Jorge Iván González: La pregunta por lo fundamental

Abr 5, 2026

  • Filósofo de la Universidad Javeriana, Magíster en Economía de la Universidad de los Andes y Doctor en Economía de la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica.

Reconocimiento a la obra reciente de Enrique Daza

La obra de Enrique Daza se puede sintetizar diciendo que es la pregunta permanente por lo fundamental. Y por esta razón, considera que un gobierno como el de Petro no representa un cambio estructural, ya que apenas avanza en algunas reformas, sin que haya llevado a cabo transformaciones sustantivas.

Entre las numerosas publicaciones de Enrique, le he dado prelación a las publicaciones de los últimos años. No pretendo hacer una evaluación del conjunto de su obra.

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1. El llamado a la indignación

En su búsqueda de las raíces de los problemas, Enrique tiene la capacidad de construir un discurso que invita con urgencia a la indignación. En esa misma línea, estos días Lula se preguntaba por qué la sociedad contemporánea ha perdido la capacidad de indignarse. En la filosofía moral el sentimiento de la indignación estrechamente ligado al pensamiento de autores como Smith y Sen. Es el llamado desesperado que en el 2010 hacía Hessel a los jóvenes del mundo.

Estamos viviendo horrores morales. Y es inaceptable que sean protagonizados por Estados Unidos, que se precia de ser una democracia consolidada. El ideal de las sociedades liberales fue presentado de manera sistemática por Rawls. Las acciones que está llevando a cabo el gobierno norteamericano son una negación contundente de las ideas rawlsianas. Con toda razón, Enrique afirma en “En la Recta Final de las Elecciones de Estados Unidos”: “… la que es llamada por muchos la democracia más antigua y consolidada del mundo está haciendo agua y el espectáculo es horroroso”. Sin duda, estamos viviendo un horror moral.

Numerosos hechos se pueden catalogar como horrores morales. Enrique pasa revista a algunos de ellos:

(i) La nueva estrategia de seguridad de Trump, que recupera la doctrina Monroe, con el calificativo de “Donroe”, pretende que América sea para los norteamericanos, como expone Enrique en “La Nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos”. En la versión de Monroe, América debería ser para todos los americanos. Con la doctrina Donroe, Estados Unidos pretende apropiarse de los recursos de América Latina y el Caribe. En palabras de Enrique:

“Un eje de la nueva estrategia de seguridad nacional lanzada por el gobierno de Trump el pasado 5 de diciembre es el de controlar América Latina y el Caribe, acceder a sus recursos naturales, minerales, energéticos y de todo tipo, fortalecer su influencia en gobiernos que considera amigos y promover mandatarios que compartan sus enfoques”, según “Trump: Más de lo Mismo, un Futuro Oscuro para América Latina”.

(ii) Las invasiones de Estados Unidos a otros países han sido reiteradas, pero la de Venezuela supera todos los límites.

“A pesar de las decenas de invasiones e intervenciones de Estados Unidos en todo el mundo, no se había visto una tan descarada, tan implacable y con objetivos tan explícitamente ligados al saqueo de recursos naturales y a cambiar la cúpula gubernamental por simples títeres”, como señala Enrique en “¿Podrán Trump y el Chavismo Cogobernar a Venezuela?”.

Inicialmente el gobierno Trump dijo que la intervención en Venezuela era para crear condiciones favorables para el desarrollo de la democracia. Pero muy rápidamente fue evidente que el propósito era garantizar el acceso de los Estados Unidos al petróleo y a los minerales. El imperio, dice Enrique, ha mostrado su arrogancia en Política Exterior de Trump 2025: Desnuda la Arrogancia del Imperio. El secuestro de Maduro rompe el orden internacional, e irrespeta la autonomía de las naciones, como desarrolla en El Secuestro de Nicolás Maduro por EE. UU. Un Aviso para América Latina. Además, es un “aviso” para los países de América Latina.

Sorprende la distancia del pensamiento de Trump de las ideas republicanas de Hamilton.

“Los hombres de temperamento recto y benevolente tienen demasiadas oportunidades para comentar, con horror, hasta qué punto ciertas disposiciones a menudo sacrifican los grandes intereses de la sociedad ante la vanidad, la obstinación de individuos, que tienen suficiente crédito para hacer interesantes sus pasiones y sus caprichos para la humanidad”, en Federalist Papers, No. 70.

Y más adelante agrega, “… en el momento en el que se adopta una resolución, la oposición debe terminar. Esa norma es una ley, y la resistencia a ella es castigada”, en Federalist Papers, No. 70.

En general, numerosas decisiones de Trump se podrían calificar como horrores morales, que están lejísimos del pensamiento de Hamilton y Jefferson, quienes consideraban que la función principal del presidente es la de ejecutar las leyes del Congreso.

(iii) El fracaso de la Otan es inaceptable, y la organización no ha podido evitar los últimos conflictos. Su voz no se escucha ni en Gaza, ni en Ucrania, ni en Irán, como plantea Enrique en Putin Gana en la Cumbre Putin-Trump y Deja a Zelenski Aislado. Los acuerdos que se están logrando en Gaza son muy frágiles, como explica en “La Paz en Gaza, un Alto al Fuego Temporal que Preludia Nuevas Tormentas” y, sin duda, como dice Enrique, vendrán nuevas tormentas.

Xi Jinping en un discurso en Pekín, representando las tensiones comerciales y diplomáticas con la administración Trump 2025.

2. La diversidad de modelos

Enrique reconoce la conveniencia de que haya diversos modelos de desarrollo. Mira otras alternativas sin dogmatismo. Para fortalecer su argumentación, pone el ejemplo de China, que después de sufrir las consecuencias de la guerra contra el Japón, logra recuperarse de manera sorprendente.

“Su sistema político [el de China] difiere del de las democracias liberales de occidente, pero goza de enorme estabilidad, un complejo sistema meritocrático y su evolución ha mostrado que las formas de gobierno corresponden a las distintas tradiciones política y culturales en un mundo que evoluciona hacia un reconocimiento de la diversidad y el pluralismo en contravía de los intentos globales de estandarizar en un solo modelo al calor de lo que fue llamada la globalización”, en “China Conmemoró el 80 Aniversario del Triunfo de la Guerra de Resistencia Contra el Japón”.

Enrique muestra que la economía china no se puede analizar con los parámetros convencionales. Su sistema meritocrático tiene ventajas porque garantiza estabilidad, y permite consolidar proyectos de inversión de mediano y largo plazo. Los avances son indudables. En 32 años, entre 1981 y 2013, China sacó de la pobreza a 800 millones de personas. Y en este período mejoró de manera considerable su tecnología.

Desde la perspectiva de Enrique, es necesario abrir los ojos y aprender de otras modalidades de desarrollo. Con este mismo espíritu, el Informe de Desarrollo Humano del 2010 llama la atención sobre los logros significativos de los países del norte de Africa, e invita a examinar las razones de estos avances.

Mandatarios posan durante la Cumbre de los BRICS 2025 en Río de Janeiro frente al cartel oficial del bloque, con fondo del Pan de Azúcar

3. La defensa de los BRICS

Enrique también expresa su optimismo por los logros de los Brics (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica). El grupo se creó en el 2009. Posteriormente, en el 2024 entraron Egipto, Emiratos Arabes Unidos, Etiopía, Irán. Además, se han aceptado como miembros asociados a Argelia, Bielorrusia, Bolivia, Cuba, Indonesia, Kazajistán, Malasia, Nigeria, Tailandia, Turquía, Uganda, Uzbekistán, Vietnam. Aunque Colombia no hace parte de los Brics, el país fue admitido como socio del Nuevo Banco de Desarrollo (NBD), que es el banco multilateral de los Brics.

Desde la perspectiva de Enrique, tanto el NBD, como el Arreglo Contingente de Reservas son “… una herramienta de resistencia frente a las imposiciones estructurales de Washington”, como escribe en Cumbre de los Brics 2025 Irrita a Trump y Revela el Temor de EE. UU. al Nuevo Bloque Global. Al expresar su admiración por los Brics critica otros modelos de integración, como la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y caribeños). Y sin ninguna duda, califica la cumbre de la Unión Europea y Celac como “intrascendente, costosa e inútil”, en “La Tercera Cumbre Unión Europea-Celac: Gris, Intrascendente, Costosa e Inútil”.

4. Petro es ambiguo

Enrique insiste en mostrar las numerosas ambigüedades de Petro. En su relación con Estados Unidos ha dado bandazos, que se manifiesta de manera clara en su posición frente a la lucha contra las drogas y, sobre todo, en sus vacilaciones frente a los TLC, como plantea en “¿Se Puede Suspender el TLC entre Colombia y Estados Unidos?”. Este es un tema que Cedetrabajo ha estudiado con detalle. En un artículo del 2008, Daza y Valencia mostraron, de manera profética, que estos acuerdos iban a incrementar las importaciones, y no permitirían consolidar la competitividad del país, en “Los Tratados de Libre Comercio de la Unión Europea”. Y Enrique insistió de nuevo en ello en “Llegó el TLC”.

Aunque Colombia no ha sido tan golpeada por el aumento de los aranceles a las importaciones decretados por Estados Unidos, la situación de la balanza comercial es crítica. El mal es estructural. No es un problema de la coyuntura. Las importaciones están creciendo a un ritmo muy superior a las exportaciones, y esta tendencia se está agudizando con la apreciación del peso frente al dólar. La balanza comercial presentó en el 2025 un déficit de -US15.204. Y de manera más específica, en el 2024 el desbalance con los países que han firmado tratados de libre comercio con Colombia fue de -US5.173 millones.

En un artículo reciente Enrique insiste en que la posición de Colombia es muy errática en el campo del comercio internacional.

“Todas esas circunstancias hacen que la idea de resucitar la Gran Colombia que es considerada por Petro el centro del mundo y que es un tema permanente en sus discursos no pase de ser producto de su imaginación e irrealizable. Para considerar que la región o Colombia sean el centro el mundo o del universo no basta repetirlo incansablemente, sino que los otros países lo consideren así. Solamente Petro lo cree”, en “Gustavo Petro y la Integración Latinoamericana: Disparates Irrealizables”.

5. La deuda sigue creciendo

La deuda consume una parte sustantiva del presupuesto, como desarrolla Enrique en La Deuda de Colombia en 2025: Más Préstamos para Tapar el Déficit Fiscal. Se ha caído en un círculo perverso, puesto que, a mayor deuda, más restricciones fiscales, que obligan a buscar nuevos créditos, creándose una burbuja tipo Ponzi. El mal no es solamente de Colombia. En las economías avanzadas el saldo de la deuda pública con respecto al PIB podría llegar en el 2030 al 110%, y al 210% en el 2050. Actualmente, en Japón es de 240% del PIB. En Colombia, en el 2012 la relación era 33,2%, y la estimación para el 2026 es de 58,7%.

Para Enrique es una bola de nieve que se va agrandando con gobiernos de distinto signo y que continúo ampliándose con la administración de Petro. La financiación verde propuesta por este gobierno se ha quedado en declaraciones generales. No se le ha prestado suficiente atención a este problema, que es neurálgico.

“Pero en Colombia, bajo Petro, nada de esto se ha puesto sobre la mesa. Lo único que se ha planteado es el canje de deuda por acción climática, una iniciativa sin sustento real. Ningún acreedor la ha considerado seriamente, no se ha formulado en términos concretos y la única experiencia regional, Ecuador con las islas Galápagos, terminó implicando cesiones de soberanía a inversionistas privados”, en La Deuda de Colombia en 2025: Más Préstamos para Tapar el Déficit Fiscal.

Desde el punto de vista de desarrollo económico, la solución estructural, concluye Enrique, están en la consolidación de la producción nacional y de la dinámica exportadora.

Introducción

La segregación residencial es uno de los rasgos más persistentes en la configuración de las ciudades latinoamericanas. Bogotá se caracteriza por un orden residencial particularmente nítido, donde la localización del lugar de residencia de los hogares está estrechamente asociada a la posición socioeconómica (Alfonso, 2023a).

Tradicionalmente, el análisis de la segregación se ha centrado en indicadores objetivos como la localización de la población, la densidad o la distribución de ingresos. Partiendo de estos análisis que confirman la existencia de este fenómeno en la metrópoli nacional, se busca avanzar en la comprensión de cómo las desigualdades urbanas se traducen en la experiencia cotidiana de los habitantes. La forma en que las personas perciben su entorno ofrece una aproximación directa a cómo la estructura urbana condiciona la vida diaria (Guzman et al., 2025).

El presente documento de trabajo analiza la segregación residencial en Bogotá desde el punto de vista de las percepciones. Después de ofrecer una breve explicación sobre el concepto de segregación residencial y referenciar algunas mediciones existentes para Bogotá. Se examina a nivel de Unidades de Planeación Local (UPL), a partir de la Encuesta Distrital de Percepción (2025), el contexto socioeconómico de Bogotá. Luego se explora la relación entre la estructura de ingresos y la calificación al acceso a salud, educación, oportunidades laborales y espacios culturales. Finalmente se muestra la percepción de dos de sus principales estragos: el hambre y la movilidad. El análisis busca evidenciar que la segregación residencial también configura experiencias urbanas desiguales.

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1.     Segregación Residencial en Bogotá

La segregación residencial se define como un fenómeno socioespacial caracterizado por la distribución desigual de diversos grupos de población en el territorio urbano, manifestada a través de la proximidad física entre viviendas de grupos similares y la homogeneidad social de zonas específicas (J. M. Mayorga, 2019). Este fenómeno ha sido ampliamente abordado en la literatura urbana como un elemento estructurante del espacio de las metrópolis latinoamericanas, que hace referencia a la separación y a la acción de separar (Oberti & Préteceille, 2018).

Una de las primeras definiciones explícitas fue propuesta por White (1983), quien la describió como la “distribución desigual de los grupos sociales en el espacio físico”. Posteriormente, esta aproximación se profundizó al definirla como el “grado en que dos o más grupos viven separados unos de otros en diferentes partes del medio urbano” (Massey & Denton, 1988). Este enfoque fue el primero en ofrecer una metodología de medición de la segregación a partir de dimensiones como la uniformidad, exposición, concentración, centralización y agrupamiento.

Desde una perspectiva latinoamericana, Francisco Sabatini (2006) identifica tres dimensiones: la concentración espacial de los grupos sociales, la homogeneidad social de los vecindarios y el prestigio o desprestigio social de los barrios.

Desde un enfoque estructural, la segregación no se limita a describir un estado de separación, sino que se entiende como el resultado de dinámicas propias del modo de producción dominante. En este sentido, constituye una acción de separar en la que intervienen activamente grupos segregadores y segregados (Abramo, 2011; Alfonso, 2005; Oberti & Préteceille, 2018; Ruiz-Tagle, 2016).

En las metrópolis latinoamericanas, la segregación residencial opera como la principal variable de ajuste espacial del mercado de vivienda (Osorio, 2024). En este proceso interviene la renta de monopolio de segregación, entendido como el sobrecosto o “impuesto privado” que pagan las clases altas para garantizar la exclusividad y excluir a otros grupos sociales de sus vecindarios (Jaramillo, 2009).

Hombre pobre sentado frente a la Catedral Primada de Colombia

En Bogotá, este fenómeno presenta una configuración particularmente nítida en comparación con otras ciudades de la región, caracterizándose por la claridad de su orden residencial segregado (Alfonso, 2023a). Uno de sus rasgos más evidentes es la dualidad norte-sur: las clases altas se concentran en el norte y nororiente, en sectores como El Refugio, Chicó Lago, Santa Bárbara y Country Club, mientras que las clases populares se ubican principalmente en el sur y suroccidente, en localidades como Bosa, Ciudad Bolívar y Usme. La clase media, por su parte, se localiza predominantemente en un eje hacia el occidente y centro-occidente de la ciudad, en zonas como Teusaquillo y Galerías (Ibid).

Este patrón no es aleatorio, sino que responde a una segmentación del mercado de vivienda, el cual se encuentra dividido en 12 segmentos que van desde la vivienda informal hasta desarrollos de alta gama para las élites. Los productores inmobiliarios utilizan esta estructura para orientar sus decisiones de localización, reforzando así la segregación existente (Alfonso, 2023b).

Las desigualdades también se evidencian en los diferenciales de densidad urbana. Mientras vecindarios de altos ingresos como Chicó Lago presentan densidades inferiores a las recomendadas (0,7 veces), sectores populares como Diana Turbay alcanzan niveles críticos, llegando a 7,8 veces lo óptimo (Alfonso, 2023a).

En términos de medición, diversas metodologías han permitido cuantificar la magnitud de este fenómeno en la ciudad. Entre las principales se encuentran:

Índices de segregación por clases sociales (ISP, ISM, ISA): Propuestos por Alfonso (2023a), estos indicadores capturan el confinamiento de las clases sociales a nivel de UPZ a partir de variables como la posición ocupacional y el nivel educativo.

  • Clase popular (ISP): presenta un rango de 6,7 puntos, con La Flora como la zona más segregada (6,8) y Los Cedros como la menos segregada (0,1).
  • Clase media (ISM): registra un rango de 12,0 puntos, alcanzando su valor máximo en Parque Simón Bolívar – CAN y La Esmeralda (12,2).
  • Clase alta (ISA): muestra un rango de 5,5 puntos, siendo Ciudad Salitre Occidental el vecindario más exclusivo (5,5).

Índice de interacción o exposición: Mayorga et al (2020) estiman que la probabilidad de interacción entre clases es extremadamente baja. Un individuo de clase alta tiene una probabilidad de 0,004 de interactuar con uno de clase baja, mientras que en sentido inverso esta probabilidad es de 0,042.

Índice de disimilitud (Duncan): Duarte Mayorga et al (2013) calcularon un valor de 0,55 para Bogotá, indicando un alto nivel de segregación.

Densidad poblacional crítica: Sectores populares como Diana Turbay (7,8 veces), Patio Bonito (5 veces) y Bosa Occidental (47.643 hab/km²) concentran una sobreocupación severa, mientras zonas de altos ingresos como Chicó Lago (0,7) y Country Club (1,1) mantienen baja densidad, evidenciando que el 77,8% de las UPZ residenciales superan el umbral óptimo y consolidan un patrón de hacinamiento estructural en las clases populares (Alfonso, 2023a).

Estas configuraciones espaciales tienen efectos sociales profundos. La segregación genera “estragos” en las condiciones de vida de la población, tales como el hambre, el hacinamiento, la precariedad en la movilidad cotidiana y el empobrecimiento patrimonial de los hogares populares (Alfonso, 2023a; Alfonso & Osorio, 2025; J. Mayorga et al., 2017; J. M. Mayorga & Ortiz, 2020; Osorio, 2024).

Viviendas coloridas en ladera popular de Bogotá

2.     Metodología

Este documento se basa en el análisis de la Encuesta Distrital de Percepción (EDP) 2025, la cual cuenta con un diseño muestral amplio que permite realizar inferencias sobre las condiciones y percepciones de los hogares en Bogotá. Si bien en este ejercicio no se desarrollan estimaciones inferenciales, la representatividad de la encuesta permite identificar patrones territoriales robustos en la distribución de condiciones materiales y percepciones a nivel de UPL.

El análisis se estructura en tres momentos. En primer lugar, se presenta un contexto socioeconómico general de la ciudad a partir de la distribución de ingresos, la pobreza subjetiva y el estrato como proxy del acceso a servicios públicos a nivel de UPL. Este paso permite establecer la base material sobre la cual se configuran las desigualdades urbanas.

En segundo lugar, se examina la relación entre el nivel de ingresos y el acceso a servicios urbanos. Específicamente, se analiza cómo varía el acceso a salud, educación, oferta cultural y oportunidades de empleo en función del porcentaje de hogares con ingresos inferiores a 2 SMMLV. El objetivo es identificar si existen patrones territoriales consistentes con el orden residencial segregado de la ciudad.

Finalmente, el análisis se enfoca en la dimensión subjetiva de la segregación, explorando la satisfacción de los hogares a partir de dos de sus principales “estragos”: el hambre y la movilidad cotidiana. Estos elementos permiten aproximarse a cómo las desigualdades estructurales se traducen en experiencias concretas de privación y limitación de oportunidades en la vida diaria.

Edificios residenciales de ladrillo en barrio de altos ingresos

3.     Condiciones socioeconómicas en Bogotá

En el caso de Bogotá, y posiblemente en otras ciudades latinoamericanas con altos niveles de segregación, la desigualdad urbana no solo estructura el territorio, sino también la forma en que este es percibido y experimentado. Las personas no nombran directamente la segregación, pero sí la viven y la interpretan mediante atributos como la seguridad, la belleza, la comodidad o la funcionalidad de los entornos que habitan. Cuando se analizan de forma sistemática las percepciones sobre el entorno construido, emerge con claridad que estas están profundamente determinadas por la estructura socioeconómica de la ciudad (Guzman et al., 2025).

En la Figura 1 se observa la distribución de los ingresos en Bogotá, evidenciando una estructura marcadamente concentrada en los tramos bajos y medios. El PIB per cápita de la ciudad se sitúa en aproximadamente USD 15.000 (DANE, 2024), cifra significativamente inferior a la de otras metrópolis del mundo como Nueva York (USD 110.000), Berlín (USD 70.000) y Beijing (USD 33.000), lo que da cuenta de una brecha sustantiva en términos de capacidad económica.

Figura 1
Gráfico de distribución de ingresos por UPL en Bogotá

No sé observa ninguna UPL en la que no se registren hogares con ingresos inferiores a un salario mínimo. En términos de distribución, el 16% de los hogares reporta ingresos por debajo de un salario mínimo, el 55,7% se ubica entre 1 y 2 salarios mínimos, el 19,7% entre 2 y 4 salarios mínimos, y apenas el 8,7% supera los 4 salarios mínimos. Esta estructura se expresa espacialmente en la concentración de los hogares de menores ingresos en las UPL Lucero, Usme–Entrenubes, Arborizadora, Tibabuyes y Centro Histórico, mientras que los hogares de mayores ingresos se localizan principalmente en Niza, Salitre, Chapinero y Usaquén.

Figura 2
Gráfico de pobreza subjetiva por UPL en Bogotá

La Figura 2 muestra la distribución de la pobreza subjetiva en Bogotá, evidenciando que el 16% de los hogares se autoidentifica como pobre. Este indicador permite captar dimensiones no monetarias del bienestar y percepciones asociadas a las condiciones de vida. A nivel territorial, la mayor concentración de hogares que se consideran pobres se ubica en las UPL de Lucero, Arborizadora, Torca, Usme–Entrenubes y Rafael Uribe.

Figura 3
Gráfico de estratos socioeconómicos por UPL en Bogotá

La Figura 3 presenta la distribución de los estratos socioeconómicos según la clasificación de los servicios públicos. Si bien este indicador tiene limitaciones como proxy del estatus socioeconómico, llama la atención que en el 16% de las UPL se registran hogares que reportan no tener acceso a servicios públicos, particularmente en Lucero, Centro Histórico, Bosa, Tibabuyes y Niza.

4.     Desigualdad en la percepción del acceso a servicios urbanos según nivel de ingresos

Una vez establecida la estructura socioeconómica de la ciudad, se procede a analizar cómo esta se traduce en el acceso percibido a los servicios urbanos. En este sentido, se examina la relación entre el porcentaje de hogares con ingresos inferiores a 2 SMMLV y los niveles de acceso reportados, con el fin de identificar patrones territoriales consistentes con el orden residencial segregado de Bogotá.

Figura 4
El gráfico compara estratos por UPL y permite observar concentración de estratos bajos en el sur y suroccidente.

En la Figura 4 se observa que a medida que aumenta el porcentaje de hogares con ingresos inferiores a 2 SMMLV en cada UPL, el puntaje promedio de acceso a servicios de salud disminuye de forma sostenida, evidenciando una relación clara entre condiciones económicas y capacidad efectiva de acceso. Este comportamiento se organiza espacialmente en un patrón de segregación territorial marcado, donde las zonas se agrupan de manera consistente según su nivel socioeconómico.

Se identifican territorios con alta satisfacción en el acceso a salud tales como Usaquén, Salitre y Niza, que corresponden a áreas de mayores ingresos; un grupo intermedio conformado por Engativá, Kennedy y Fontibón; y, finalmente, UPL con rezagos significativos como Bosa, Lucero, Arborizadora y Patio Bonito.

Figura 5
Gráfico relaciona ingresos bajos y oportunidades laborales por UPL

A medida que aumenta el porcentaje de hogares con ingresos inferiores a 2 SMMLV, el puntaje de acceso a oportunidades laborales disminuye de forma sostenida, evidenciando una relación negativa entre condiciones económicas y acceso percibido al empleo (Figura 5).

El patrón territorial muestra extremos bien definidos. En las UPL con menor proporción de hogares de bajos ingresos (entre 20% y 30%), como Niza, Salitre y Usaquén, se registran los puntajes más altos de acceso, cercanos a 3,2–3,3. En contraste, en territorios con alta concentración de hogares vulnerables (más del 80%), como Lucero, Arborizadora y Usme–Entrenubes, los puntajes descienden a rangos entre 2,75 y 2,9.

En particular, Lucero, Usme–Entrenubes y Arborizadora se ubican en el extremo más bajo del indicador, coincidiendo con los mayores niveles de vulnerabilidad socioeconómica.

Figura 6
La relación entre el porcentaje de hogares con ingresos inferiores a 2 SMMLV y el acceso a educación muestra un patrón negativo (Figura 6), aunque menos pronunciado que en salud y empleo. A medida que aumenta la proporción de hogares de bajos ingresos, el puntaje de acceso a educación tiende a disminuir, evidenciando una brecha territorial persistente. El comportamiento espacial mantiene la lógica del orden residencial segregado. En las UPL de mayores ingresos, como Niza, Salitre y Chapinero, se observan puntajes más altos de acceso, mientras que, en territorios con alta concentración de hogares vulnerables, como Lucero, Arborizadora y Tibabuyes, se registran los niveles más bajos del indicador. No obstante, a diferencia de otros servicios, el acceso a educación presenta mayor dispersión entre territorios de ingreso medio, lo que sugiere una oferta más extendida o menos segmentada. El acceso a la oferta cultural y recreativa presenta una de las relaciones más marcadas con el nivel de ingresos (Figura 7). A medida que aumenta la proporción de hogares con ingresos inferiores a 2 SMMLV, el puntaje de acceso disminuye de forma clara y sostenida, evidenciando una fuerte asociación entre condiciones económicas y disponibilidad de este tipo de servicios. A diferencia de otros ámbitos, este indicador muestra una de las mayores brechas territoriales, con una diferencia cercana a un punto entre los valores más altos y más bajos (aproximadamente entre 2,7 y 3,7). Este rango evidencia una segmentación más profunda en el acceso a bienes culturales y recreativos, que no solo depende de la oferta urbana, sino también de la localización y las condiciones socioeconómicas de los hogares. El patrón territorial refuerza la lógica del orden residencial segregado. Las UPL de mayores ingresos, como Niza, Salitre y Chapinero, concentran los puntajes más altos, mientras que territorios con alta vulnerabilidad, como Arborizadora, Bosa y otras zonas del sur y suroccidente, presentan los niveles más bajos de acceso.

La relación entre el porcentaje de hogares con ingresos inferiores a 2 SMMLV y el acceso a educación muestra un patrón negativo (Figura 6), aunque menos pronunciado que en salud y empleo. A medida que aumenta la proporción de hogares de bajos ingresos, el puntaje de acceso a educación tiende a disminuir, evidenciando una brecha territorial persistente.

El comportamiento espacial mantiene la lógica del orden residencial segregado. En las UPL de mayores ingresos, como Niza, Salitre y Chapinero, se observan puntajes más altos de acceso, mientras que, en territorios con alta concentración de hogares vulnerables, como Lucero, Arborizadora y Tibabuyes, se registran los niveles más bajos del indicador.

No obstante, a diferencia de otros servicios, el acceso a educación presenta mayor dispersión entre territorios de ingreso medio, lo que sugiere una oferta más extendida o menos segmentada.

El acceso a la oferta cultural y recreativa presenta una de las relaciones más marcadas con el nivel de ingresos (Figura 7). A medida que aumenta la proporción de hogares con ingresos inferiores a 2 SMMLV, el puntaje de acceso disminuye de forma clara y sostenida, evidenciando una fuerte asociación entre condiciones económicas y disponibilidad de este tipo de servicios.

A diferencia de otros ámbitos, este indicador muestra una de las mayores brechas territoriales, con una diferencia cercana a un punto entre los valores más altos y más bajos (aproximadamente entre 2,7 y 3,7). Este rango evidencia una segmentación más profunda en el acceso a bienes culturales y recreativos, que no solo depende de la oferta urbana, sino también de la localización y las condiciones socioeconómicas de los hogares.

El patrón territorial refuerza la lógica del orden residencial segregado. Las UPL de mayores ingresos, como Niza, Salitre y Chapinero, concentran los puntajes más altos, mientras que territorios con alta vulnerabilidad, como Arborizadora, Bosa y otras zonas del sur y suroccidente, presentan los niveles más bajos de acceso.

Figura 7
Gráfico relaciona ingresos bajos y acceso cultural por UPL

Los resultados muestran que a medida que aumentan los hogares con ingresoso menores a los 2 SMMLV, empeora el puntaje otorgado a el acceso a servicios urbanos. Salud, empleo, educación y oferta cultural no se distribuyen de forma homogénea, sino que siguen la misma lógica espacial del orden residencial de la ciudad. Aunque la intensidad varía, es más fuerte en empleo y cultura, y más moderada en educación, la tendencia es consistente en todos los casos. Esto sugiere que la segregación no solo define dónde vive la gente, sino también qué tan satisfecha se siente con la accesibilidad.

5.     Percepción de dos estragos de la segregación residencial en Bogotá

Las percepciones sobre el entorno urbano constituyen una dimensión central para comprender la habitabilidad de las ciudades. Más allá de los indicadores tradicionales, la forma en que las personas valoran su experiencia en la ciudad refleja condiciones materiales concretas. En este sentido, el análisis de percepciones ofrece una vía para entender cómo las desigualdades urbanas se experimentan en la vida cotidiana.

En contextos de alta segregación, como el de Bogotá, estas percepciones no se distribuyen de manera aleatoria, sino que están fuertemente condicionadas por la estructura socioeconómica del territorio. La evidencia muestra que la calidad percibida del entorno urbano presenta una marcada heterogeneidad espacial, con mejores valoraciones concentradas en zonas de mayores ingresos y peores condiciones en áreas periféricas y vulnerables (Guzman et al., 2025). En este marco, se analiza la percepción de dos de los principales estragos de la segregación residencial: el hambre y la movilidad cotidiana.

5.1. Hambre

En Bogotá, uno de cada diez hogares reporta que, por falta de dinero, en la semana previa al levantamiento de la encuesta algunos (moderada) o todos (severa) sus miembros no pudieron consumir las tres comidas diarias (Figura 8). La distribución espacial del hambre muestra un patrón claro. La inseguridad alimentaria se concentra en el sur y suroccidente de la ciudad, configurando una gradiente territorial consistente con el orden residencial segregado

Figura 8
Gráfico relaciona ingresos bajos y acceso a salud por UPL

No existe ninguna UPL donde el indicador sea cero. Incluso en zonas de altos ingresos como Teusaquillo, Usaquén o Niza se registran casos de hambre, aunque en niveles bajos. Esto indica que la ciudad no se divide entre territorios con y sin hambre, sino entre distintos niveles de incidencia: zonas de baja afectación, zonas intermedias y territorios en situación crítica.

En los casos más extremos, como Lucero, Arborizadora y Torca, cerca de uno de cada cuatro hogares enfrenta situaciones de inseguridad alimentaria. En particular, en Lucero se observa una condición especialmente grave: uno de cada diez hogares reporta que ningún miembro pudo consumir las tres comidas diarias durante la semana anterior por falta de recursos.

Figura 9
Gráfico relaciona ingresos bajos y seguridad alimentaria por UPL

La Figura 9 muestra que la percepción de seguridad alimentaria presenta una relación negativa clara con el nivel de ingresos. A medida que aumenta el porcentaje de hogares con ingresos inferiores a 2 SMMLV, disminuye de forma sostenida la percepción de seguridad alimentaria, evidenciando un gradiente socioeconómico consistente con el orden residencial segregado.

El patrón espacial muestra una concentración definida en la cola inferior del indicador. UPL como Lucero, Arborizadora, San Cristóbal y Usme–Entrenubes registran los niveles más bajos de percepción de seguridad alimentaria, coincidiendo con territorios de alta vulnerabilidad socioeconómica. En conjunto, estos resultados refuerzan que la inseguridad alimentaria no se distribuye de manera aleatoria, sino que sigue la estructura de desigualdad urbana

5.2. Movilidad

Como se observa en la Figura 10, en 23 de las 30 UPL urbanas, el transporte público es el principal medio de desplazamiento para más del 50% de los hogares, lo que refleja una alta dependencia de este modo en amplias zonas de la ciudad, particularmente en territorios de ingresos bajos y medios bajos. En contraste, en UPL de mayores ingresos como Niza y Usaquén, el uso del transporte privado (autos y motos) supera al del transporte público

Figura 10
Gráfico de medio principal de transporte por UPL en Bogotá

La relación entre el nivel de ingresos y el uso del transporte público muestra un patrón inverso al observado en el transporte privado (Figura 11). A medida que aumenta el porcentaje de hogares con ingresos menores a 2 SMMLV, se incrementa de forma sostenida la proporción de personas que dependen del transporte público como principal medio de desplazamiento.

Figura 11
Gráfico relaciona ingresos bajos y uso de transporte público

La relación entre el uso del transporte público y la satisfacción con el mismo evidencia un patrón inverso (Figura 12). A medida que aumenta la proporción de personas que utilizan transporte público como medio principal, la satisfacción tiende a disminuir de forma sostenida. Este resultado sugiere que los territorios con mayor dependencia de este modo enfrentan condiciones más precarias en la experiencia de movilidad.

Figura 12
Gráfico relaciona transporte público y satisfacción por UPL

Las UPL con mayor uso de transporte público tales como Lucero, Arborizadora, San Cristóbal y Usme–Entrenubes se ubican en los niveles más bajos de satisfacción, mientras que aquellas donde su uso es menor presentan valoraciones más altas. Para estimar la tendencia se excluyeron del cálculo las UPL donde el uso de transporte privado (autos y motos) supera al del transporte público, dado que estas presentan una lógica de movilidad distinta que podría distorsionar la relación observada.

En conjunto, los resultados muestran que la dependencia del transporte público en Bogotá está asociada a menores niveles de satisfacción, consolidando una brecha territorial en la experiencia de movilidad que padecen principalmente los hogares de menores ingresos.

Reflexiones finales

  1. La segregación no solo se mide, se percibe. Los datos muestran una relación clara entre ingreso y acceso a salud, empleo, educación y cultura. Pero lo más importante es que esa desigualdad también se refleja en cómo los hogares perciben sus oportunidades. En las zonas más vulnerables no solo hay peores condiciones objetivas, también hay una percepción más limitada de acceso.
  2. La segregación es material, pero también es una experiencia subjetiva cotidiana. La experiencia urbana está determinada por el lugar donde se vive. El porcentaje de hogares con ingresos bajos se asocia de forma consistente con peores percepciones en múltiples dimensiones de accesibilidad. Esto implica que la ciudad no ofrece una experiencia homogénea.
  3. El hambre no está focalizada, está extendida en toda la ciudad. Un hallazgo es que no existe una sola UPL sin presencia de hogares que pasan hambre. No es un problema de bolsillos aislados, sino ante un fenómeno distribuido en toda la ciudad. La diferencia entre territorios no es la existencia o no de hambre, sino su intensidad. La inseguridad alimentaria es una condición estructural, no excepcional.
  4. La movilidad evidencia una desigualdad en la experiencia de la ciudad. Los datos muestran un patrón claro: a mayor uso de transporte público, menor satisfacción con el transporte. Y ese mayor uso se concentra en las zonas con más hogares de bajos ingresos.  Esto implica que quienes más dependen del sistema son quienes tienen una peor experiencia.
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