Colombia se está acercando peligrosamente a una tormenta perfecta en materia energética. Mientras el Gobierno insiste en posicionar el discurso de la transición energética acelerada como eje de su política económica, la realidad muestra que las reservas de gas se agotan, la producción cae y el sistema eléctrico enfrenta crecientes tensiones estructurales.
En la reciente conferencia realizada en Santa Marta sobre la “transición más allá de los combustibles fósiles”, un foro sin mayor trascendencia práctica del que, además, estuvieron ausentes los principales países productores y consumidores de hidrocarburos. El propio evento reconoció que no es un órgano de negociación ni hace parte de procesos formales como la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Además, según reveló La Silla Vacía, la ministra encargada Irene Vélez confirmó que el Gobierno utilizó recursos del impuesto al carbono, que deberían tener destinación por ley a proyectos de descarbonización, restauración y mitigación climática, para cofinanciar este evento.








