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Lactancia materna y desigualdad social

Ago 15, 2022

Por Helen Alexa Montenegro Rojas – asistente de Investigaciones y asuntos de Género de Cedetrabajo.

Como cada año, durante la primera semana de agosto se celebró el día de la lactancia materna, reconocimiento promovido por la Alianza Mundial pro-Lactancia Materna (WABA) y la Organización Mundial de la Salud, con el fin de proteger, promover y respaldar la lactancia materna, entre otras reivindicando que no existe alimentación más sana para los recién nacidos que aquella basada en la leche de su madre y que no hay sucedáneo que la reemplace o equipare. En las últimas décadas los avances investigativos han puesto de presente los impactos positivos de la lactancia en las primeras etapas de desarrollo biológico, motriz y cognitivo de los seres humanos, puesto que cubre las necesidades nutricionales e inmunológicas del bebé, favoreciendo la construcción de las redes neuronales que alimentan el sistema nervioso.

Aunque se reconocen las bondades de la lactancia materna, según un informe de la UNICEF y la OMS del 2018, se estima que 78 millones de bebés -tres de cada cinco- no toman leche materna en su primera hora de vida. De igual manera en el 2020, según datos de la misma organización, solo el 41% de los lactantes menores de 6 meses reciben lactancia materna de forma exclusiva. Respecto a esta contradicción vale la pena preguntarse por qué si es natural, saludable y económica ¿qué determina que sea consumida en tan bajo porcentaje de la población?

Para hacer claridad, el término sucedáneo hace referencia a cualquier alimento líquido o en polvo que sea parcialmente o similar a la leche materna. En un inicio se incluían tales sucedáneos dentro de la alimentación de bebés en casos muy específicos, esencialmente cuando las lactantes no podían hacerlo por recomendación médica. Paulatinamente, empezó a cobrar fuerza la leche de fórmula en la nutrición de los bebés, a tal punto que ha reemplazado la leche materna en millones de hogares de todas latitudes. Lo anterior se debe a dos factores fundamentales: por un lado, los estereotipos o mitos que circulan alrededor de la lactancia materna, siendo uno de los más frecuentes el “dolor” que causa en lo senos, o la ansiedad que produce el no generar leche en grandes cantidades y pensar que es insuficiente, o aquella creencia de que solo se debe amamantar hasta los dos meses porque después de ese periodo “no aporta los componentes necesarios para la nutrición adecuada y la salud de los pequeños”.

El segundo factor se explica por los intereses de la industria de sucedáneos que, por medio de sus estrategias de marketing y acuerdos comerciales con instituciones públicas y privadas, promocionan sus productos en clínicas y hospitales persuadiendo -o contratando- a profesionales de la salud para que recomienden u ordenen el consumo de leche sintética. En otras palabras, disuaden a las lactantes de su derecho de amamantar. En razón de esto, en 1981 se creó el Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna, con el fin de controlar las estrategias que según la OMS ha denunciado, han utilizado argumentos falsos para distorsionar las evidencias científicas sobre consumo de leche materna vs. leche de fórmula, intentando convencer a las madres de que sus productos son equivalentes y hasta mejores que la leche natural para sus bebés.

Desde una perspectiva microeconómica, el consumo de leche de fórmula también representa un problema. Como la leche de fórmula se ha ganado un lugar en los productos alimenticios más consumidos a pesar de su elevado costo -un tarro oscila entre los 45 y 85 mil pesos- y las dosis indicadas para los bebés son cuantiosas, resulta muy difícil para una familia que a duras penas logra comer tres veces al día atender la recomendación del fabricante respecto a la cantidad de leche que debe darse al bebé, lo que implica que las familias rindan las dosis con agua o que las complementen con agua de panela y coladas de plátano. Lo cual representa un riesgo elevado para la salud nutricional de los bebés y es una muestra de cómo la desigualdad socioeconómica se manifiesta en las condiciones de bienestar de las familias.

Es el Estado el responsable de la garantía de un derecho fundamental como la lactancia materna en condiciones dignas, sin limitantes de acceso geográficas, administrativas o económicas. Hay algunos aspectos en los que el poder público debe poner especial atención. Primero, el tiempo de licencia laboral para madres lactantes, que empieza a causarse aproximadamente dos (2) semanas antes de la fecha probable de parto y, de acuerdo con la Ley 1822 de 2017, en términos generales, tiene una duración de dieciocho (18) semanas calendario. La dificultad de las mujeres trabajadoras para continuar con el acompañamiento en casa y la necesidad de conservar sus trabajos contribuyen de manera importante al inicio temprano de la alimentación complementaria y al abandono de la lactancia materna. Segundo, no existe oferta suficiente de Bancos de Leche Materna, de manera que los bebés que necesitan lactancia sustituta no encuentran alimento suficiente para sus necesidades alimentarias.

En consecuencia, hay tareas pendientes en relación con la lactancia materna desde una perspectiva de política pública integral.  Es decir, no solamente se hace imperante avanzar en procesos educativos de salud pública para informar con veracidad sobre el valor de la lactancia materna en el bienestar de los recién nacidos, sino que se debe favorecer el acceso de las familias a atención alimentaria cuando, por circunstancias de salud de la lactante o ausencia de ésta, el bebé no puede consumir leche materna. Por otra parte, para aquellas familias que decidan seguir consumiendo leche de fórmula se avecina una nueva carga económica con la reforma tributaria que proyecta el nuevo gobierno, que gravará las bebidas azucaradas. Y es que sí, un tarro de leche de fórmula promedio puede tener entre 5 y 55 gramos de azúcar por cada 100 gramos  de leche no reconstituida, lo que la haría objeto de impuesto. En definitiva, tenemos muchos grilletes que romper para que la lactancia materna se convierta en un hábito de vida saludable de las familias colombianas.

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