Importación de pescado ha crecido 41 %

Sep 30, 2014

Por: Edwin Bohórquez Aya, El Espectador La reducción de la producción nacional y el agotamiento de recursos elevaron la entrada del alimento al país. Vietnam es el principal proveedor de los almacenes colombianos. ¿Sabe usted cuál es la procedencia del pescado que está comprando para consumir en casa? ¿Sabe de dónde viene el que le […]

PEZPor: Edwin Bohórquez Aya, El Espectador

La reducción de la producción nacional y el agotamiento de recursos elevaron la entrada del alimento al país. Vietnam es el principal proveedor de los almacenes colombianos.

¿Sabe usted cuál es la procedencia del pescado que está comprando para consumir en casa? ¿Sabe de dónde viene el que le ofrecen en el restaurante? ¿Sabe que en el supermercado de al lado puede encontrar porciones de Argentina, Estados Unidos, China, del Pacífico o el Caribe colombiano? Pues de acuerdo con el más reciente estudio del Centro Virtual de Negocios (CNV), basado en las cifras del DANE y la DIAN, los colombianos están consumiendo cada vez más pescados importados.

Detalla el documento que las compras externas de ese alimento “se han incrementado 41% en el último año, teniendo en cuenta que en 2012 llegaron al país 55 mil toneladas y en 2013 unas 78 mil toneladas. Lo anterior se traduce en importaciones por un valor de US$136 millones y US$188 millones en 2012 y 2013, respectivamente”.

Por países, el 36% de las importaciones vienen de Vietnam, Argentina (9%), Costa de Marfil (8%) y Ecuador (8%). “Desde Estados Unidos, que en el ranquin de los principales proveedores de pescado se encuentra en el quinto puesto, las importaciones en el último año se han incrementado 922%, al registrar 553 toneladas (2012) y 5.600 toneladas (2013)”.

Humberto Guzmán, director de Cadenas Productivas del Minagricultura, tiene claro que “las expectativas de competitividad de los países asiáticos, quienes se abren paso con precio, responden a esos resultados. Pero hay que aclarar que no sólo lo mandan a Colombia, se trata de llevarlo a la mayor cantidad de mercados posible”.

Entonces, ¿los colombianos consumimos más pescado importado que nacional? De acuerdo con Juan Manuel Díaz, gerente regional de ciencia de la Fundación Mar Viva, todo indica que sí. “Pero eso no necesariamente refleja que subiera el consumo per cápita, que aquí es de 4,5 kilos. Lo que ha sucedido es que hay una reducción de la producción pesquera en Colombia y más que todo por agotamiento en los recursos. La industria está pasando por momentos difíciles debido a una sobreexplotación de los pescados que consumimos. Tanto la pesca artesanal como la industrial. La subienda no es lo que era antes .Ya no hay qué pescar”.

Una situación complicada. En un artículo publicado por este medio de comunicación, fechado el 29 de abril de 2012, se reveló que “la pesca en el río Magdalena pasó de 80.000 toneladas/año en los años setenta a menos de 8.000 toneladas/año en la actualidad”. Díaz, actualizando el panorama, advierte que “la producción nacional ya no da para atender el mercado de consumo local que está creciendo, no por consumo individual, sino por el tamaño de la población”.

Y agrega: “Antes comíamos pescado del Magdalena y eso ya no da ni para los pescadores. Estamos trayendo del Amazonas y vamos a ver hasta cuándo nos alcanzan. Pero sucederá lo mismo. No sé si los insumos son muy caros para producir aquí, pero puede ser que sale más barato importar que cultivarlos”.

Entonces, mientras el alimento nacional sigue en extinción, detalla el CVN que las “importaciones de pescado congelado registraron el mayor crecimiento entre 2012 y 2013, con un 75%”. Los secos, salados o en salmuera y ahumados se incrementaron 28%, mientras que los pescados frescos o refrigerados registraron una caída del 21%. El reflejo de una industria que dejó de ser productora y se está convirtiendo en importadora.

http://www.elespectador.com/noticias/economia/importacion-de-pescado-ha-crecido-41-articulo-519718

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El gobierno de Gustavo Petro ha tomado decisiones en materia energética basadas en una lectura equivocada de la estructura energética del país. La suspensión de nuevas exploraciones de hidrocarburos aceleró el paso de Colombia desde una relativa autosuficiencia hacia una creciente dependencia del gas importado, con implicaciones económicas y de seguridad energética que comienzan a sentirse.

Esta situación se vuelve aún más delicada en el contexto climático actual. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) ha confirmado la formación de un “súper Niño”, el fenómeno más intenso de la última década. En un país donde cerca del 70% de la electricidad depende del agua almacenada en embalses, los episodios prolongados de sequía no son un asunto menor. Cuando el nivel de los embalses cae, el sistema eléctrico colombiano depende de la activación de plantas térmicas que funcionan principalmente con gas.

Allí aparece el cuello de botella. Colombia ya no dispone del gas suficiente para operar plenamente esas plantas en escenarios de sequía prolongada. La escasez ya mostró sus efectos. Durante el último año, los precios de la energía en bolsa se dispararon más de 200%, reflejando las tensiones crecientes entre oferta energética, disponibilidad de combustibles y condiciones climáticas adversas.

Torre de perforación asociada a exploración de gas natural

El punto de quiebre llegó en diciembre de 2024, cuando Colombia vivió un hecho inédito en más de cuatro décadas: por primera vez en 45 años el país tuvo que importar gas para garantizar la demanda esencial de hogares y comercio. Este es el resultado de una tendencia preocupante. Las reservas nacionales han venido cayendo y la producción se redujo cerca de 9% en el último año.

Como consecuencia, Colombia se ve obligada a comprar gas en los mercados internacionales a precios mucho más altos. Mientras el gas producido localmente ronda los 6 dólares por unidad, el importado puede costar entre 15 y 16 dólares. En un escenario de mayor dependencia externa, agravado además por las tensiones derivadas de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, las facturas de energía podrían aumentar entre 30% y 40%, Según el exministro Amylkar Acosta.

Gustavo Petro habla en conferencia sobre transición energética

La pregunta inevitable es por qué el país enfrenta hoy esta escasez. Una de las razones centrales es el freno deliberado a la exploración de hidrocarburos. Diversos expertos han señalado que decisiones como la suspensión de los pilotos de fracking han cerrado la puerta a esta tecnología que en su versión 6.0 incorpora cambios tecnológicos frente al tradicional, destacándose por el uso de CO2 capturado en lugar de grandes volúmenes de agua, la integración de inteligencia artificial para anticipar y mitigar impactos ambientales y una reducción significativa de emisiones. De acuerdo con Acosta, esta tecnología podría emitir hasta 8 veces menos CO2 por barril que la producción convencional en Colombia y, además, permitiría multiplicar por 8 las reservas de gas natural del país, lo que ayudaría a cubrir el déficit energético y reducir la dependencia de importaciones.

A esto se suma un problema conceptual en la forma como se está comunicando la transición energética desde el Gobierno. El presidente Petro tiende a confundir la matriz eléctrica con la matriz energética total. Aunque la electricidad en Colombia es mayoritariamente hidráulica, esta representa apenas alrededor del 18% del consumo energético total. El restante 82% sigue dependiendo de combustibles fósiles, especialmente petróleo y gas.

Presentar a Colombia como un país que ya dejó atrás la dependencia de los hidrocarburos no solo es incorrecto desde el punto de vista técnico; también puede generar señales equivocadas para la inversión. Desincentivar el desarrollo de los sectores de petróleo y gas en un momento en que siguen siendo la base del sistema energético nacional compromete la seguridad energética y debilita sectores indispensables para la reindustrialización del país.

La transición energética es necesaria, pero debe ser realista.

Desmontar el sistema energético existente sin contar con alternativas maduras y suficientes no es una transición ordenada: es un salto al vacío. Desde Cedetrabajo hemos insistido en que la política energética debe combinar la expansión de energías renovables con una gestión responsable de los recursos hidrocarburíferos durante el período de transición.

Si Colombia no reactiva la exploración y no destraba proyectos estratégicos como el yacimiento Sirius en el Caribe, hoy afectado por la paralización de las licencias ambientales, el país seguirá perdiendo soberanía energética. En ese escenario, la dependencia de importaciones será cada vez mayor y los costos terminarán trasladándose a hogares y empresas.

La transición energética no puede convertirse en una política de desmantelamiento prematuro del sistema energético. Debe ser, por el contrario, una estrategia de transformación gradual que preserve la seguridad energética del país mientras se construyen las bases de un nuevo modelo productivo. De lo contrario, la promesa de transición podría terminar desembocando en una tormenta perfecta.

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