoptado abiertamente la posición de Rusia en su enfrentamiento militar con la OTAN en territorio ucraniano. Ante este escenario, la declaración final optó por un tono intermedio, que refleja la necesidad de conciliar posiciones opuestas dentro de la coalición.
Discursos radicales marcaron ruptura con la globalización neoliberal impuesta por Occidente
Lo que no se dijo abiertamente en el documento oficial fue expresado por varios líderes. En intervenciones públicas, se planteó el deslinde con la globalización neoliberal, no como matiz sino como ruptura. Los discursos más radicales cuestionaron la idea de reformar instituciones desuetas y apostaron por reemplazarlas.
La distancia entre el tono diplomático de la declaración y la crudeza ideológica de los discursos individuales fue notoria. No hay consenso total, pero tampoco voluntad de retroceder. La tensión interna no diluye el horizonte: desplazar el orden surgido de Bretton Woods y construir otro, con reglas propias, desde el Sur Global.
Estados Unidos respondió con amenazas económicas y presión política directa
Donald Trump reaccionó con furia. Anunció que todo país que respalde las “políticas antiestadounidenses” de los BRICS enfrentará aranceles adicionales del 10 %. Señaló directamente a Brasil y amenazó con un arancel del 50 % si no cesaba el juicio contra Bolsonaro. La amenaza fue similar a la presión ejercida contra Israel para frenar los procesos judiciales contra Netanyahu.
La reacción de Washington fue más reveladora que la propia declaración del bloque. La diplomacia formal no ocultó el nerviosismo real de Estados Unidos ante la consolidación de un eje que disputa su hegemonía y ofrece una alternativa estructural a su dominio.
En medio de una marcha deliberadamente lenta, con contradicciones visibles y negociaciones complejas, los BRICS siguen construyendo una arquitectura multipolar. A través del impulso a megaproyectos, el fortalecimiento de sus propios sistemas financieros y la creación de alianzas estratégicas, contribuyen de forma efectiva a la paz mundial y a la soberanía de las naciones alejada del tutelaje de Washington.











