1 de mayo, TLCs y transformación del trabajo en Colombia: ¿más empleo o más precarización?

May 3, 2026

Aunque se han creado empleos, muchos son informales, inestables y con bajos ingresos, millones de personas trabajan sin acceso a salud, pensión o protección laboral.

En el marco del 1 de mayo, Día Internacional del Trabajo, vale la pena revisar un debate poco abordado: el impacto real de los tratados de libre comercio (TLC) en el empleo. Durante décadas se han presentado como motores de crecimiento y generación de trabajo, pero la evidencia reciente en Colombia muestra un panorama más complejo, evidenciado por la informalidad, la desindustrialización y la reconfiguración productiva.

Aunque se han creado empleos, muchos son informales, inestables y con bajos ingresos, lo que significa que millones de personas trabajan sin acceso a salud, pensión o protección laboral. Esto explica por qué, a pesar de que “la economía crece en cifras”, muchas familias no sienten una mejora real en su bienestar. El problema no es únicamente la falta de empleo, sino las condiciones en que se trabaja para exigir oportunidades laborales más dignas y estables.

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Ahora, la idea de que el empleo ha crecido de manera sostenida en Colombia requiere matices importantes, porque la medición oficial incluye dentro de los “ocupados” tanto el empleo formal como el informal y el trabajo por cuenta propia. Según la metodología del DANE, una persona se considera ocupada si trabajó al menos una hora en la semana, sin distinguir si ese trabajo garantiza ingresos estables, seguridad social o condiciones dignas. Esto implica que buena parte del aumento en la ocupación responde al crecimiento del cuentapropismo y de actividades informales, más que a la generación de empleo asalariado formal. En la práctica, lo que muestran las cifras no es necesariamente una mejora estructural del mercado laboral, sino una expansión de formas precarias de subsistencia. Afirmar que “el empleo crece” es engañoso pues no se analiza el aumento en el número de ocupados que convive con altos niveles de informalidad, bajos ingresos y limitada protección social, lo que cuestiona la idea de que dicho crecimiento refleje un avance real en bienestar laboral.

Acuerdos comerciales Colombia vigentes

Mapa muestra acuerdos comerciales vigentes de Colombia con flechas

¿Cuántos TLC tiene Colombia y qué prometían?

Colombia cuenta actualmente con 18 acuerdos comerciales vigentes, incluyendo tratados con Estados Unidos, la Unión Europea y Corea del Sur. Entre estos se encuentran también los suscritos con Canadá, México, Chile, Perú, Ecuador, los países del Triángulo Norte de Centroamérica, así como acuerdos con Suiza, Noruega, Islandia y Liechtenstein (EFTA), entre otros mecanismos como la Comunidad Andina y la Alianza del Pacífico. Estos acuerdos se promovieron bajo la promesa de aumentar las exportaciones, generar empleo formal y diversificar la economía, pero el balance real muestra una brecha significativa entre estas promesas y los resultados observados.

¿El empleo sí crece?

El hecho de que el Gobierno plantee que “el empleo sí crece, pero no como se prometió” se explica porque la apertura económica y los TLC han impulsado una inserción internacional que no fortalece el empleo formal ni la industria, sino que desplaza trabajadores hacia ocupaciones de baja productividad e informalidad. En Colombia, incluso en períodos de crecimiento económico, la informalidad se ha mantenido persistentemente alta (entre el 48% y 53% durante años), lo que evidencia que la generación de empleo ocurre principalmente en el “rebusque”, el cuentapropismo y actividades sin protección social (Cedetrabajo).

Esto no es un fenómeno coyuntural sino estructural: la inserción de importaciones asociada a los TLC sustituye la producción nacional, debilita sectores industriales y empuja la mano de obra de empleos formales hacia el sector informal, deteriorando salarios y condiciones laborales. Además, la forma en que el DANE mide el empleo contribuye a sobredimensionar esta aparente mejora, ya que considera ocupada a cualquier persona que haya trabajado al menos una hora en la semana de referencia, sin diferenciar entre empleo formal y actividades precarias de subsistencia. En este sentido, el aumento en las cifras de ocupación no refleja una mejora real del mercado laboral, sino la expansión de formas inestables y mal remuneradas de trabajo. El problema es que el modelo económico ha consolidado un tipo de ocupación precaria que no cumple con los estándares de trabajo digno y estable.

Planta Renault Sofasa en Envigado relacionada con empleo industrial

TLCs y desindustrialización: menos industria, menos empleo de calidad

Uno de los efectos más críticos ha sido la transformación de la estructura productiva. En varios acuerdos comerciales las exportaciones colombianas siguen concentradas en bienes primarios (café, flores, banano) y las importaciones se enfocan en manufacturas de alto valor agregado.

En el caso del TLC con Reino Unido, Colombia pasó de superávit a déficit comercial sostenido, con exportaciones poco diversificadas. Esto implica una extractivización de la economía, que limita la generación de empleo industrial —históricamente mejor remunerado y más formal.

Un caso ilustrativo de esta transformación es el impacto de los TLC en la industria de autopartes en Colombia. Con la entrada en vigor de acuerdos como el firmado con Estados Unidos y otros socios industriales, el mercado nacional se abrió a la importación de autopartes producidas a gran escala y con mayores niveles de competitividad, lo que desplazó progresivamente la producción local. Como resultado, muchas empresas del sector cerraron operaciones y las pocas que quedaron han enfrentado una reducción en su participación en el mercado y dificultades para sostener su producción.

Aunque no existe una cifra consolidada del número total de empresas de autopartes que han cerrado en Colombia, distintos reportes sectoriales evidencian una contracción sostenida, con cierres de plantas, reducción de operaciones y afectaciones a cientos de empresas en una industria compuesta por cerca de 600 firmas, lo que refleja el debilitamiento progresivo de este segmento industrial. Esto ha implicado la pérdida de empleo industrial calificado y la debilitación de encadenamientos productivos nacionales, afectando tanto a proveedores como a pequeñas y medianas empresas vinculadas al sector. Así, en lugar de fortalecer una industria con potencial de valor agregado, los TLC han contribuido a una mayor dependencia de importaciones, reforzando un patrón de inserción internacional que limita el desarrollo industrial y la generación de empleo de calidad.

Buque portacontenedores recibe carga en puerto de comercio internacional

El caso del TLC con Estados Unidos: dependencia sin diversificación

El TLC con EE. UU. consolidó una alta dependencia comercial teniendo en cuenta que cerca del 30% de las exportaciones colombianas van a ese país (AmCham Colombia). Esta relación no ha implicado una transformación estructural del empleo, sino más bien la consolidación de sectores tradicionales. El acuerdo ha profundizado la especialización en bienes primarios y de bajo valor agregado, limitando el desarrollo industrial y reduciendo la capacidad de generar empleo calificado y estable. En lugar de diversificar la economía, se ha reforzado una inserción internacional basada en ventajas estáticas, con efectos como la pérdida de capacidades productivas en la industria nacional, el aumento de la dependencia de importaciones y una mayor vulnerabilidad del empleo frente a choques externos.

TLCs e informalidad: una relación estructural

El dato más revelador es que el crecimiento del empleo en Colombia está fuertemente asociado a la informalidad:

  • Se mantiene por encima del 55% en periodos recientes según datos oficiales del DANE, que ubican la informalidad alrededor de 55%–56% del total de ocupados en 2025–2026.

Esto sugiere que los TLC no han generado el tipo de empleo que prometían, sino que han operado dentro de un modelo económico que reduce costos laborales, favorece la flexibilización y debilita la negociación colectiva.

Un debate ausente el 1 de mayo

El discurso oficial suele presentar los tratados de libre comercio (TLC) como herramientas de progreso, pero rara vez se examina con suficiente profundidad su impacto en la calidad del empleo, la estructura productiva y la soberanía económica. Desde una perspectiva crítica, el problema no radica únicamente en si los TLC generan empleo, sino en qué tipo de empleo producen y a quién benefician, evidenciando que sus efectos pueden reforzar desigualdades y limitar el desarrollo productivo de largo plazo.

A más de una década de la firma de los principales tratados de libre comercio, estos han contribuido a una transformación del trabajo en Colombia caracterizada por una mayor informalidad, el debilitamiento del empleo industrial y una creciente dependencia de las exportaciones primarias. En este contexto, el 1 de mayo debería ser también un espacio para cuestionar el modelo de inserción internacional y sus efectos sobre el mundo laboral, más allá de las cifras agregadas de empleo.

La conmemoración del 1 de mayo, más que un acto simbólico, es un recordatorio de que la lucha de los trabajadores sigue vigente, aunque hoy adopte formas distintas a las del pasado. En el contexto colombiano, esa lucha ya no se limita únicamente a la defensa del empleo, sino a la disputa por su calidad, estabilidad y dignidad. Pese a décadas de apertura económica y a la firma de múltiples tratados de libre comercio, el crecimiento del empleo ha estado acompañado por altos niveles de informalidad, debilitamiento del aparato productivo y una inserción internacional que privilegia sectores de bajo valor agregado. Esto plantea una tensión de fondo: mientras el discurso oficial insiste en los beneficios del comercio global, amplios sectores de la población experimentan condiciones laborales precarias, sin garantías ni protección social.

En este escenario, la lucha de los trabajadores implica cuestionar no solo las condiciones inmediatas de trabajo, sino también el modelo económico que las produce. Los TLC, lejos de ser herramientas neutrales, han contribuido a reconfigurar el mercado laboral, configurando ganadores y perdedores, desplazando mano de obra y profundizando desigualdades. Por eso, el 1 de mayo debería ser también un espacio para ampliar el debate público: ¿qué tipo de desarrollo se está promoviendo?, ¿quiénes se benefician realmente del crecimiento?, ¿y qué lugar ocupa el trabajo digno en esa ecuación? Reivindicar esta fecha implica abrir una discusión crítica sobre el presente y el futuro del trabajo en Colombia, en la que la dignidad laboral no sea una promesa, sino una condición efectiva para millones de personas.

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