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La política exterior de Petro: Sin cambios en la subordinación a Estados Unidos

Jun 19, 2024

Por: Enrique Daza

Director de Cedetrabajo

La política exterior de Petro mantiene la continuidad de la subordinación a Estados Unidos, reforzando los acuerdos militares y el Tratado de Libre Comercio, tal como lo hicieron sus predecesores

El XI diálogo de alto nivel entre los gobiernos de Colombia y Estados Unidos, llevado a cabo a finales de mayo, junto con los ejercicios militares con la armada estadounidense, la reciente visita de la jefa del Comando Sur y la reafirmación de Colombia como «socio global de la OTAN» por el actual gobierno, muestran que, a pesar de algunas discrepancias, la política exterior de Petro hacia Estados Unidos refuerza los pilares tradicionales de la relación bilateral: los acuerdos militares y el Tratado de Libre Comercio.

El XI diálogo de alto nivel fue liderado por el canciller Luis Gilberto Murillo y el subsecretario de Estado de Administración y Recursos de EE.UU., Richard Verma. El encuentro culminó con el lanzamiento del Estrategia Vida Colombia, que Murillo describió como un nuevo paradigma en las relaciones bilaterales.

Verma destacó el liderazgo de Colombia en la COPP XVI y su labor ante la crisis humanitaria en Venezuela. Aunque no se discutió el Tratado de Libre Comercio, fundamental para las relaciones económicas entre ambos países, sí se abordó el tema migratorio. En línea con la política de Estados Unidos de fomentar que los migrantes permanezcan en los países de tránsito para evitar que lleguen a las fronteras estadounidenses, Murillo mencionó que fue bien recibida la propuesta estadounidense de regularizar entre 500,000 y 600,000 personas.

Simultáneamente, y con la reciente visita de la general Laura Richardson, jefa del Comando Sur, se ha anunciado la llegada del portaaviones Gerald Ford a la costa pacífica de Colombia a finales de junio. Esta visita se enmarca en los ejercicios Resolute Sentinel, que comenzaron el 27 de mayo y se extenderán durante tres semanas. Según los organizadores, estos ejercicios tienen como objetivo preparar a los ejércitos de Estados Unidos y sus aliados en asistencia humanitaria, respuesta a desastres, conciencia espacial, ciberseguridad, operaciones especiales y ejercicios contra amenazas, además de intercambios legales y médicos y proyectos de construcción.

La operación Resolute Sentinel, iniciada en 2021, es liderada por el Comando Sur (Southcom). Según explica Southcom, la operación busca compartir tácticas, técnicas y procedimientos para garantizar una integración efectiva durante futuras emergencias o crisis.

La operación involucra a países como Perú, Colombia, Ecuador, Chile, Brasil, Francia y Estados Unidos. Según el mayor general Evan Pettus de la Fuerza Aérea de EEUU, comandante de la 12.ª Fuerza Aérea (Fuerzas Aéreas del Sur), esta actividad «demuestra nuestra capacidad para operar conjuntamente y así mantener la libertad y estabilidad a nivel global».

Resolute Sentinel se inició en Perú, con el portaaviones USS George Washington como eje central de los ejercicios. Este portaaviones, una de las bases flotantes más grandes del mundo, es una embarcación nuclear que alberga más de 50 aviones F-18, aeronaves de inteligencia y guerra electrónica, y una tripulación de cinco mil personas. Es el único portaaviones estadounidense en el Pacífico y está bajo el comando de la Séptima Flota en Japón. Sus movimientos reflejan las prioridades estratégicas de Estados Unidos, y en esta ocasión, ha realizado ejercicios en Brasil y Argentina, donde su presencia ha sido interpretada como una muestra de apoyo de Biden a Milei.

Las maniobras conjuntas son esencialmente militares. Aunque se hable de humanitarismo y medio ambiente, en línea con la retórica actual, su efecto en las condiciones de vida de las áreas donde se desarrollan y en las capacidades del Estado es inexistente. Su objetivo es garantizar que la armada estadounidense pueda coordinar acciones y organización con los ejércitos locales, a los que se considera subordinados.

Los ejercicios se están llevando a cabo apenas cinco meses después de que Colombia y Estados Unidos firmaran en diciembre de 2023 un plan de acción militar bilateral, descrito por la embajada estadounidense como un acontecimiento histórico. Este plan se implementará entre 2025 y 2029, con el objetivo de fortalecer la estabilidad y seguridad regional frente a desafíos actuales y futuros, como el narcotráfico, el terrorismo y otras amenazas transnacionales.

Durante su visita a la base militar de Tolemaida, Laura Richardson propuso la venta de aviones F-16 para sustituir la flota de Kfir israelíes. Con ella como representante de ventas, Lockheed Martin, la empresa fabricante, parece estar teniendo éxito, ya que Argentina recientemente adquirió 24 cazas F-16.

El XI diálogo de alto nivel entre los gobiernos de Colombia y Estados Unidos, junto con los ejercicios militares y la reafirmación de Colombia como ‘socio global de la OTAN’, muestran la continuidad de la política exterior de Petro.

Los aviones y la cooperación militar se realizarían a través del programa de Ventas Militares al Extranjero (FMS) y mediante la donación o financiamiento de armamento retirado de los inventarios de Estados Unidos bajo la modalidad de Artículos de Defensa Excedentes (EDA). Para facilitar el acuerdo, la general Richardson donó a las Fuerzas Militares de Colombia diez puentes militares y mencionó que esto favorecerá la interoperabilidad con la OTAN. Además, ofreció compensaciones industriales como incentivo adicional.

Colombia es el único país de América Latina que tiene el estatus de socio global de la OTAN, una posición que Milei también está buscando. Colombia comparte este estatus con Japón, Australia, Nueva Zelanda y Corea del Sur, países que están integrados en la alianza liderada por Estados Unidos en su estrategia contra China.

En su momento, varios países de América Latina criticaron la participación de Colombia en la OTAN, pero ahora guardan silencio sobre la permanencia del gobierno de Petro en la organización. El estatus de aliado extra-OTAN fue concedido por Biden al presidente Duque en 2022, por Clinton a Menem y por Trump a Bolsonaro. El nuevo paradigma en las relaciones con Estados Unidos, anunciado con entusiasmo por el canciller Murillo, simplemente replica la subordinación que todos los gobiernos colombianos han mantenido con Washington sin excepción.

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