El reciente conflicto entre Colombia y Ecuador es una expresión del deterioro del multilateralismo regional, en un contexto global marcado por el retorno de la política de fuerza impuesto por Donald Trump.
Lo ocurrido entre Bogotá y Quito se desarrolla en medio de la agenda de recolocación de Estados Unidos en el concierto internacional. En América Latina, por medio de la renovación de la Doctrina Monroe.
Estos hechos revelan las limitaciones de espacios de integración como la Comunidad Andina (CAN, la CELAC o UNASUR y las posiciones erráticas y no concertadas del gobierno de Petro que durante el último periodo tuvo la presidencia de varias de ellas.
Noboa actuó en línea con los intereses y métodos de Trump en tras la operación en Venezuela y tras una visita de los altos mandos estadounidenses, argumentando su decisión en la lucha contra el narcotráfico. Petro reaccionó de manera recíproca, desconociendo los principios que han orientado los diversos procesos de integración de la región y sus propios discursos llamando a la refundación de la Gran Colombia y a una mayor cooperación y articulación en la región han quedado en una retórica vacía.
Las consecuencias de cómo se ha llevado el conflicto entre Colombia y Ecuador por parte de ambos mandatarios serán graves. Afectan una relación centenaria que en lo comercial se caracteriza por el intercambio de alimentos, manufacturas y energía. Además, determina la economía de regiones caracterizadas por un bajo desarrollo económico, bajos ingresos, déficit en infraestructura y conectividad, dependencia de comercio y actividades primarias, elevados índices de pobreza, contrabando, delincuencia y retos en materia logística y de costos de intercambio.
Lo que está en juego en el conflicto entre Colombia y Ecuador
El conflicto entre Colombia y Ecuador va mucho más allá de una disputa coyuntural por medidas comerciales o decisiones unilaterales. Lo que está en juego es la viabilidad misma de la integración andina como proyecto económico y político, la estabilidad de cadenas productivas regionales y la seguridad económica de territorios fronterizos altamente dependientes del comercio binacional.
La escalada de medidas de retaliación muestra cómo, en ausencia de un multilateralismo efectivo, incluso países con fuertes vínculos históricos optan por la lógica del choque antes que por la coordinación.
El comercio entre Colombia y Ecuador
Colombia y Ecuador mantienen una relación comercial intensa y estructural, especialmente en el marco de la Comunidad Andina. El comercio intracomunitario sigue siendo reducido frente al comercio extracomunitario, pero cumple un papel clave para sectores manufactureros, agroindustriales y energéticos que no compiten en igualdad de condiciones en los mercados globales.
De acuerdo con cifras de la Secretaría General de la CAN, en el primer semestre de 2025 el comercio intracomunitario representó cerca del 5,4% de las exportaciones totales del bloque, con Colombia como uno de los principales oferentes de bienes industriales y Ecuador como un socio relevante en productos energéticos y agroalimentarios. Bienes como energía eléctrica, derivados del petróleo, alimentos procesados, manufacturas livianas y productos químicos forman parte del intercambio habitual, lo que evidencia una interdependencia productiva que no puede romperse sin costos significativos.
Las medidas unilaterales adoptadas en el conflicto afectan directamente estos flujos, encarecen los costos logísticos y generan incertidumbre para empresas que operan bajo reglas andinas de libre circulación.
Colombia en la CAN
Colombia ha sido históricamente uno de los principales pilares económicos de la Comunidad Andina. En 2025 concentró más de un tercio de las exportaciones intracomunitarias y cerca del 21% de las importaciones dentro del bloque, lo que refleja su peso relativo en la dinámica andina.
Para la economía colombiana, la CAN no solo es un mercado de destino, sino un espacio de protección relativa para su industria manufacturera, especialmente para pequeñas y medianas empresas que no tienen acceso directo a mercados como Estados Unidos, China o la Unión Europea. Al desconocer los mecanismos de solución de controversias del bloque y optar por respuestas bilaterales de corto plazo, Colombia debilita un instrumento que históricamente ha mitigado los efectos de la apertura comercial asimétrica.
Ecuador en la CAN
Ecuador, por su parte, ocupa un rol estratégico dentro de la CAN como exportador de productos energéticos, agroindustriales y pesqueros, y como importador de manufacturas y bienes intermedios provenientes de Colombia y Perú. Aunque su participación relativa es menor que la de Colombia y Perú, el mercado andino sigue siendo relevante para sectores ecuatorianos que enfrentan barreras más altas en mercados extrarregionales.
Las decisiones unilaterales adoptadas por el gobierno ecuatoriano reflejan presiones internas y externas, explícitas o implícitas, que ponen en evidencia la fragilidad institucional del bloque andino, incapaz de prevenir o encauzar conflictos antes de que escalen. Al actuar por fuera del marco comunitario, Ecuador contribuye a vaciar de contenido político y económico a la CAN.









